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viernes, 24 de junio de 2011

Era Rocksteady


Duke Reid en Treasure Isle

Jamaica es una puta de la que no puedes escapar. Puedes pasarte años en habitaciones de colegas decoradas con posters de Bob Marley fumándose porros que no le caben en la boca, pero nunca serás capaz de descifrar lo que te espera si cruzas la línea del más célebre wailer. En mi caso, el ska me hizo cruzar la frontera Marley, esa que divide la obra de Robert Nesta del resto de música pergeñada en esa pequeña isla antillana. El impulso de un grupo de skinheads simpáticos con los que compartí micrófonos en una radio y, más tarde, la curiosidad de saber quién había detrás de los temas originales que The Specials, The Clash y Kortatu convirtieron en salivazos punk me llevaron al otro lado. A esa primera calada de papel de plata que acabaría derivando en una seria adicción.

Estas últimas semanas he estado saqueando toda la información que existe en la red sobre la era rocksteady. Si ustedes escriben, conocerán esa necesidad que de vez en cuando te empuja a planear pequeños grandes retos. Post que alimenten tu famélico blog, relatos que siempre acaban a medias o ese reportaje que te va a procurar fama y dinero. Un reto, al fin y al cabo, que te obligue a sentarte frente a la pantalla y sumirte en ese bello trance de teclear compulsivamente.

Sí, el de la izquierda es Bob

El bendito rocksteady me tiene enrocado entre los años 1966 y 1968 de la corta pero intensísima historia musical jamaiquina. ¿Les gusta Bob Marley, pero nunca se han molestado en saber lo que hay al otro lado? Pues tengan cuidado si empiezan, porque cuando empiecen a conocer los nombres y las historias de Duke Reid, Coxsone Dodd, Tommy McCook, Lynn Taitt, Lee Perry, Phyllis Dillon y Alton Ellis, por sólo nombrar algunos, no sabrán si alguna vez podrán escapar la tentación de seguir escarbando entre información y acumulando conocimientos potencialmente inútiles.

De momento, sólo les diré que el rocksteady, melosa forma de congeniar con el soul americano de mediados de los 60, llegó cuando el ska, frenético y simple, ya era una sólo una página caduca en la cambiante historia de la música jamaiquina. Los estudiosos han especulado con muchas razones para el cambio de tempo, desde el calor a las amenazas de los señores del gueto, pero la única realmente cierta podría ser la asombrosa voracidad de la exigente audiencia jamaicana, que odiaba asistir a fiestas con las mismas canciones de siempre. Bueno eso y la altísima densidad de músicos y productores virtuosos capaces de transformar los anhelos del público en pequeñas joyas de dos minutos y medio.

El rocksteady tuvo una vida corta e intensa. Su reinado acabaría siendo suplantado por los dreadlocks del reagge. Pero enfrentarse a esos dos años y medio de la historia musical de un país con el tamaño de Asturias no es cuestión de un par de tardes. Son tantos nombres, tantas teorías, tantas leyendas, tantas incógnitas, que a uno le da la sensación de que podría quedarse para siempre en ese lugar y ese tiempo. La recolección de datos, afortunadamente, acabó hace varios días y, después de perder el miedo a escribir mal todos esos datos acumulados con esfuerzo y cariño, ha llegado la hora de poner negro sobre blanco todo lo aprendido.

Tendrán más noticias del rocksteady, pero de momento les quiero dejar con la música e imágenes de un viaje del que para mí todavía no ha acabado. Espero que si nunca se atrevieron a cruzar la frontera de Bob Marley, les pueda contagiar al menos algo de curiosidad.

Lista con el rocksteady más granado de Spotify (salvo alguna rara excepción, todas estas canciones se grabaron en Jamaica entre los años 66 y 68).

