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jueves, 30 de junio de 2011

Punky Reagge Summer


Los aunténticos punks no abandonan la ciudad en verano. En el sofocante (o más bien nublado) verano londinense de 1977, The Clash tuvieron la oportunidad de compartir estudio con su ídolo, el productor jamaicano Lee "Scratch" Perry, que solo un año antes había publicado su trascendental álbum ‘Super Ape’. Scratch se había dejado caer por la ciudad para unirse al campamento de Bob Marley, que se había instalado en la capital británica después de que un grupo de pistoleros hubiera atentado contra su vida en su mansión de Hope Road en Kingston. En aquel verano, el álbum debut de los ingleses ya llevaba varios meses en la calle y su versión de ‘Police & Thieves’, interpretada originalmente por Junior Murvin y compuesta por Perry, ya había llegado a los oídos del fundador de los míticos estudios Black Ark.

Tal vez nunca se llegará a hacer justicia con la importancia que tuvo esa versión en la escena musical posterior. Aunque Eric Clapton, Paul McCartney y los Rolling, que habían incluido un versión de ‘Cherry Oh Baby’ en su disco de 1976 ‘Black & Blue’, ya hubieran jugado con la síncopa del reggae, The Clash fueron los verdaderos embajadores blancos de Jamaica en el mundo occidental.

El libro ‘Passion is a Fashion: The Real Story of The Clash’, escrito por Pat Gilbert (del que procede gran parte de la información utilizada para este post) recordaba un encuentro en un pub entre los Sex Pistols y los Clash, que habían decidido sumar los sonidos que venían de Jamaica a su repertorio. En palabras de Joe Strummer, “los Pistols no consideraron que aquella fuera una buena idea, pero nosotros pudimos ver el potencial de combinar el reggae con lo que nosotros hacíamos para conseguir algo todavía más poderoso”. Con esa decisión, los Clash no sólo habían mostrado al punk (que acabaría fagocitándose en cuestión de un par de años) una salida redentora, sino que habían interpretado perfectamente la esencia política que empapaba la música jamaiquina de la segunda mitad de los 70.

Mientras las tensiones políticas en Jamaica dejaban cientos de muertos en las calles y estaban a punto de costarle la vida al rey Marley, la comunidad negra londinense (descendiente en su mayoría del Caribe) se batía con la policía en las revueltas de los carnavales de Notting Hill de 1976, en las que habían participado Joe Strummer y Paul Simonon.

Aquellos disturbios habían inspirado ese himno punk titulado ‘White Riot’, una invitación a la juventud blanca a ocupar un puesto en la línea del frente de las revueltas que prendían en los guetos de las grandes ciudades de Occidente. Del otro lado del Atlántico, sobre las mismas fechas, los guetos de Kingston enviaban sus propios mensajes de alarma: ‘State of Emergency’ de Joe Gibbs, ‘War Inna Babylon’ de Max Romeo o la misma ‘Police & Thieves’. Había un lenguaje de lucha común entre la música que llegaba de Jamaica y el punk que barría las ciudades británicas, y The Clash iban a estar allí para hacérselo saber al mundo.


Precisamente, los caminos de Lee Perry y The Clash se encontraron en los estudios de Island Records en Basin Street, muy cerca de donde había prendido la mecha de los disturbios de Notting Hill. Mickey Foote, técnico de sonido en los directos de los ingleses y productor de su primer álbum, también estuvo presente en aquel mítico encuentro: “Lee Perry estuvo increíble. Fuimos hasta el estudio y acabamos fumando Dios sabe qué. The Clash estaban realmente excitados. Perry no podía creer que esos chavales blancos estuvieran cantando sobre reggae y escribiendo canciones sobre los mismos temas, el asunto de la política. No podía creerse ese crossover. Pensaba que era fantástico. Nos dijo que había hablado sobre ello con Bob Marley, y que Bob estaba escribiendo una canción en la que iba a aparecer nuestro nombre. ¡Bob Marley estaba escribiendo una canción sobre los Clash! Le preguntamos si quería trabajar con nosotros en un par de canciones y el dijo que sí”.

