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viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Verdad o mentira? (IV)

"Y nos informan en este momento que ahora mismo, el Departamento de Estado de los EE UU acaba de anunciar la expulsión del embajador de Bolivia de su territorio. Bueno... nosotros comenzamos desde este momento a evaluar las relaciones diplomáticas con el gobierno de los EE UU. Acabo de hablar con el canciller, y para que Bolivia sepa que no está sola, a partir... ¿Qué hora es? Son las siete... y quince minutos. Tiene 72 horas, a partir de este momento, el embajador yanqui en caracas para salir de Venezuela, en solidaridad con Bolivia, y el pueblo de Bolivia y el gobierno de Bolivia. Tiene 72 horas el embajador para abandonar territorio venezolano. (...)

¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno! ¡Aquí hay un pueblo digno, yanquis de mierda! ¡Váyanse al carajo cien veces!"

Hugo Chávez, Presidente de Venezuela
(Ve el video completo del discurso)

jueves, 11 de septiembre de 2008

No sé qué les parecerá a ustedes...

...pero todo lo que pasa alrededor de esta señora me huele a chamusquina.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Vaya tres patas pa un banco (mediático)

No deberían a empezar a leer este post sino lo van a acabar. De hecho, no deberían de leerlo de ninguna de las formas. El autor, como ya es costumbre, interpreta un tema de actualidad con cuatro argumentos subnormales literalmente sacados de la manga, que encima ocupan más de dos páginas de Word.

En fin, se lo hemos avisado.

Sí, yo también quiero ir de guay.

Venga va, me voy a sacar un chiste fácil de la puta manga. Enciendes la tele y aparece un tertuliano de esos del corazón (el que sea), enseña a cámara la última edición de algún manual de deontología periodística y, sonrisa maliciosa en ristre, lo arroja al suelo con saña. Luego confiesa que se acaba de levantar y que anoche estuvo bebiendo cubatas y metiéndose farla hasta las tantas, y que todavía no ha echado el primer pis del día. Acto seguido, se baja la cremallera, saca su picha todavía arrugada por los efectos de la química y echa un pernicioso y maloliente orín amarillo sobre las páginas amarillentas del manual de los cojones.

¿Cómo se llama el programa?

Pues cualquiera de los que usted ya estuviera pensando. A ver si se piensan que yo veo alguno de esos programas.

¡No miren esta foto! Reproduce cadáveres que podrían enseñarles algo sobre el holocausto.

Los programas que echan por las tardes (y a veces por las mañanas, y a veces de madrugada) y que tienden a mezclar dramas de barrio con información baja en calorías no son malos porque sí. Cuando uno piensa en ese invento, la caja tonta, ha de ser bastante inocente (y un poco gilipollas) si piensa que, en su día, se diseñó para trascender en vez de para entretener (o, simplemente, anestesiar).

Los contenidos no hacen a los programas, sino más bien al revés. Cualquier espacio puede hablar de toda esa caterva de acémilas que pululan por las pantallas y las portadas de las revistas, y no ser malo por ello. Porque un puñado de chavales talentosos y más guapos que la media se encierran en una academia de canto o de baile y cuando salen a la calle son oficialmente famosos y los adolescentes les persiguen buscando un autógrafo o un beso o, tal vez, un poco de ese sentimiento. Y la fama, la efímera y la que no lo es tanto, puede ser entretenida, divertida u objeto de estudio. Porque se pueden hacer buenos chistes acerca de la fama y los famosos; buenos sketchs, buenos gags, buenas entrevistas, reportajes y noticias...

El problema viene cuando uno comenta todas las tardes las listas de los “20 mejores peinados”, pone voz en off a los pensamientos del último gilipollas que ha sido grabado tomando el sol en su yate y, encima, se toman en serio su rol de periodista; y sus compañeros de profesión, que se consideran más serios, se lo permiten. Cuando esto pasa y nadie dice nada, los medidores de vergüenza ajena marcan otro máximo historico y suenan las señales de peligro.