Jamaica Goes Soul: Versiones jamaiquinas de clásicos soul
(de cualquier época y en constante expansión)

Desmond Dekker & The Aces, 1967

Desmond Dekker fumando como el soulman que era









Oh! Es Jackie Mittoo acompañado de tres jamonas-reggae

Unos Toots & The Maytals muy jóvenes y sonrientes

Bailando en la Jamaica de los años 50, todavía en el British Empire

Lynn Taitt, padre del cordero, burbujeando una nota

The Soulettes

jueves, 7 de abril de 2011

Rubber Pet Lonely Hearts Club Band

“No estaba listo para su unidad. Era como si todo perteneciera a la misma cosa. Rubber Soul era una colección de canciones que, de alguna forma, se agrupaban como en ningún otro álbum jamás publicado. Estaba muy impresionado, así que me dije: 'Eso es. Ahora estoy realmente motivado para hacer un gran álbum'.”

Brian Wilson

Pet Sound fue el álbum que acabó conmigo. Estaba tan enamorado de él. Acabo de comprar una copia a cada uno de mis hijos para su educación vital. Creo que no hay nadie que esté educado musicalmente hasta que haya escuchado ese álbum. Me encanta la orquestación, los arreglos… Decir que es el clásico del siglo quizá es ir demasiado lejos; pero para mí es sin lugar a dudas un disco total, clásico, imbatible en muchos sentidos. A menudo lo pinchaba y me ponía a llorar. Se lo puse a John tantas veces que hubiera sido difícil para él escapar de su influencia. Era el disco del momento. La cosa que realmente hizo sentarme y darme cuenta de las líneas de bajo… que se puede hacer melodías con ellas. Creo que esa es probablemente la mayor influencia en la grabación del Pepper. Me lanzó a una época de un par de años en la que siempre escribía líneas de bajo bastante melódicas. God Only Knows es una de mis canciones favoritas… Muy emocional, siempre me ha hecho un nudo en la garganta. Me encanta la melodía de You still believe in me. Me mata… creo que es mi favorita. Es tan bonita, de principio a fin. Esas harmonías multicolores que la van haciendo crecer… me provocan escalofríos en la columna vertebral.”

Paul McCartney

(Textos extraídos de aquí)







miércoles, 6 de abril de 2011

Smile, Love & Hate

Probablemente era un día soleado de Los Angeles. Brian Wilson cruzaba en coche una de esas enormes avenidas flanqueadas por palmeras. Sí, una de esas que se utilizan en las películas para retratar la típica imagen del recién aterrizado en L.A. (léase el-ei). En la radio sonaba el recién publicado Sgt. Pepper’s de los Beatles. Durante semanas, tal vez meses, la mitad de la FM comercial no iba a pinchar otra cosa en América. Al final de A day in the life, Wilson detuvo su carro y se apresuró a una cabina de teléfono. Sus palabras fueron “ellos ya lo han hecho” y el álbum Smile se guardó para siempre en un cajón.

Como todas las leyendas de la historia del rock, no interesa si el relato de arriba, atribuido al propio Brian Wilson, es cierto o no. Porque las leyendas del rock siempre molan, aunque sean tan injustas con sus protagonistas como ésta. Lo cierto es que si en aquellos días de 1967 había una banda que pudiera plantar cara a los de Liverpool, esos eran The Beach Boys. Componían sus propios temas desde siempre, tenían once álbumes en su haber, algunos de los mejores singles de la década, y una sensibilidad pop única y arrebatadora. Además, podían presumir de Pet Sounds, álbum predilecto del ególatra de McCartney, del que confesó haber “robado” unas cuantas ideas para la producción del Pepper. No hay más que fijarse en canciones como Paperback Writer, single de 1965, para darse cuenta que a Macca ya se le erizaba la tranca escuchando los cantos blancos de aquellos muchachos surferos de California.