Las sesiones de grabación tuvieron lugar en los estudios Sarm Street, ubicados en una vieja casa victoriana de Osborn Street, el lugar del primero de los asesinatos de Whitechapel en 1888. Los lamentos de las víctimas de Jack The Ripper atrapados en el tiempo se mezclaron, aquellas tardes del verano de 1977, con los rugidos de ‘The Prisoner’, ‘White Man in Hammersmith Palais’ (que quedó inacabada), ‘Complete Control’ y una versión del ‘Pressure Drop’ de Toots and The Maytals .

Para la cara A del single que resultaría de aquellas dos sesiones, Perry elaboró una mezcla dub de ‘Complete Control’ que el grupo desestimó por su escaso valor comercial. Una decisión tal vez desafortunada (vista con el beneficio del tiempo), que varios hombres cercanos a The Clash tratarían de justificar años después. Roadent -roadie de Clash, Pistols y Siouxsie & The Banshees- aseguró que “su mezcla era una jodida gozada. Era como en el álbum ‘The Upsetter’, ese LP cubierto por brumas y niebla, y que superpone capas y capas. Era como quedarte enmarañado en el sonido, pero hubiera sido inaccesible para la mayoría de la gente. Así que Mickey Foote lo retocó”.

Foote también está de acuerdo en que la mezcla de Perry era “alucinante”, pero –en sus propias palabras- “era demasiado profunda, ponía demasiado énfasis en las notas más bajas. Era demasiado grave, con demasiado eco. Así que remezclé la canción y subí las guitarras. Pero no la volvimos a grabar”. Una pena que Strummer y compañía no consideraran, al menos, dejar la versión perruna para la cara B del single.



El single con 'Complete Control' en la cara A y 'City of The Dead' en la cara B llegó a las tiendas el 23 de septiembre de 1977. Aquel fue el primer sencillo de los Clash que llegó al top 30 en el Reino Unido. 'Complete Control', además, fue incluida en la versión americana del álbum ‘The Clash’, y Lee Perry fue acreditado como productor. El resto de las canciones paridas aquellos días de verano en Whitechapel (‘The Prisioner’ y ‘Pressure Drop’) se pueden escuchar en el recopilatorio de 1992 ‘Super Black Market Clash’, versión expandida del EP homónimo. La mezcla de Perry, por lo que me consta, sólo existe en la memoria de los supervivientes de aquel encuentro interestelar.

Lee Perry, que nunca había trabajado en una mesa de mezclas tan grande, cobró 2.000 libras por las dos sesiones de grabación que condujo. De paso, se llevó un pequeño tesoro de sus nuevos amigos blancos, la palabra “rubbish” (basura). Los que vivieron aquella grabación recuerdan al menudo productor bailando y haciendo movimientos de kung-fu al grito de “rubbish, rubbish, rubbish”. De vuelta a Jamaica, Scratch concedería a The Clash el honor de ser los únicos músicos blancos dibujados en las paredes de sus estudios Black Ark.

Meses después, Bob Marley grabaría ‘Punky Reggae Party’, esa canción dedicada a The Clash, The Jam y demás muchachada punk, que serviría como cara B del single ‘Jamming’. Lee Perry, por supuesto, firmó como productor de aquel tema que, años más tarde, serviría para titular un LP de los vitorianos Potato, una de las muchas bandas que se formaron en todo el mundo al rebufo de aquel hermanamiento entre reggae, punk y calle que había liderado The Clash.

Pero no salgamos de la capital británica. Cuatro años después de aquel verano -y dos discos de The Specials mediante- Madness cerraba su tercer álbum, ‘7 ’ (1981), con 'Day On the Town', un paseo estival por la ciudad del Big Ben. Su última estrofa rezaba: “Summer in London, the weather man said / Waking up late, got to get out of bed / So much to do, got to go everywhere / A day on the town and not pay the fare / Riots in London”. Ellos no lo sabían, pero estaban narrando las raíces de su propia historia. Disturbios, reggae y un verano en Londres. Policías y ladrones. Jamaica se había instalado para siempre en el ADN de la música callejera de la Gran Bretaña.

lunes, 27 de junio de 2011

lunes, 5 de octubre de 2009

Ja qué noche por Demian

Un fantasma recorre Europa, ¿sólo uno?


