El caballero metálico las prefería rubias.
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sábado, 18 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
Too far gone
“El mundo que conocíamos ya no existe”Lo zombi es el western moderno (o el western para modernos). Un género de historias más grandes que la vida misma, épicas como finales de la Copa de Europa. Los Muertos Vivientes es la gran historia de Rick, un poli que despertó de un coma en un mundo totalmente diferente al que había conocido. El clásico escenario donde los muertos, que son masa, caminan y se alimentan de los vivos. Cuando comprende la situación, Rick se enfunda de nuevo el traje de poli, se arma hasta los dientes y sale en busca de su esposa Lori y su hijo Carl.
El volumen número 13 de Los Muertos Vivientes acaba de ser deglutido al ritmo que el resto. Bien lo sabe mi cartera, que ha visto como los 7,5 euros caían como pequeños días de la marmota sobre la mesa del contador de mi tienda de cómics de confianza. Sin embargo, cada penique ha merecido la pena para continuar el viaje por la selva en que se ha convertido nuestro planeta, ahora que no caben más muertos en el infierno.
A estas alturas, no sé cómo van las cuentas, pero la tierra fue conquistada por los zombis hace bastante más de un año en el universo Walking Dead. Y como advertía su guionista, Robert Kirkman, en el apasionado prefacio que dedicó a su obra, ahí reside la madre del cordero. Como el Malkovich que se introduce en Malkovich y luego ve todo Malkovichs, Los Muertos Vivientes explora la posibilidad más remota. Cómo reacciona la civilización, o sus restos, a una plaga tan colosal.Por lo demás, ya conocen de sobra los ingredientes de las aventuras (de zombis): acción a raudales, violencia por un tubo, muertes a granel, mucho drama y conversaciones absolutamente trascendentales. Es lo que tiene la supervivencia y, pensándolo bien, su galería de personajes. Como McNulthy, Rick sólo es uno más en un mundo muy jodido. Pero no querría hablar del resto, por si todavía queda alguien que no sepa todavía cuánta felicidad cabe en las miles de páginas ya escritas de la historia. Además, siempre está bien aprender un poco de teoría. Nunca se sabe lo cerca que puede quedar el Apocalipsis.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Una galaxia no tan lejana

“Life just isn't like the movies, is it? We're constantly led to believe in resolution, in the establishment of the ideal status quo, and it's just not true. Happy endings are a myth designed to make us feel better about the fact that life is just a thankless struggle.” Tim Bisley
No seguir adelante con una tercera temporada de Spaced probablemente ha sido una de las decisiones artísticas más coherentes en lo que llevamos de siglo. Spaced es la perfecta serie de culto, y ni siquiera le hubiera hecho falta una segunda temporada para ostentar este título. Sus creadores –astutos cineastas que supieron ponerse en el papel de su audiencia- ya consiguieron ese logro con el séptimo y último capítulo de la primera temporada.
Con el discurso que encabeza nuestro post, extraído de ese mismo capítulo, el triángulo formado por Simon Pegg, Jessica Stevenson (actores protagonistas y guionistas) y Edgar Wright (director) consiguió cuadrar el círculo del producto de culto destinado a gente de nuestra clase y condición. Xabibenputa describía a la perfección el tipo de personas a la que me refiero, en un post bien reciente, cuando se refería a “cierto aspecto asqueroso de mi mismo y de mi generación: La vida real no nos gusta y decidimos no tener una”.
La idea no es nueva, pues también la utilizó Palahniuk en El club de la lucha: “Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. (…) Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos”.No estoy tan seguro de que haya una relación clara entre lo que Benputa y Palahniuk trataban de explicar, pero yo he querido ver al menos cierto paralelismo entre sus palabras y el discurso que Tim soltó a Daisy en el pub, después de comprobar que sería imposible reavivar la llama del amor con la chica que le había roto el corazón. En ese momento final, Tim pone negro sobre blanco la idea espiritual de Spaced, una sitcom sobre jóvenes que viven una existencia que no es la de ellos (porque es una mierda), sino la de los protagonistas de esas películas, discos, tebeos y programas de televisión que alguna vez les hicieron sentirse especiales.