Más allá de los piques históricos que tiñen de rosa la prensa musical (como el sangrante Beatles vs. Stones), es indudable que la competición hace evolucionar el arte y acaba poniendo a cada cual en su sitio. Wilson escuchó Rubber Soul y planeó su Pet Sounds; los Beatles respondieron con el Pepper; los Stones la cagaron con el Their satanic majesties request; y el Smile se fue a tomar por el culo por la fragilidad mental de Brian, la calidad de las drogas que se vendían en California a finales de los 60 y, sobre todo, por las sucias artimañas del capullo de Mike Love. Lo del Pepper sólo fue una excusa.

Cuando el proyecto Smile se archivó, perdimos un álbum y ganamos una leyenda: la del disco con miles de fundas impresas que nunca vio la luz del día por el arrebato de un artista lunático dolido en su orgullo. Wilson se desquitó con la publicación del LP en 2004, grabado desde el principio partiendo de los planos originales. Y ahora que Capitol anuncia la publicación del original en algún momento de este año, deberíamos reescribir la historia a favor del músico que perdió el norte y ajusticiar al memo de su primo.

Mike Love fue la primera estrella del pop en dar chance al Maharishi, dudó de la calidad musical del Pet Sounds (el título surgió precisamente de una de sus machadas), alejó a Van Dyke Parks de la estela del grupo, contribuyó a la perdida de papeles de Brian, convirtió a la marca Beach Boys en un sinónimo de banda de romería y camisas horteras de flores, compuso la infumable Kokomo, apareció en un capítulo de los Vigilantes de la Playa y ha tratado por todos los medios de reescribir la historia de los chicos de la playa a golpe de denuncia. Love es más odiable que Yoko y Nancy Spungen juntas. Por mucho que me guste la historia del coche, él fue quien se cargó los sueños de Brian. Y eso es algo que nunca deberíamos perdonarle.

jueves, 12 de junio de 2008

Cuando llego a casa, un poco de respeto


En esto de la música uno tiene sus bandas, sus discos y, claro está, sus canciones. Respect es el segundo corte de la cara A de la obra maestra de nuestro icono de soul sureño Otis Redding, el album de 1965 Otis Blue: Otis Redding Sings Soul. Redding fue el compositor de este clásico sesentero que la potente voz de Aretha Franklin se encargaría de popularizar en el año 1967.


En la versión original que pueden escuchar ahí arriba, la voz rasgada de Otis se hace paso entre la ráfaga de trompetas que abren la canción y sellan los estribillos. La letra habla de un hombre que sólo espera un poco de respeto por parte de su chica cuando vuelve a casa. "Hey, pequeña, eres más dulce que la miel y estoy apunto de darte todo mi dinero. Todo lo que pido es un poco de respeto, cuando llego a casa". Personalmente, la canción forma parte de mi particular podium de soul sesentero por la inconfundible voz de Otis, en particular; y en general, por el fantástico sonido roto de trompetas, bajo, batería y guitarra que acompaña cada tema del imprescindible Otis Blue (donde también podrán encontrar, por ejemplo, una muy buena versión del clásico de los Rolling, Satisfaction).



Para la versión que Aretha publicó en single (con Dr. Feelgood en la cara B), Lady Soul dio la vuelta a la letra de Otis. Esta vez la mujer era la que pedía respeto al varón cuando éste volviera a casa. Aretha responde cada una de las frases de Redding y consigue uno de los mayores éxitos negros de los años 60. A la postre, el himno feminista de los 60. La verdadera valía de esta canción, sin embargo, es su propia calidad musical. Si las grandes versiones son las que se olvidan de la canción original en beneficio del estilo del que las versiona, Respect cantada por Aretha Franklin es una de las mejores adaptaciones sonoras de todos los tiempos.



