sábado, 13 de septiembre de 2008
Otoño en blanco y negro
En la ciudad, han bajado las temperaturas y he sentido como el peso del otoño se posa sobre mis hombros de adolescente atrapado en un cuerpo adulto. Pronto empezarán a dejarse ver los amarillos y volveré a recordar que antes solía ser más fácil.
Llegada la mañana hay una dura elección que tomar: música en blanco y negro o en technicolor. Hoy el cuerpo me pide lo primero.
Nostalgia, creo que se llama.
Billie Holiday tuvo una vida más perra que la mía y seguramente se quejó mucho menos que yo. Claro que ella tenía esa voz, que abarcaba toda la gama de sentimientos tristes conocidos. Y esa voz puede hacer a una persona afortunada, o más desgraciada todavía. Poder transmitir tanto dolor que emocione y te paguen por ello. Transmitit tanto dolor que uno sea incapaz de escapar de él.
Vender su cuerpo en los burdeles de Harlem, o vender su voz en los mismos burdeles. Comprarte una mansión a las afueras de la ciudad y disfrutar de los placeres de la fama tranquila o predicar con el ejemplo y beberte la vida de un trago. Soliviantar la pena congénita con inyecciones de medicina amarga. Morir al lado de un charco de bilis.
Joder, Billie. Malditas las mañanas que empiezan contigo. Me pongo triste y todavía no he fumado ni un porro. Será el otoño o esos gritos y susurros que pegas. Será el jodido blues y que esta mañana me he tenido que poner un jersey para bajar a comprar el periódico.
viernes, 12 de septiembre de 2008
¿Verdad o mentira? (IV)
"Y nos informan en este momento que ahora mismo, el Departamento de Estado de los EE UU acaba de anunciar la expulsión del embajador de Bolivia de su territorio. Bueno... nosotros comenzamos desde este momento a evaluar las relaciones diplomáticas con el gobierno de los EE UU. Acabo de hablar con el canciller, y para que Bolivia sepa que no está sola, a partir... ¿Qué hora es? Son las siete... y quince minutos. Tiene 72 horas, a partir de este momento, el embajador yanqui en caracas para salir de Venezuela, en solidaridad con Bolivia, y el pueblo de Bolivia y el gobierno de Bolivia. Tiene 72 horas el embajador para abandonar territorio venezolano. (...)¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno! ¡Aquí hay un pueblo digno, yanquis de mierda! ¡Váyanse al carajo cien veces!"
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jueves, 11 de septiembre de 2008
miércoles, 10 de septiembre de 2008
El último viaje del verano: serpenteando por Whitechapel (I)
El espectáculo que empieza con Whitechapel no tiene que ver con sus edificios de ladrillo semiderruidos y llenos de grafitis, ni con las mezquitas y sus medias lunas, ni con sus galerías de arte underground, ni con su mercado, ni con los envoltorios de comida basura amontonados en las esquinas; sino con la gente que la transita, que compra en sus tiendas y espera en las paradas de autobuses: urbanitas profesionales con auriculares que cubren toda la oreja, mujeres vestidas de negro que no enseñan ni la piel de sus manos, yonquis bebiendo cerveza en el asfalto, negros con un peine clavado en el pelo y viejos que visten como el último día que salieron de Bangladesh. El verdadero espectáculo que comienza con el East End londinense, donde muere la City y sus impresionantes edificios de cristales llenos de aburridos oficinistas con corbata, tiene que ver con su flujo de humanidad y las historias que flotan en el aire. Allí la ciudad se convierte en urbe; gris, mastodóntica y desalmada. Imperfecta y fea.
El último bastión de la ciudad que venden las agencias de viajes es la estación de Liverpool Street, donde cada tarde los londinenses levantan la cabeza para ver qué tren les llevará a casa. A unos pasos de la estación, se encuentra la inquietante iglesia de Spitalfield y, un poco más allá, Brick Lane, sus restaurantes de curry, sus garitos alternativos y su mercado de los domingos. El turista avezado pronto sabrá leer en las paredes algún mensaje de ese artista invisible llamado Bansky. Y sabrá que detrás de esa fachada amable de barrio multicultural, de mayoría bangladeshí, late el corazón de lo más profundo de esta ciudad inabarcable. En uno de sus extremos, Brick Lane se topa con Whitechapel High Street (apunto de convertirse en Whitechapel Road), una de esas avenidas interminables que van mutando el nombre en su infinita travesía por el este de la urbe.