Una pesada sombra cae sobre la vieja Europa, esa huraña dama que pega a sus hijos y no reconoce a sus vástagos más allá de su relación matrimonial con el capital. Aquella noche Gloria y un servidor habíamos quedado con Mar. La encontramos esperándonos, y juntos cruzamos desde Callao al otro lado de la Gran Vía, parloteando sobre donde echarnos unos potes. Entre la fauna que puebla esa arteria de más de cien años de edad, se encuentra lo más granado de la estampa madrileña: putas, los hermanos heavys, el señor que vende poemas, los chinos y los limpiabotas; el Dunkin’ Donuts, el Starbucks, el Paraíso del Jamón y todas las cadenas del mundo.

En medio de los que iban y venían observamos una chavala en cuclillas con una bandera de Australia, unas velas, un bafle enorme, y un tablero de ajedrez. Al quedarnos los tres viéndola, comenzó a hacernos gestos, proponiéndonos que jugáramos con ella. Mientras discurríamos la situación, un chaval joven se situó como otro “player”. Arrancó la partida con una furia inusitada. Resultó ser el combate de boxeo mental más espectacular que he visto en mi vida. Las piezas caían una tras otra. Cada vez más gente se arremolinaba para ver la contienda. En unos carteles escritos en inglés, aclaraba que tenía que recaudar pasta para ir a ver a su madre en Madagascar, que era la campeona del instituto, pero que no jugaba por pasta, que la pasta era voluntaria de quien quisiera ayudarla. La tía conectó un Ipod al bafle y comenzó a pinchar rock. En el último momento remontó la partida, y cuando estaba arrinconada supo reaccionar, concentrarse y vencer. Los aplausos se sucedieron con admiración.

Tras presenciar aquel espectáculo único nos fuimos admirados de la propuesta. Pusimos rumbo al “Bar del Viejillo”, como le llamamos nosotros. Un lugar donde degustar una jarra de sangría, y algunos manjares como tortilla de patatas y callos por un precio más que razonable. El establecimiento está regentado por un amable señor, salido del Siglo XIV, que atiende su tasca con esmero y dedicación. La decoración se centra en mecheros polvorientos con más historia…Billetes de muchísimos países, de algunos que ya no existen y de otros que nunca existieron. Pedimos lo de siempre. La clientela, la habitual, adolescentes calimocheros y gente maja. Por azares del destino, yo me senté de cara a la puerta. Nada más trocear la primera tortilla y llegar los calamares a la mesa comenzaron a entrar nazis. Gloria y Mar estaban de espaldas y no podían verlos. Comencé a ponerme blanco y ellas se reían. Entonces caí en la cuenta que mi camiseta rezaba en euskera “Herriak Bizirik, solidar@s con Itoiz”. Mar y Gloria me miraban con extrañeza, tardé en reaccionar. Por lo bajini, conseguí que miraran, pagáramos la cuenta y saliéramos de allí.

De allí pasamos a una plaza de Malasaña, donde nos unimos a un botellón espontáneo. La policía llegó a los cinco minutos echando a la gente y tirando los botes de cerveza. Entre lo patético y lo indignante, nuestro pequeño receso de media noche era segado por el brazo absurdo de la autoridad. De camino a una parada de autobús fuimos quitando pegatinas de Falange auténtica, no auténtica y medio auténtica. Así le dimos mate a la noche, nos reímos un poco de la vida y nos fuimos a sobar.

El otro día me acordé de las veces que vimos en la videoteca de la facultad “El Secleto de la Tlompeta”, cuanta verdad necesaria encontramos y recabamos en los momentos surrealistas para poder enfrentar una realidad tan absurda.

(Nota: Demian ha abierto su propio blog, visiten sin falta La Ciudad a Poniente)

lunes, 27 de abril de 2009

Último sueño de invierno
por La Panotxa

Llevaba cuatro noches consecutivas soñando lo mismo. Casas que ardían, llamas devoradoras, incendios incombustibles, todo bajo mi atenta mirada y yo, observador inútil, sin poder hacer nada. La impotencia del espectador.
Mi mujer siempre me calmaba diciendo que eran sueños nada más, que no tenía que preocuparme.
Pero yo me preocupaba. La intensidad de las llamas era tal, que algunas noches podía sentir el calor en la piel, aproximándose a mi cuerpo.
Aquél invierno estaba siendo especialmente duro. Nevadas y un frío helador que obligaban al ciudadano a calentarse la casa como fuera. Calentadores y estufas trabajaban a destajo, a veces incluso por encima de sus posibilidades, lo que había provocado en más de una ocasión incendios accidentales, con resultados lamentables. La televisión esos días no hacía más que informar sobre estos trágicos sucesos, llamas que irrumpían en la noche para despertar o dormir para siempre.