Algo parecido se podría decir de esta extraordinaria revisión que la banda de rock vasco Negu Gorriak hizo en 1996 del clásico de Redding. Errespetua traducía la letra original de Otis al euskera, amplificaba el trompetismo y distorisionaba las guitarras lo justo para que el temazo pudiera pasar por una composición original de carajamón Muguruza y familia. Los irundarras incluyeron Errespetua en su último disco de estudio, Salam Agur, que despedía a la banda vasca más mítica de los 90 con un LP de quince fantásticas versiones (a destacar ésta y Ezin dut azaldu, versión de I can't explain de los Who).

miércoles, 4 de junio de 2008

Cosecha del 67 (III)

La cosecha de 1967 es tan espectacular que, como sabiamente recordaba Mycroft en los comentarios del primer post de la serie, cuenta con caldos sonoros del calibre de Forever Changes, de la banda angelina Love. Un disco que si bien suena contemporáneo a cada uno de los que hemos hablado, tiene una personalidad única y arrebatadora a medio camino entre las melodías perfectas, las raices acústicas, la lisergia folk, el pop orquestal, las atmósferas sonoras y la perturbación eléctrica.

Como su nombre deja entrever, Love era una banda de hippies cometripis de la costa Oeste que vivían en comunidad (en la que fuera la casa de Bela Lugosi). Love además era una banda multirracial que lideraba el no hace mucho fallecido (agosto de 2006) Arthur Lee, compositor y vocalista que ya había grabado con Jimi Hendrix antes de que éste debutara con la Experience y compartido música con Sly (el de la familia Stone) y The Doors, a los que por lo visto introdujo en la discográfica Elektra. El resto del quinteto que hizo posible este hito de la música popular americana de los 60 lo componían el guitarrista John Echols, el bajista Ken Forssi, Michael Stuart a la percusión y el también compositor, guitarrista y vocalista Bryan Maclean, que compuso el que probablemente sea el tema más radiado del album: el introductorio Alone Again Or.

Más adelante escuchamos las bellísimas Andmoreagain ("And you don't know hom much I love you") y Old Man, con la dulce voz de Lee planeando sobre sinuosos pianos, violines y trompetas. Cierra la cara A la inquietante The Red Telephone, con una letra maravillosa que bien merecería un post para ella sóla. Una guitarra acústica abre la cara B, pero sin mucho tardar, las ráfagas de trompetas se vuelven las protagonistas y marcan el tempo de la maravillosa Maybe the people would be the times or between Clark and Hilldale. Sin embargo, sólo unos minutos más tarde la guitarra eléctrica toma el protagonismo en la antimilitarista Live and Let Live. Cierra el repertorio la épica You Set the Scene, escuchen por favor la final traca de viento cuando tengan la oportunidad y gocen.

Adelantándose unos años al sino de su generación, Love se desintegró a golpe de heroína, que sacó de la banda a Maclean sólo un año después del Forever Change y seguramente contribuyó a la definitiva pérdida de papeles de Arthur Lee, que como pueden imaginar ya había abusado de otras sustancias más sesenteras como el LSD. Lee pasó seis años en la cárcel en los 90 (fue puesto en libertad en 2001) y la leucémia se cebó con él en sus últimos días.

Sin movernos de Los Angeles, no podríamos continuar este repaso sesentaysietero sin detenernos en esta otra joya de la corona musical californiana, Younger than yesterday de los imprescindibles The Byrds. En este caso, The Byrds tocan tantos palos musicales que el poso que deja este "Más joven que ayer" es difícilmente resumible en unas cuantas líneas.

Abre el repertorio el single So you want to be a rock'n roll star, que a ritmo de trompetas voladoras y con gritos histéricos de fans sonando de fondo, ironiza sobre las nuevas generaciones de rock star wannabes (como los prefabricados Monkees): "vende tu alma a una compañía que espera vender plástico, y si en una semana o dos llegas a las listas de éxito, las chicas van a hacerte pedazos". La bonita melodía de Have you seen her face continúa el festival pop, pero la psicodelia y el country van a acaparar el protagonismo del resto del repertorio.

En la parte lisérgica destacan los paisajes guitarrísticos de Everybody's been burned y la introducción de atmósferas con reminiscencias indias en Mind Gardens, ambas compuesta por el guitarrista y vocalista David Crosby. El también guitarrista y vocalista Chris Hillman sería el responsable del giro country de parte del repertorio byrd, amén de convertirse más tarde en el padre del country rock junto a Gram Parson, que un año más tarde se uniría a la banda en calidad de teclista, para acabar con la guitarra colgada del hombro. En Younger than yesterday, los Byrds también versionarían a Dylan en la sugerente My Back Pages.