Gracias a este invento en el que me leen, el periodismo vive una etapa de transición. Después de décadas con un modelo claro de negocio (siglos cuando hablamos de la prensa escrita), todo lo que parecía inamovible se ha puesto en tela de juicio: desde la figura del profesional de la información, hasta los formatos. Se habla del periodismo ciudadano, el fenómeno que surgió el día que los móviles sin cámara de fotos dejaron de venderse, de la muerte del papel o de los derechos al honor y la intimidad de las hermanas de las princesas plebeyas; cuando el debate debiera estar en la raíz del invento, del Periodismo tal y como lo ven escrito, con mayúsculas. ¿Qué es y para qué coño nos vale?


Vayamos al grano

Los periódicos, auto abanderados del “periodismo serio y de calidad”, se rasgan ahora las vestiduras por la cobertura informativa de la catástrofe aérea de Barajas en según que espacios televisivos (los que normalmente abordan “temas de sociedad”). Un error de primero de básica: confundir la gravedad del pecado con el número de víctimas afectadas.

Personalmente, como periodista “con carnet” (no lo digo por presumir, jamás me ha servido de nada), me da igual que se trafique con los sentimientos de una o de ciento cincuenta y tantas familias. El delito profesional sigue siendo el mismo, ya sea aplicado a un accidente de coche, un atentado terrorista, otro caso de violencia doméstica o una salida nocturna del Fary, que en paz descanse.

Recuerdo haber visto, hace años, un magazine estival de sobremesa presentado por el nefasto y olvidado (gracias al cielo) Antonio Hidalgo. Aquel hombre sonrisa que la inefable Ana Rosa Quintana sacó del anonimato aprovechó la presencia en plató de una honrada señora latinoamericana para sorprenderla con una llamada a su casa del otro lado del Atlántico. El propio Hidalgo, en un desenlace imprevisto de la llamada y cambiando para siempre el concepto de “sorpresa” televisiva, confesó a la octogenaria madre de la pobre señora el verdadero empleo que su hija ejercía en España: puta. Aunque estaba de resaca, evidentemente, jamás olvidaré el rostro serio de Hidalgo, que en seguida colgó el teléfono, recuperó la sonrisa y se puso a vender alguna moto a un montón de viejas aburridas.

Hay cosas que no se deberían hacer en los medios de comunicación, y ninguna de ellas tiene que ver con enseñar tetas o cadáveres calientes, ni con el consentimiento de las personas o con el honor y el dolor de las familias de las víctimas; sino más bien con el sentido común de una profesión que ha perdido el norte hace mucho tiempo.

Los viejos periodistas acordaron que las leyes jurídicas no podían coartar la libertad de expresión y que, por tanto, las únicas leyes destinadas a poner fronteras a la actividad del periodista no deberían estar escritas en papel, sino en la conciencia de sus profesionales.

Por eso, me paso por el forro de los cojones comunicados como los de la Federación del Sindicato de Periodistas, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y de la Asociación de la Prensa de Madrid; que parece que sólo ven la tele cuando los aviones se caen del cielo. Y, de paso, me río de los medios escritos que ponen el grito en el cielo por el tratamiento que sus compañeros audiovisuales dan de la información.

El País (que ya sabrán que es el diario que leo), por ejemplo, sólo dedica una página diaria a hablar de los medios de comunicación, espacio que normalmente sirve para hacer autopromoción de medios de su misma empresa, PRISA. Pues bien, que no se dedique a recuperar "el debate entre información, intimidad y proceso judicial", cuando deliberadamente hace caso omiso del mismo el resto del año, cuando sus víctimas no venden periódicos.

La prensa escrita y la audiovisual comparten los mismos empresarios, el mismo modelo de negocio, los mismos anunciantes, las mismas obligaciones y los mismos derechos. Ahora que han muerto más de un centenar y medio de personas y que un programa de por la tarde ha puesto la imagen de un miembro mutilado subido en las ramas de un árbol o que se dejan de vender periódicos de papel en Norteamérica y los anunciantes se vienen a Internet o que la hermana de la princesa los denuncia por pesados, nos vienen llorando, con la teoría en la mano. Abren un debate que jamás debería estar cerrado, sino vivo, retroalimentando permanentemente la actividad periodística desde la franja rosa hasta los deportes.