-Amets cariño, estás impresionado, eso es todo. ¿Quieres hablar con alguien del tema, para que te quedes tranquilo?

Mi mujer, Sua, hacía lo posible por animarme y restarle importancia a estas pesadillas, que me gobernaban y empezaban a dominarme. Durante el día había momentos que transcurrían tranquilos. En la editorial donde trabajaba me distraía con los pedidos y con el diseño de las portadas de los libros, pero hasta eso fue cambiando progresivamente. El recuerdo de mis sueños me atormentaba y a medida que la oscuridad se apoderaba del día mi inquietud comenzaba a aumentar.
Mis noches se empezaron a teñir de rojo, cada vez con más frecuencia. Me despertaba entre sudores y gritos, me palpaba las manos, el pelo, pensando que esta vez sí, ardía en una pira infinita.
Mi trabajo se vio repercutido, los dibujos que elaboraba para los libros, en su mayoría infantiles, se habían tornado siniestros, llenos de sombras amenazantes y de un fuego que se intuía, como una fiera a punto de saltar a por su presa.
Tenía miedo de la noche, miedo de soñar. Aunque me sentía tranquilo cuando Sua estaba conmigo porque ella siempre intentaba sosegarme. Era mi bálsamo. Aunque no entendiera muy bien lo que me pasaba, estaba ahí para despertarme y recordarme que todo era un mal sueño.
Pero tres días a la semana, ella se tenía que ir; trabaja en una firma de cosméticos y estaba en plena época de campaña, viajando por todo el estado.

-Me quedo contigo, les diré que estoy de baja, que me encuentro fatal…
-No no, de verdad, estaré bien, no te preocupes.

Pero en el fondo estaba aterrorizado, porque las noches que estaba solo en la casa, mis sueños aumentaban. Veía arder pisos, llamas que salían por las ventanas, gente que gritaba, humo, y yo en medio de todo, sin saber qué papel tenía, pero por alguna razón, me sentía responsable. Como si de alguna manera fuera yo el que los provocaba.
Las noticias de incendios en las casas empezaron a aumentar, y se temía que no fuera solo a causa del mal estado de la instalación eléctrica. La duda se instaló en mí como un parásito que me corroía por dentro, que invadía mis pensamientos, que enturbiaba mi alma, mi conciencia.
¿estaba yo provocando los incendios?
De qué forma maligna estaba involucrado, ¿había relación entre lo que soñaba y lo que estaba pasando?
¿Era yo, sin saberlo, un pirómano?

Una noche sin luna, tendría aterradora respuesta a mis incógnitas.

Soñaba de nuevo, llamaradas incontroladas se apoderaban del espacio, se acercaban, sentía el infierno a mi lado, avanzando y el ruido era insoportable y el olor, era tan real….
Abrí los ojos de repente, de par en par, no podía creer lo que estaba pasando. Todo mi cuarto ardía, las llamas me rodeaban, las cortinas, la mesa, la cama empezaba a combustionarse, no había salida!
Miré a la puerta y allí la vi.
Mi mujer, detrás de las llamas, con una mirada diabólica, sostenía un bidón de gasolina.

- Amets cariño, quien sueña con fuego, acaba quemándose.

Nota al lector, lectora: Los nombres de los personajes son vascos. En euskera, Sua significa fuego, y Amets quiere decir, sueño.

viernes, 24 de abril de 2009

Canciones para pasear por la ciudad

Mientras resuelvo un par de cuentas pendientes que tengo con dos ilustres colaboradores de esta santa casa, he querido recuperar una vieja mixtape recopilada hace ya un par de años (2007, qué lejos quedas) por estas mismítas fechas. Entonces la bauticé como 'Canciones para pasear la ciudad' y recomendé a todos los que se la regalé que hiciera caso del título. A vosotros, os recomiendo lo mismo (a los que no viváis en la ciudad, también). Y por eso, esta vez también dejó la mezcla en versión descarga directa aquí. Hacedla un hueco en vuestro reproductor mp3 y gozad.