La delirante película Magical Mistery Tour supuso el primer gran fracaso de crítica de mis adorados Beatles, amén de ser el primer proyecto de la banda sin la sombra de su manager, Brian Epstein, que había sido encontrado muerto en su casa a finales de agosto de aquel año por sobredosis de 'Carbitral'. De cualquier forma, el film no deja de ser una anécdota comparado con su banda sonora, editada en EE UU en forma de LP y en el Reino Unido en forma de doble EP.

MMT trató de revivir sin tanto éxito el espíritu circense y conceptual del Sgt. Pepper. Sin embargo, el repertorio incluía temazos como I am the Walrus (puro Lennon del 67) y Fool on the Hill (una baladapreciosa netamente McCartneytarra). Además, cuando se decidió establecer el doble EP como LP de la discografía oficial de la banda, se incluyeron las canciones Strawberry Fields Forever y Penny Lane, protagonistas del single más importante de 1967 y, probablemente, de toda la carrera de los de Liverpool. Curiosamente, el single (con Penny Lane en la cara A) sería el primero en no alcanzar el número uno de las listas de éxitos inglesas desde el mítico Love me do, primer sencillo de la banda publicado en 1962.

La muerte del manager y el acercamiento de la banda a las terapias de "meditación trascendental" del Maharishi Mahesh Yogi (viaje a la India incluído) iniciarían un largo y doloroso proceso de descomposición del grupo y sumirían a la banda en la última de sus etapas musicales. Con The Beatles, el album doble con portada blanca de 1968, firmaron un manifiesto anti Sgt. Pepper's. Charles Manson y su familia escribirían con sangre, en las paredes de la mansión de Roman Polanski, estractos de las letras de varias canciones incluídas en este album (Helter Skelter y Piggies, principalmente). Eso ocurría 1969, el hippismo había muerto.

Mientras la costa Oeste de Estados Unidos vivía inmerso en el verano del amor, en New York City, la costa Este, ya se aventuraba el "invierno del descontento" de la heroína, Nixon, los 70 y la música disco. El debut discográfico de The Velvet Underground & Nico, banda apadrinada por Andy Warhol y liderada por un tal Lou Reed, tuvo nula repercusión en las listas de éxitos mundiales. A la larga, sin embargo, se convertiría en un referente indispensable para innumerables bandas de cualquier esquina del planeta. También fue un auténtico anti- Sgt. Pepper's que introducía una nueva forma de entender la música popular más cercana al futuro punk (suciedad y hazlo como te venga en gana) y otra de entender la producción musical más allá de los circuitos impuestos por la industria discográfica. Mientras el hito beatle ponía la guinda al sonido de una época (la de la lisergia pop), el disco del plátano abría una nueva era de música más sucia que las plantas de los pies de los asistentes a Woodstock y, claro está, mucho menos vitalista y esperanzadora.

Para empezar, Sunday Morning relataba la resaca del último viaje de LSD de los 60, la única concesión del disco. A partir de ahí, el repertorio se volvía oscuro e incómodo. El sexo libre de los hippies se transformaba en placer bizarro de látigos e inspecciones rectales; las comunales drogas psicodélicas daban paso a los downers como la heroína (paradigma de droga ultraadictiva y, precisamente, anticomunal) y el idealismo se reducía a pensar que esta vez tu camello no te iba a hacer esperar durante horas en alguna esquina mugrienta de Harlem con 26 dólares en la mano.