Hay ciudades que no acaban con el último monumento que aparece en las postales. Hay sensaciones que sólo se pueden describir con la mezcla de acentos, de colores de piel, formas de entender el mundo, historias personales y vapores de carne quemada y patatas fritas que salen de sus restaurantes; el olor de la humanidad. Y nada de esto es comparable con hacerse una foto bajo el Big Ben o ver el cambio de la guardia en el Palacio de Buckinham. Creo que era Cortázar el que decía que para conocer una ciudad hay que perderse en sus calles. Y sentarte en una esquina a observar a sus verdaderos habitantes, añadiría yo.Bienvenidos a Whitechapel. Bienvenidos al East End.
Whitechapel, como la mayoría de barrios de su estilo de otras grandes ciudades occidentales, cimentó su fama, su personalidad, a mediados del siglo XIX. Aunque ya desde el siglo XVI había sido un barrio marginal de Londres, por su ubicación, más allá de las murallas. La revolución industrial reinventó el trabajo, el capitalismo, los sistemas políticos, los ideales, las migraciones, la urbanización... En 1867, el filósofo alemán Karl Marx publicaba El Capital, que había meditado y escrito en la biblioteca del British Museum. Londres era la capital del planeta. Y, por eso, llegaban de todas las revoluciones europeas fallidas de 1848, intelectuales como Marx, que se instalaban en el Soho y en barrios del centro de la ciudad. A Whitechapel llegaban los inmigrantes para los que realmente se inventó la palabra: irlandeses que huían del hambre y judíos que escapaban de los Progroms rusos.
La capital del Imperio Británico era la urbe más grande, más poblada, mejor comunicada y más rica del planeta. Pero también la más miserable. Y en plena época victoriana, el East End londinense era el barrio de los inmigrantes, el barrio de los pobres, el barrio de las putas y, a partir de 1888, de una vez y para siempre: el barrio de los asesinatos de Whitechapel, el barrio de Jack el destripador.
Hay muchos aspectos que envolvieron de misticismo aquellos días de 1888 en Whitechapel, teñidos de rojo por los asesinatos de un puñado de prostitutas a manos (y cuchillos) de un sádico cabrón. El primero, la ubicación temporal de los asesinatos, la época victoriana. Segundo, todo lo que el asesino (con la ayuda de la prensa) evidenció de aquella sociedad sucia y despiadada. Tercero, la saña con la que los asesinatos fueron llevados a cabo. Y cuarto, que el nombre del asesino nunca se haya sabido a ciencia cierta, factor que ha obsesionado, desde entonces, a escritores, detectives, policías, periodistas, sacacuartos, charlatanes... todos ellos, a su vez, generadores de otras tantas teorías conspirativas.
En el oscuro otoño de 1888, un asesino o asesinos acabaron cruelmente con la vida de cinco prostitutas, en lugares públicos de los alrededores de Whitechapel y Spitalfields. Las víctimas se relacionaron con el mismo asesino, por la brutalidad con que fueron cometidos los crímenes: mutilaciones, extracciones de órganos...
Aunque hubo más asesinatos como aquellos en la Whitechapel de la época, al final, cinco mujeres han acabado siendo las víctimas oficiales de Jack el destripador: Mary Ann Nichols (asesinada el 31 de agosto de 1888), Annie Chapman (8 de septiembre), Elisabeth Stride (30 de septiembre), Catherine Eddowes (30 de septiembre) y Mary Jane Kelly (9 de noviembre de 1888). La última de las víctimas era la más joven de las cinco, sólo tenía 25 años.

Aquella oleada de asesinatos, que se detuvo justo antes del comienzo del invierno, cruzó fugazmente los destinos de “personajes tan dispares” como Buffalo Bill Cody, John Merrick (el hombre elefante), Oscar Wilde, Aleister Crowley y el director del Comité de Vigilancia de Whitechapel, George Lusk, al que le fue dirigida la única carta que ha sido atribuida (con un 100% de fidelidad) al asesino. Aquella, firmada por un tal Jack, iba acompañada de medio riñón humano y comenzaba con el ya mítico “From Hell”...