Espero que la disfrutéis tanto como lo acabo de hacer ahora al escucharla de nuevo. Los sentimientos que la inspiraron, grabados a fuego en la textura de cada canción, eran otros, igual que la ciudad por la que pasear, pero el espíritu permanece y se puede resumir en una palabra: guasíbilis.

Si hace falta tracklist, estaré encantado de facilitarlo.



Pd. 'Rosa también abandonó la ferretería' me empieza a molar como título para una futura mixtape.

domingo, 22 de marzo de 2009

El asunto de la ciudad


Aunque se le suele etiquetar como “novela gráfica”, Watchmen fue una serie de doce comic books publicados entre septiembre de 1986 y octubre de 1987, que aprovechaba la historia de varios superhéroes jubilados a la fuerza por el gobierno de Estados Unidos para hablar del arte, de la metrópolis del siglo XXI, del tiempo y los recuerdos, de la soledad, el amor, el vacio, la justicia, los políticos, el mundo, las guerras, la vida, la muerte…

Quizá una adaptación televisiva de doce capítulos hubiera funcionado mejor que una película, que tanto se presta a la crítica fácil. Lo cierto es que hay un esfuerzo enorme detrás de la adaptación. Y mentiría si dijera que no tiene partes realmente disfrutables. Especialmente para alguien que haya leído y disfrutado el comic.

En mi opinión, es un gran homenaje, pero una película fallida. Y yo lo achaco al asunto de la ciudad.

La Nueva York del tebeo era una ciudad sucia, desquiciada, desesperanzadora, gris, opresiva y triste. El centro de la diana a la que el holocausto nuclear apunta sus dardos. Un matadero gigante y sin futuro lleno de seres humanos extraviados en el devenir de los tiempos. La de la película, sin embargo, me resultó un decorado gigante de cartón piedra, muy caro y vistoso, en el que casi se podían intuir las cámaras y sus operadores, los micrófonos de jirafa colgando del techo y los largos pasillos entre las paredes falsas que hacen las veces de edificios, llenos de cables y atrezo.

Se pueden robar las historias. Cada uno de sus detalles, por nimios que resulten para el conjunto, con el noble propósito de ser fiel. Pero es imposible robar el alma de una obra. Todas las adaptaciones deberían tener una propia. Un nuevo corazón que bombee sangre a cada parte del relato. Una ciudad nueva donde puedas percibir las existencias errantes que habitan tras las paredes de las casas.

La Nueva York de la película estaba vacía, carecía de lo que Bart Simpson le vendió a su amigo Milhouse escrito en un trozo de papel por cinco míseros dólares. Y, por eso, Watchmen (the movie) no me gustó.

domingo, 1 de marzo de 2009

El sitio y el lugar por Martiperry

Hay momentos, únicos, en los que, realmente, sientes que estás en el momento y en el lugar adecuado. El pasado día 12 de febrero, viví un momento de esos. En realidad, fue media hora, desde las ocho y media hasta las nueve pasadas de la mañanika. La vieja Iruñea había despertado con un río Arga completamente desbordado. Al llegar al curro, el jefe, críptico: "Tira pá bajo que el Arga está inundado".

Agarré la bici y llegué el primero de todos los medios de comunicación. Resulta que en todo el S-estao español, el nuestro era el sitio más inundado, y todos los noticieros de las tres abrieron con esta noticas. Pero yo había llegado primero, en el momento en que los currelas iban al curro, y bajaban la cuesta desesperados, se descalzaban, y cruzaban las aguas en busca de su mojado, mojadíisimo, buga.

Descansen en paz las mecánicas almas de los ahogados coches pamplonikas. R.I.P.












¿Me echas un capote?

martes, 24 de febrero de 2009

Nos comemos la noche por Napartheid

Este es un breve relato de una noche cualquiera, en un lugar a elegir por el lector y con músicas y compañías a decidir por el que la disfrute. En este caso, la famélica historia tiene a la Vieja Iruña como telón de fondo. Con su gente, sus contradicciones y sus encantos. Todo ello batido y demasiado resumido. Vamos, para no aburrir. Que cada uno eche imaginación y traslade (si quiere y le interesa) el relato a sus propias experiencias.