Concebida como una mezcla entre “los Simpsons, Doctor en Alaska y Expediente X”, Spaced cuenta la vida de Tim Bisley y Daisy Steiner (dibujante wannabe y escritora wannabe, respectivamente), dos amigos post-adolescentes sin vivienda perdidos en el tránsito a la madurez, que tienen la folla de encontrar un piso cojonudo, a un precio más que razonable, en una bonita casa del Norte de Londres. Con una única pega, para acceder al alquiler tendrán que hacerse pasar por pareja (como en esa película sí, Matrimonio de conveniencia).Rodada en formato cine y de forma exquisita por el director de Scott Pilgrim Vs. The World (el tipo ya prometía), Spaced no deja de ser un producto similar a los que Kevin Smith nos entregó a principios de los 90, sustituyendo las bromas de tetas y culos por finas dosis de humor inglés. Aquí también hay homenajes a la Guerra de las Galaxias, excepcionales líneas de guión, videojuegos, porros de yerba y un universo único de personajes impagables: el loco por las armas que no pudo entrar en el ejército (al menos en el que cuenta) y que intentó invadir París con un tanque, la niñata estúpida que trabaja en el mundo de la moda (una lavandería), un artista pretencioso, un perro listillo, una casera alcohólica y su rebelde hija adolescente, de la que poco sabemos más que el nombre.
Pero además, un discurso que debería sentar como un puñetazo de realidad en la cara de su entregada legión de fans, pues nos recuerda eso tan cierto de que la vida no es como las películas y que los finales felices son un mito. Un discurso que ya coronó a la serie como referente para una generación, la nuestra, que hemos vivido semanas en el motor de un autobús, hecho nuestras frases que habíamos oído en alguna película y visto nuestra vida como una extensión de alguna novela gráfica de Peter Bagge. Después hubo una segunda temporada, no tan gloriosa seguramente como la primera, y más tarde, el lamento de los que hubieran querido que la cosa hubiera llegado aún más lejos. Sin embargo, con la disolución de Spaced, ganamos a tres solistas (o no tanto) tan solventes como Simon Pegg, Nick Frost y Edgar Wright, probablemente uno de los directores jóvenes más inspirados del momento. Ahí nos han dejado, por el momento y entre muchas otras, Shaun of the dead y Hot Fuzz, y pronto nos traerán Paul. Más material masturbatorio para gente como nosotros, personas que se hacen blogs para hablar de los dibujos que veían de pequeños. Más películas con finales felices para hacernos olvidar que lo ingrata que a veces es la realidad.
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miércoles, 26 de mayo de 2010
Leave

Nothing could be bring me closer
Nothing could be bring me near
Where is the road I follow?
Believing, leave
It's under, under, under my feet
The scene spread out there before me
Better I go where the land touches the sea
There is my trust in what I believe
That's what keeps me,
That's what keeps me,
That's what keeps me down,
To leave it, believe it,
Leave it all behind
Shifting the dream
Nothing could bring me further from my old friend time
Shifting the dream
Charging the scene
I know where I marked the signs
I suffer dreams of a world gone mad
I like it like that and I know it
I know it well, ugly and sweet
A temperament who said believe in his dream
That's what keeps me
That's what keeps me
That's what keeps me down
I set it on there lightly
I sent it off in an airplane
That never left the ground
That's what keeps me...
Lift me, lift me,
I attain my dream
I lost myself, I lost them
Heartache calling me
I lost myself in sorrow
I lost myself in pain
I lost myself in gravity
Memory, leave, leave, leave
That's what keeps me...
Midnight hands, my eyes are still
I walk into the scene
Shoot myself in a different place
Leavin'
Longed for this to take me,
Longed for my release
Waited for the coming
Leavin', leave
Leave, leave
Leavin', leavin'
Leavin', leave
miércoles, 16 de julio de 2008
'Cause suicide is painless
Hay viajes que duran más de lo esperado. Hay viajes que se convierten en pesadillas de las que es imposible escapar. Hay viajes que nos salvan la vida o, según se mire, nos condenan a un largo martirio. Como aquello que contaban los marineros sobre los naufragios, que uno nunca sabe si la suerte la tienen los supervivientes o los ahogados. Pues lo mismo pasa con las explosiones nucleares. Uno nunca sabe si vivirlas en primera fila, donde la muerte es espectacular e inmediata, o a cincuenta kilómetros del epicentro, donde la radiación llega en forma de desechos humanos y dolor, mucho dolor.