Éste disco que cierra nuestra lista de grandes reservas de 1967 bien merecería un post para él solito, como cualquiera de los comentados anteriormente. Por eso no vamos a desgranar ni uno más de los muchos clásicos que reúne (Heroin, All tomorrow's parties, I am waiting for my man, There she goes again...). Si bien Warhol no era un productor musical al uso y, por tanto, sus aportaciones en este campo son más anecdóticas que otra cosa; su visión de artísta capital del siglo XX queda patente en esta imprescindible obra maestra, desde la mítica portada hasta la temática netamente underground (y nunca mejor dicho). Frikis, yonkis, un galés tocando la viola, una modelo alemana al micrófono y Lou Reed con 25 años... Una maravilla.

Y se acabaron los colorines.

jueves, 29 de mayo de 2008

Cosecha del 67 (II): Grace Slick a través del espejo

Jefferson Airplane - Surrealistic Pillow (1967)

Mi abogado estaba en la bañera cuando volví. Sumergido en agua verde

(...)

"¡Música!" gruñó. "Enciéndelo. Pon la cinta."
"¿Qué cinta?"
"La nueva. Está justo ahí."
Cogí la radio y me dí cuenta de que también tenía una pletina -una de estas cosas con
un cassette dentro. Y la cinta, Surrealistic Pillow, sólo necesitaba que le dieran la vuelta. Él ya había escuchado la cara A -a un volumen que se ha debido escuchar en cada habitación dentro de un radio de cien yardas, con paredes y todo.
"White Rabbit," dijo. "Quiero un sonido creciente."
"Estás condenado," le dije. "Yo me largo en un par de horas -y entonces van a venir y te van a joder vivo. Justo ahí, en la bañera."
"Yo cavo mis propias tumbas," me dijo. "Agua verde y White Rabbit... pónla; no me hagas usar esto." Su brazo emerge atacante del agua, tiene un cuchillo de cazador agarrado con el puño cerrado.

(...)

El volumen estaba tan alto que era difícil saber qué estaba sonando a no ser que sepas Surrealistic Pillow nota por nota... yo me lo sabía, en aquella época, así que supe que White Rabbit había terminado; el punto álgido había llegado y se había ído.
Pero parecía mi abogado no lo sabía. Quería más. "¡Da la vuelta a la cinta!" chilló. "¡La necesito otra vez!" Sus ojos se llenaron de locura, incapaces de enfocar. Él parecía estar en al borde de un horrible orgasmo psíquico...
"¡Déjalo girar!" gritó. "¡Tan alto como pueda ese hijo de puta! Y cuando llegue a esa fantástica nota en la que el conejo se arranca la cabeza con los dientes, quiero que lances la puta radio en la bañera conmigo dentro."

Fear and Loathing in Las Vegas (1971), Hunter S. Thompson




Vean la traducción de White Rabbit aquí.

lunes, 26 de mayo de 2008

Cosecha del 67

La muerte del doctor Hoffman, químico suizo inventor del LSD, ha marcado este nada prolífico mes de mayo en guasíbilis. La disección en clave de cultura popular de esta sustancia nos lleva, obligatoriamente, a repasar los movimientos contraculturales de los años 60, que en Europa tuvieron su momento cumbre hace exactamente 40 mayos, al calor de las revueltas parisinas del 68. Por lo revolucionario y, sobre todo, por lo primaveral; mayo parece el mes más indicado para hacer una retrospectiva lisérgica. Lástima del perreo congénito del autor de este blog, que desde hace décadas no puede evitar deleitarse con cada uno de los movimientos de cada una de las moscas que, cada día, pasan frente a mis ojos.

El caso es que quería hablar de música (preferetemente lisérgica) y he decidido de hacerlo a través de los mejores caldos musicales de la cosecha de 1967. Probablemente, si se me ofreciera elegir un año musical en el que quedarme a vivir escogería ese. El del verano del amor en los parques de San Francisco, la guerra de los Seis Días, las seducciones de la señora Robinson en la gran pantalla y la muerte en la selva boliviana del médico argentino, reconvertido a guerrillero socialista, Ernesto "Ché" Guevara. En el 67, el hippismo tocó techo y aunque a los pies negros todavía les quedaban por vivir eventos generacionales como Woodstock; el desparrame de la familia Manson, la segunda juventud de la heroína, la derrota del idealismo y la música disco estaban apunto de sacar a la generación de la postguerra de su sueño multicolor.