La historia de aquella noche comenzó como cualquiera de las muchas que había vivido antes. Afeitado a última hora, carrusel deportivo en la radio, despedida de mis padres con la típica frase de “hasta mañana”, y a la calle con la sudadera por el hombro, que comenzaba a hacer calor. Lo primero es lo primero. El piso de mi colega Ramón es centro de reunión. Allí, más que todo, es el speed lo que nos une. Para qué engañarnos. Conversación tonta. Monótona. Como despistando. Él quiere venderme la pelota y yo quiero pillarla y largarme de allí cuanto antes, que la noche de Iruña me espera. Y así es, disimulando, que hay otros dos conocidos viendo la tele con él, me da los cinco gramos de costumbre. Pago, me dice que es cojonudo, que viene de la Ribera, y, hala, a la calle.

Lo importante es quedar con la cuadrilla. Nabarreria es nuestra primera parada y fonda. Aquella plaza, tontamente conocida porque las guiris, pecho al aire, se lanzan en Sanfermines; es mucho más que esa postal comercial y asquerosamente idiota. Croquetas, patatas bravas, bocatas en el Mesón… y llega la hora del postre. Iñaki, Ander, Carlos, Leire, Maite, Rubén y Aitor son compañeros de fatiga. “¿Quién quiere una?” “Yo, yo, yo, y yo”. Siempre ha sido así. La primera es la mejor. Cola para el baño y todos tan contentos. Cubata va, cubata que viene y ya estamos entonados. La calle es ahora nuestra aliada, nos hace guiños, como llamándonos a que nos la comamos a bocados. Y así es. Como diría Sabina en su canción “parecemos la cuadrilla de la muerte”. Antes de entrar a la calle Jarauta, la primera en la frente. Los munipas están dando una buena mano de hostias a dos txabales que ponen carteles animando a la gente a que participe en las fiestas del barrio. Barcina las ha prohibido. Vamos, como siempre. El fascismo actúa de noche, de día y con premeditación y alevosía. Cuatro gritos de rabia, y a correr, que los Nacionales saltan enseguida y ya están en la plaza.

Bueno, nosotros a lo nuestro. Suena el punk, primeros compases. Piperrak, Tijuana In Blue y algo de La Polla. Primeros empujones. Primeras miradas. Parece que los tres skins de al lado no les sienta bien que nosotros peguemos más hostias bailando que ellos. No pasa nada, son colegas, de vista, pero conocidos. Hemos viajado juntos con Osasuna a muchos campos. Todo acaba con la cuadrilla y estos nuevos compañeros de noche apoyada en uno de los muchos rincones que la Vieja Iruña guarda para nosotros. Allí, nueva ‘rascada’. Ritual. Tarjeta, alguien que haga un turuto. Comentarios chorras. Y venga. De nuevo enchufados a la luna. Abandonamos estos bares y nos vamos a otros. ‘Caldera’ nos acoge. Aquí, más cerveza, algunos siguen con sus cubatas.

Claro que sí!!! Aitor y Rubén siempre visitan el Iris. Pues allí que vamos. Ahora el guitarreo pesado y contundente del heavy metal es el ingrediente perfecto para abstraerse un poco. Iñaki saca otra bolsa. MDMA. Chupetón. Subidón inmediato. Quien me iba a decir a mí que un melenudo moviendo la cabeza con Black Sabath y Helloween me iba a hacer gracia. Joder, ¿quién dijo que el alcohol y la anfetamina eran mala mezcla? Ya vale de heavy. Llega la hora del ska!!! Sí señor. Qué pocos bares quedan que nos pongan Two Tone!! Bueno Skalariak y los Discípulos de Otilia también valen, claro que sí. Aún recuerdo un concierto de los Skatalites… joder!!! Otro subidón!!!

Ya son las 5 de la mañana, vamos como motos y la política es ahora lo que mueve nuestras conversaciones. Ahora suenan los Koma y Barricada. Las viejas glorias nunca mueren. “Me han llamado, barrio conflictivo…”. Al Terminal. Berri Txarrak resuena en mi cabeza. Joder cómo atruenan. Ni que decir tiene que no vamos a arreglar el mundo hasta las orejas de speed y MDMA. Eso se hace al día siguiente, en la manifa que ha convocado la Gazte Asanblada para protestar porque han desalojado a la gente del gaztetxe. De eso va la charla. ¿Se puede mezclar compromiso activo y juerga? Yo creo que sí. Pero el debate sigue ahí.