Perry y Gordo se libraron por los pelos del ataque nuclear norcoreano sobre Seattle, la ciudad donde solían vivir. La bomba estalla mientras ellos vuelven de una reparadora semana respirando el aire limpio de la montaña. Perry es un reputado informático, que se dice alienado, desencantado con su gris vida de nerd pegado a una pantalla. Gordo es un trapichero cualquiera. Son una pareja de urbanitas acostumbrados a comprar la comida en el supermercado de la esquina, lista para calentar en el microondas.
La bomba ha estallado en la ciudad y no hay mucho más que nuestros protagonistas sepan sobre lo que realmente ha ocurrido o está ocurriendo en Seattle. La radio no funciona y la información que llega de fuentes oficiales es escasa y sesgada. Se encargan de decir que todo va bien, pero en los bosques que rodean el epicentro de la catástrofe se palpa la desesperación, la confusión, el pánico, el caos. Los que han conseguido escapar de la ciudad tienen la piel quemada y sus ojos han perdido toda la esperanza. Los que han vivido el atentado desde fuera de la zona de radiación, no estarán dispuestos a mezclarse con los contaminados. Y nadie sabe qué cojones está pasando en el resto del país.
La principal pregunta que plantea Apocalipsis Friki (Peter Bagge, La Cúpula) es hasta dónde estaría dispuesto a llegar un "young urban professional freak" para sobrevivir una catástrofe nuclear en un entorno hostil: la montaña. Una pregunta extensible a cualquiera de nosotros, lectores de cómics y amantes de los what if... (qué pasaría si...). ¿Serías capaz de traicionar a tu mejor amigo si eso significara un día más de supervivencia? ¿Estarías dispuesto a robar? ¿A matar? ¿A comer carne humana? O aprovecharías la última bala del cargador para ponerle fin al tonto sufrimiento de vivir, cuando sabes que cada segundo que te queda por delante va a ser pesado y doloroso.
Apocalipsis Friki es el libro más jarto e inquietante de todos los que he leído de los firmados por ese gurú llamado Peter Bagge. La mayoría le recordaréis por ser el autor de la maravillosa serie Odio, que según informaba ayer el Blog Ausente, está siendo actualmente reeditada en "volúmenes integrales". En la introducción a Apocalipsis Friki, Bagge recuerda que un diplomático de Corea del Norte se jactó en la radio "de que su país tenía (...) capacidad de lanzar una bomba nuclear contra Seattle". Esto ocurría a principios de 2003, cuando el gobierno de George W. Bush ultimaba los detalles de la invasión de Irak. El autor recuerda que encontró la noticia "bastante desconcertante, ¡entre otras cosas porque vivo en Seattle! Naturalmente empecé a especular con el "y si..."Y continúa diciendo, "estoy seguro de que todo el mundo se ha imaginado que pasaría si fuese el último ser humano en la tierra, o uno de los pocos supervivientes de algún tipo de desastre monumental. Para mí, este tipo de imaginaciones toman la forma de una fantasía, en la que tengo suficiente comida y recursos para no sólo sobrevivir sino también prosperar, mientras deambulo por un planeta sin trabas, recogiendo los restos de la civilización. Para este libro, me he obligado a imaginar de la forma más honesta y realista cómo serían las cosas para alguien como yo viviendo esa situación, con pocas o ninguna habilidad para sobrevivir."
La nueva obra del maestro del comic underground noventero es uno de esos cómics que se acaban de una sentada y dejan un dulce sabor de boca. Personalmente, han sido mis 13 €uros (13, precisamente) mejor invertidos de todo el mes de julio. El señor J Calduch posteaba, no hace mucho, esta apasionada reseña, en la que insistía que esos 13 €uros era todo lo que usted necesitaba para sobrevivir el Salón del Cómic de Barcelona de este año.Recapitulando: el dibujo de Bagge es el de siempre (inconfundible), plasmado además con las tres bellas tintas que pueden apreciar en las viñetas expuestas, el sentido del humor también sigue siendo Bagge, pero la tónica general es mucho más sombría de la que estamos acostumbrados. Sobrevivir no va a ser tarea fácil. Los que lo leamos, sin embargo, lo tendremos un poquito más fácil cuando empiecen a caer las bombas en el horizonte. Ya estaremos preparados para el viaje.
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yo también ODIO a Peter Bagge,
yu-es-ei
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