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lunes, 8 de septiembre de 2008
Cuadernos de viaje
Dedicatoria conseguida en el Salón del Cómic de Getxo del 2003, en mi álbum rojo de Herminio Bolaextra.Los que me conozcan, me habrán oído decir alguna vez aquello de que "Mauro Entrialgo es la polla, dibuja como dios, me hace una gracia de la hostia, si yo fuera mujer quisiera que fuera el padre de mis hijos" y otras enjabonadas del estilo. Por eso, Herminio Bolaextra forma parte de la cabecera de esta humilde bitácora, y mis estanterias tienen más libros entrialguianos que de cualquier otro autor de cómics español.
Mauro, probablemente, no es el mejor dibujante de cómics del país, pero siempre es Mauro y (casi) siempre me gusta (casi) todo lo que hace. Y más que por sus inconfundibles dibujos (que tampoco son los mejores, pero me encantan), Mauro me mola por su sentido del humor y su visión del mundo, de la cultura popular y del formato en que trabaja. Y me gustan, especialmente, sus obras más sucias, como los primeros Herminios, por su capacidad de rebasar cualquier línea de corrección política y provocar carcajadas histéricas. Aunque siempre he echado de menos algún álbum más de historieta larga y menos inmediata, como Recortes de Hostias.
A través de su blog, he llegado hasta el video que podrán ver más abajo. El dibujante nos enseña su cuaderno de bocetos del mes de agosto. Y los que me conocen ya sabrán, que el papel y los cuadernos llenos de notas, recetas, bocetos o garabatos son otra de mis aficciones. El cuaderno está muy bonico, les recomiendo que no se lo pierdan.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Poesía a 24 fotogramas por segundo
Advertencia: no lean este post si no han visto American Beauty (Sam Mendes, 1999), les jodería la película para siempre.
Siempre había oído que toda tu vida pasa delante de tus ojos el segundo antes de morir. Para empezar, ese segundo no es un segundo en absoluto; se hace algo inmenso, como un océano de tiempo.
En mi caso, aparecía yo tumbado boca arriba en el campamento de los boy-scouts, mirando estrellas fugaces.
Y las hojas amarillas de los árboles que flanqueaban nuestra calle.
Y las manos de mi abuela, y su marchita piel, que parecía papel.
Y la primera vez que contemplé el nuevo Fire Bird de mi primo Tony.
Y Jenny.
Y Jenny.
Y Caroline.
Supongo que debería estar bastante cabreado por lo que me pasó. Pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo.
A veces, siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella.
Y, entonces, fluye dentro de mí como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida.
No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro. Pero no se preocupen, algún día la tendrán.viernes, 5 de septiembre de 2008
¿Verdad o mentira? (III)

El siguiente texto es un estracto de este post, publicado en el blog Mi mesa cojea, por su autor, Jose A. Pérez (que no es primo mío):
Hoy ha pasado algo realmente divertido en Bilbao. (...)
Y es que hoy, a las 13:45, en la estación de tren de Abando, en pleno centro de Bilbao, un escolta y un vigilante jurado han empezado a discutir, no se sabe porqué, y han acabado a tiros. La estación estaba llena de gente y una bala perdida le ha dado a un señor que pasaba por allí (en un brazo, sobrevivirá).
Para tranquilidad de los concejales vascos, ha ganado el escolta, que ha herido al vigilante jurado (también en un brazo, sobrevivirá).
(...)
No me cabe duda de que tanto el escolta como el vigilante jurado son personas nobles, templadas y sumamente inteligentes. De modo que todos aquellos que sugieran que esto pasa porque los escoltas (privados) y los vigilantes (armados) son unos matones a sueldo, descerebrados que no valen para nada más que para llevar pistola, será mejor que se ahorren sus críticas.
Ahora me voy a dar una vuelta, no sea que haya otro tiroteo en el barrio y me entere por la prensa.
Por si acaso esta no se la creían.
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