Y eso también va por las asociaciones de periodistas.

El resto del tiempo, cuando cualquier emisora saca la casquería y la ponen delante de la cámara, callan como putas porque piensan que esa batalla no va con ellos. En realidad, saben perfectamente que están en el mismo barco, que todos forman parte del mismo juego. Lo que pasa es que son unos hipócritas y unos “bien quedas” de mierda.

Que no se quejen ahora, cuando el resto del año no saben tomar partido.

sábado, 26 de julio de 2008

Post rápido y sucio de sentido común televisivo

Los concursos nocturnos de llamadas telefónicas deberían estar prohibidos.

miércoles, 9 de julio de 2008

Guasíbilis presenta: otra encarnizada batalla entre realidad y ficción

Estadística ficcional:
Extraído de "Cómo convertirse en un hijo de puta"; Mauro Entrialgo, Ata, Santi Orue; 2004, Astiberri

Dato real:


Imagine que es usted un varón y que está embarcado en un horrible viaje de autobús, de punta a punta de la península. Usted ha salido, por ejemplo, de Sevilla y se dirige a Cantabria. En las nueve primeras horas de viaje el autobús se ha detenido en cientos de pueblos remotos, sitos a orillas de sinuosas carreteras comarcales castellanas, haciendo el viaje un poquito más lento y desesperante.

Imagine que viaja de punta a punta de la peninsula y que según el autobús se acerca a Burgos, donde efectuará la primera parada técnica desde Toledo, su mayor deseo es abonar las primeras facilidades higiénicas que encuentre.

Imagine que el conductor anuncia una parada técnica de veinte minutos en la estación de autobuses de Burgos y que, según usted se pone de pie, nota como un enorme muñeco de barro se hace paso entre los dos mofletes que comienzan allá donde acaba la espalda.

Pues bien, sepa que en los baños para caballeros de la estación de Burgos hay que pagar el módico, pero molesto precio de 0,20 € (puestos a imaginar, piense que usted no tiene cambio).

Pues bien, si yo fuera usted tampoco me molestaría en cambiar. Cuando un hombre paga por un servicio tan básico como la evacuación fisiológica en una estación de autobuses donde se hacen paradas técnicas (parada técnica = pis, café y porro) puede esperar grandes cosas: un enano vestido de botones que ofrece una colección de revistas para leer cagando, papel higiénico con el tacto de la seda, el perro de Cologar amenizándote la cagada con su nuevo show de ladridos, una taza con asiento de piel de leopardo, el aroma de Channel namber faif embriagando la estancia una vez se tira de la cadena... Pero seguro no espera esto otro...

No sé si se aprecia, pero no hay papel.

Como quiero conservarles como lectores, me ahorraré la descripción del hedor que desprendía el wc fotografiado (estación de Burgos, viernes 4 de Julio de 2008). Pero me gustaría hacer hincapié en que la foto, tomada con la cámara de mi teléfono móvil, no hace justicia de las condiciones de este sanitario. Su situación era significativamente peor.

Personalmente, que ni viajaba de Sevilla a Cantabria, ni me estaba cagando, ni pagué por ver este vomitivo espectáculo (alguien dejó la puerta entreabierta), no me hubiera sentado en esa taza ni... incluir exageración graciosa...

Preguntas ineludibles:


¿Por qué la compañía de viajes en autobús más importante del Estado (Alsa, te odio) programa paradas técnicas en estaciones de autobús con situaciones higiénicas tan lamentables? ¿Verdaderamente la estación de autobuses de Burgos ha sido remodelada en los últimos años? ¿Por qué sigue dado tanta pena, entonces? ¿Por qué no destruyeron ese monumento a "los casos de depresión aguda con riesgo de suicidio" y construyeron un monumento a las víctimas del terrorismo en su lugar? ¿Qué nuevo rico está dispuesto a pagar la frivolidad de 4 € por un bocata de tortilla de patata congelada y pan de chicle en la cafetería de la estación? ¿Está el baño de señoras en las mismas condiciones? ¿Quién limpia los jodidos baños de caballeros de la estación de Burgos? Pero más importante: ¿quién se lucra con los 0,20 € que los desesperados pagan para luego no poder cagar?