En lo estríctamente musical, es necesario empezar el repaso por los caldos sonoros del 67 justo un año antes. En 1966, Los Beach Boys, de la mano de Brian Wilson, publicaban el imprescindible Pet Sounds y Los Beatles, bajo las mismas coordenadas musicales, Revolver. El estudio de grabación (con el wall of sounds de Phil Spector como reflejo) se convierte en otro instrumento a la altura de la guitarra, el bajo, el piano y la batería. Los LPs dejan de ser fosas comunes de canciones, sustituyen al single como principal formato comercial de la música y se convierten en complejas obras de arte. La generación de la post guerra había consolidado su sonido, mientras la industria musical se revolucionaba. Y quedaba por llegar 1967, la mejor cosecha musical de todo el siglo XX.

Visto con la perspectiva que dan cuarenta años, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band no fue el mejor album de 1967, pero sí el más revolucionario, entonces, y (seguramente) el que más páginas de revistas culturales ha acaparado hasta la fecha. Para algunos, entre los que me incluyo, su album antecesor, Revolver, fue todavía mejor. Pero apreciaciones partidistas aparte, el primer LP del combo liverpudiano tras anunciar el fin de sus actuaciones en directo, resumió, con acento inglés, el sentimiento de una generación de jóvenes artistas, y no sólo en el obvio apartado musical. En el repertorio destacan el himno lisérgico Lucy in the sky with diamonds (poco me importa si la idea vino de un pastillazo de ácido, de un dibujo del pequeño Julian Lennon o de una mezcla de las dos) y la casi insuperable A day in the life (recuerden línea "I'd love to turn you on" - me encantaría colocarte -). No conviene olvidar tampoco que el mítico single Penny Lane / Strawberry Fields Forever, se grabó en las sesiones del Pepper's, aunque respetuosamente con la tradición británica, tamañas canciones no acabaran incluídas en el repertorio final.

Desde el diseño de la portada, la bolsa interior (recortables castrenses y bigote de guardia civil incluídos), hasta la costosísima producción musical, todo en el Sgt. Pepper es pura leyenda del rock and roll. Sólo tres días después de la publicación del album en Inglaterra, el 1 de Junio de aquel mágico año, el extraterrestre Jimi "hago lo que me sale de los cojones con mi guitarra" Hendrix comenzó su histórica actuación en el londinense teatro Saville con una versión del tema Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band. Hendrix improvisó con el resto de la Experience el tema en los camerinos, mientas unos atónitos George Harrison y Paul McCartney, que se encontraban entre los asistentes, inflaban un poco más su ego. La leyenda también cuenta que Brian Wilson decidió suspender el proyecto del LP SMiLe después de oir Sgt. Pepper's, cuando estaba conduciendo por Los Ángeles. Verdad o mentira, en guasíbilis siempre nos ha gustado quedarnos con la leyenda, por eso lo contamos, más que nada.

1967 fue un año especialmente reseñable en nacimientos discográficos. Los angelinos The Doors, llamados así a cuenta de las "puertas de la percepción" de Huxley, debutaron con su álbum homónimo en la discográfica Elektra. La propuesta de la banda liderada por Jim Morrison, puro rock'n roll personificado, no podía ser más explícita desde las primeras líneas de la magnífica Break on Through (the Other Side): "sabes que el día destroza la noche, la noche divide el día. Intenta huir. Intenta esconderte. Ábrete camino hacia el otro lado".

Evidentemente, el otro lado (the other side) tenía connotaciones más relacionadas con los estados de percepción que con la ubicación física. Como el fuego de Ligth my fire. Pero The Doors no acaban en la extravangancia y el arrollador carisma de su frontman y su bonita poesía. Los teclados de Manzarek, las guitarras de Krieger y los ritmos de Densmore crearon un sonido propio compuesto por la pasión, los paisajes sonoros, el rock'n roll como forma de vida y las reminiscencias blueseras como punto de partida. Coppola recuperó la crepuscular The End para la banda sonora de la inconmensurable Apocalipse Now (1979).