Dos o tres bares más, un poco de Fermín Muguruza, de Marea y de Extremoduro. Los superventas siempre son los más coreados por el bar. Nos echan de los garitos. Queda poca bolsa. Un par de subnormales buscan jaleo a la entrada del Ertz, un bar que pone house. Que les den por el culo. A ellos y a los bares Bisbalianos en los que hay que hacer cola para entrar. Esta es la Iruña que quiere UPN. Preferimos terminar la noche tirados en unos jardines (hierbines en ‘navarro’). A quemar las últimas naves. Se va haciendo de día entre chistes, vaciladas y unas latas de cerveza compradas en un chino cercano. La birra ya me amarga la garganta. Los currelas de FCC nos invitan a largarnos de allí.

El piso de Maite es nuestro último refugio. La gente se va retirando. El sol molesta en nuestras retinas. Alguien coge un cartel y se lo pone en el cuello, estilo pañuelo palestino. “Cuánto daño han hecho los palestinos rosas de Berska hechos en China!”, reflexiona Iñaki. El sofá es nuestro amigo. La música de fondo, y el que pueda dormir, que duerma. El que no, ahí tiene la bolsa de farlopa pillada a última hora. Vamos cayendo. Otra noche más. Otra batalla más. Nos hemos comido la noche, pero la sensación es que todo sigue igual. Que la rutina comienza a agotar. Que las resacas, como cantaba uno que no quiero nombrar, me duran más tiempo. Que ya no hace tanta ilusión, pero uno sigue disfrutando igual. La noche es nuestra amiga.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Gracias por tu paciencia
por Demian

(Nacido en democracia #02, 2ª temporada)

Hay palabras que resuenan como balas en nuestros cerebros, los cuales se arrugan como pasas ante determinadas afirmaciones. Algunas son como látigos que nos acompañan toda la vida. Como la discusión eterna que me persigue sobre el catalán y el valenciano. Honestamente no puedo más. Ya no quiero que se repita más. Es como una pesadilla, un dolor, un castigo. Lo último fue un tipo que me dijo que eso del catalanismo era una invención del imperialismo de Jordi Pujol. Que eso de que se viera TV3 en el país valenciano era una invasión cultural de Pujol. Me pareció sangrante que dijera aquello. Insólito. Acabé harto cuando aquel elemento se alzó de experto en nacionalismos en el Estado español por haber tenido una novia abertzale. Siendo él como es de Soria, me cabreé.

Tan harto acabé que ya no pienso discutir ya nunca más sobre el tema, paso.

En los tiempos que corren el arte de la dialéctica se ha deslizado como un río por las alcantarillas de una ciudad para verse convertido en un escaso líquido putrefacto. Aunque cabe destacar que el otro día tuve en el trabajo un interesante y acalorado debate con otro avezado freaky. Música yankee o británica. Blue Cheer o Black Sabbath, Blue Oyster Cult o Deep Purple, Death Kennedys o The Clash. Ambos coincidimos en que Queen era un grupo denostable, aunque yo maticé que algunas canciones merecen la pena. También llegamos a buen puerto sobre la buena aportación de The Cult, y ante todo admitimos a The Who, Grant Funk Railroad, Creedence Clearwater Revival, The Doors, Led Zeppelin como algunos puntos de encuentro.

El cine casi siempre resulta un rico campo donde uno puede presumir de cuan experto es, de lo definitivas resultan nuestras opiniones, y de lo mucho que uno sabe acerca del séptimo arte. Algunas típicas son: Hitchcock, el de Vértigo o el de Con la muerte en los talones, Dreamwoks o Pixar, Spielberg héroe o villano, Soderbergh no gracias, Tarkoski o Kurosawa, etc.

Da igual lo que se piense en realidad, y también lo que se diga o diga nuestro interlocutor, lo importante es mantenerse en un pedestal y agitar la mente genitalmente. En los centros de trabajo se aprecian cualidades no relacionadas precisamente con estos temas. Así que, tampoco son muy recomendables, la gente se defiende de la vida como máquinas de etiquetarlo todo. Y al final, nadie pretende saber demasiado.