Consejo guasíbilis:


Un servidor, que ha parado "técnicamente" en la estación de Burgos millones de veces en su vida (ya son 26 años sin coche), sabe de buena tinta que el baño de la cafetería de la estación es mucho más decente que las letrinas oficiales. Es más, si ustedes tienen tiempo, salgan de la estación, crucen la carretera y elijan el primer bar que divisen. Ganaran en salud. Y si, de todas formas, les entran ganas de cortarse las venas, recuerden que hay muchos culpables que deberían morir antes que usted. Por favor, encuéntrelos y háganos ese favor.

lunes, 28 de abril de 2008

¡El auténtico anunciado en T.V!


Aunque normalmente me vuelvo apasionado con lo que aquí se publica, creo que no exagero si digo que ver el video de ahí arriba (visto hace poco en algún programa de zapping y humildemente subtitulado por un servidor) les va a proporcionar uno de los minutos más placenteros del día. Muchos, después de verlo, seguramente recuerden la chocante escena de Bowling for Columbine en la que James Nicols, hermano de Terry Nicols (uno de los dos imputados por la masacre del edificio Alfred P. Murrah en Okahoma en 1995, 168 muertos), muestra al director Michael Moore (fuera de cámara) cómo, efectivamente, guarda una magnum de 44 milímetros bajo su almohada. En un principio, cuando Nicols sugiere tal delirio, Moore le responde: "vamos hombre, eso es lo que dice todo el mundo". Imagino que Terry Nicols será de esos clientes que ya tienen un "The Back Up" para cada lado de la cama. Al fin y al cabo, como él mismo dice, "nadie me lo puede negar, es mi derecho constitucional".

Echando un vistazo a la historia americana más reciente uno también recuerda, al ver este bonito telecomercial, episodios como la matanza del campus de Virginia Tech (32 muertos), el famoso francotirador (al final se decubrió que eran dos los asesinos) que abatió más de 10 personas en los estados de Maryland y Virginia en octubre de 2002, el otro francotirador de Virginia que al año siguiente acabó con la vida de tres personas, la misma masacre de Columbine o cualquier otro episodio similar.

Aunque el tema de las armas está más que trillado a estas alturas, a uno no le dejan de sorprender videos como el expuesto. Supongo que tener un "sujeta-armas" entre el colchón y el somier es una imagen tan folclórica en Estados Unidos como en España puede serlo tener un vestido de faraláis en el armario. Es un tópico, pero ocurre, especialmente en determinadas zonas del país. La idea es siniestra, delirante, aberrante, da miedo... pero provoca la risa floja. Especialmente en formato anuncio de teletienda, que es un género que triunfa especialmente en las madrugadas y que se caracteriza por vender de una forma descaradamente burda, pero seguro que efectiva, productos inútiles y de baja calidad (de esos que nunca se utilizan más de dos veces) a gente, pues eso, que ve la tele por las noches.

Seguro que alguna vez pensó, hace años, adquirir la gama completa de cuchillos Ginsu o uno de los muchos limpiadores milagrosos para cualquier tipo de superficies que llevan décadas copando la teletienda. Después de aquellos aparatos que apoyabas en la tripa y que sustituían de una vez por todas los bancos de abdominales vinieron aquellos que sacudían impulsos (o descargas eléctricas) y moldeaban las curvas de la gran Norma Duval. Ahora, podemos ver en las madrugadas de La Sexta el Yes-extender (¿?), que supuestamente es muy fácil de colocar, muy cómodo y alarga la polla ("quien dice que el tamaño no es importante, miente"). Después del Back Up juro no volver a escandalizarme con nada.

Por cierto, no dejen de visitar la página web comercial de The Back Up, especialmente su sección FAQ (frequently asked questions), en la que se nos explica, entre otras muchas cosas, porqué es mejor usar una escopeta antes que una pistola.