El Dr. Benway le dedicó hace tiempo este post a este mismo disco.

Los pelotazos de ácido que nuestros ídolos se metían en los sesenta no tienen nada que ver con el trozo de cartón que usted se pudo comer aquellas fiestas de aquel pueblo del norte de Navarra en las que acabó desnudo, con un hacha y una serpiente tatuados en la espalda y abandonado en un monte muy cercano a un cuartel de la guardia civil. No sé si por predisposición psíquica o por fidelidad lisérgica, el primer frontman de Pink Floyd, Syd Barret, acabó sucumbiendo mentalmente a aquellos potentes viajes de los viejos y buenos tripis y duró menos de un lustro en el negocio de la música.

Además de una bici con una cesta y un timbre que suena, Barret tenía una capa, un clan de hombres de gengibre y conocía un ratón bastante viejo al que llamaba Gerald. Su carisma, personalidad y actitud marcaron la primera etapa de Pink Floyd, que a mediados de los 60 era uno de los grupos de pop lisérgico británico más destacados. Como The Doors y Jimi Hendrix, los Floyd tuvieron su debut discográfico en 1967 con el inenarrable The Piper at the Gates of Dawn; la dietilamina de ácido lisérgico hecho música pop y poesía alucinada.

Después de Barret llegó el rock sinfónico, The Wall, Dark Side of the moon y el tributo al frontman perdido en Wish you were here y esa, definitivamente, es otra historia. Si quieren conocer más de cerca la de Syd, les recomiendo este post homenaje que le dedicó Mycroft con motivo de su muerte.

Aquel mandamás de Decca Records de Londres que soltó aquello de "los grupos de guitarras están pasados de moda" a Brian Epstein, después de la prueba que hicieron a The Beatles en la nochevieja de 1961, probablemente pueda pasar a la historia como el profesional con menos visión de futuro de toda la historia de la música contemporánea. Poco más de un lustro después de aquella audición en la que Decca dejó pasar el negocio musical más grande de todos los tiempos, la guitarra era un instrumento imprescindible para entender la nueva generación musical. En 1966, nacía (discográficamente hablando) la marca Jimi Hendrix, un músico de raíces africanas y nativo-americanas que se había curtido durante años tocando la guitarra para musicos de la talla de Sam Cooke y que estaba apunto de redefinir, revolucionar, reconstruir a ese instrumento.

Hendrix debutó con su banda Jimi Hendrix Experience en el Reino Unido con aquel histórico single que tenía Hey Joe como cara A. Después de otros dos singles, grabados y publicados en Inglaterra en los primeros meses de 1967, la banda del guitarrista, el bajista Noel Redding y el baterista Mitch Mitchell (los dos ingleses y blanquitos), publicaría su primer album de estudio, Are you experienced (en algunos países se añadió un signo de interrogación al final del título). El título del LP sugería, evidentemente, experimentación química, que sería además extensible a lo musical. Are you experience salió a la venta en mayo del 67 en el Reino Unido (en EEUU no llegaría a las tiendas hasta agosto), con Foxy Lady abriendo el repertorio. Las caras A de los singles publicados previamente no fueron incluídos en el LP, como hemos dicho era costumbre en el Reino Unido, aunque luego serían añadidas en reediciones posteriores del album.

Como en los años 60 se vivía muy deprisa, Jimi nos dejó muy pronto. Las notas de su guitarra, ardientes y distorsionadas, ruidosamente marcianas, siguen impresas en el plástico de los vinilos de nuestros viejos. También en 1967 se publicaba el segundo LP de la banda Axis: Bold as Love, un año después firmaban el fundamental album doble Electric Ladyland.

Continuará... no se pierdan la segunda parte!