Madrid es jodida pero tiene cierto encanto en su monstruosidad. Tiene un agua excelente, tanto, que Esperanza la va a privatizar. Todo es tan emocionante aquí, con tramas de espías y mafiosos de traje y etiqueta incluidos, llenándose los bolsillos de dinero y la boca de mierda. Lástima que aquí no tenemos ningún Guy Ritchie para poder divertirnos con ello. Está el cine de caro como para ir a ver películas españolas.

La intensidad no radica en la forma sino en el fondo, aunque no creo que ni siquiera valga la pena que alguien se lo diga a los interesados. Cuando uno vive subvencionado, todo eso y mucho más, importa bastante poco. Viva el Sahara, Palestina y No a la guerra si yo me manifiesto. Últimamente he reparado en el hecho de que los bancos son muy aficionados a llevar a cabo exposiciones fotográficas que versan sobre la pobreza y la miseria en el mundo. Y yo me pregunto, ¿Quién es el freaky aquí?

El frío parece durante unos días haber aplacado un poco los nervios de Madrid este invierno. A menudo el ambiente es tenso en el trabajo, creo que me hacen el vacío muchos compañeros. El día que nevó me sentí como Bart Simpson cuando que rezó para que se suspendiese un examen al día siguiente. Los currelas vamos mayoritariamente en metro así que no tenemos excusa para el absentismo. En cambio, fue curioso ver como los jefes uno tras otros no acudieron. Claro, no pudieron llegar a causa del temporal. Sus lujosos coches no están preparados para las inclemencias del tiempo. Por lo demás la dinámica de tener o no tener curro siempre es la misma, esta ciudad es implacable con los parados e insufrible para los que trabajan.

martes, 9 de diciembre de 2008

Feria del disco vasco #05

Eskorbuto, 'Primeros ensayos 1982' (1982)

La de Eskorbuto es una larga historia que, por fortuna, podemos comenzar a contar justo por el principio (el disco, por cierto, ocupa la posición 82 de nuestra lista de discos vascos):

Santurtzi (Euzkadi), 1980

La leyenda de Eskorbuto se comenzó a gestar en el bar Jandros, garito porrero y rockero del Santurce de muy principios de los 80. Y creo que es muy importante detenernos, por unos instantes, en este pueblo portuario de la margen izquierda de la Ría del Nervión. A todos nos suena, claro, de aquella vendedora de sardinas de la canción que iba todos los días hasta Bilbao “por toda la orilla” (catorce kilómetros, creo). Pero el verdadero espíritu de esta villa portuaria es más sucio y oscuro que la vitalista melodía de la canción de marras.

Pasa en esta ría que divide en dos márgenes completamente opuestas el Gran Bilbao, que los burgueses viven a un lado (el derecho) y los obreros al otro (el izquierdo). Y aún hoy, lejos de las épocas más clasistas de décadas remotas del siglo XX, hasta un niño de cuatro años podría ver las diferencias entre el aspecto de los edificios de ambos lados de la ría. Y, porqué no, también entre los estilos de sus gentes. Y no diría esto tan a la ligera si no supiera que, por lo general, los habitantes de una parte u otra llevan con bastante orgullo (no sé si de clase o qué) ser de una franja u otra.

La imagen más clara que me viene al pensar en la Márgen Izquierda, donde ahora nos encontramos, la resumen un puñado de memorias de los viajes en tren desde Santurce, precisamente, hasta Bilbao en mi primer año de carrera. Las viejas fábricas abandonadas, los Altos Hornos de Vizcaya en ruinas, que antaño significaron la prosperidad de la zona, donde tantos extremeños, castellanos, andaluces y gallegos emigraron y donde tanto se sufrió la desindustrialización de los 80. No sé hasta qué punto el metro, todavía en construcción, habrá cambiado la ubicación del trayecto con respecto a las viejas vías. Pero aquel es uno de los recorridos más guapos que uno puede hacer por la zona.

En lugares como esta zona gris, extrarradio bizarro de una ciudad pequeña, el punk más fiel a los viejos principios campaba a sus anchas. Aquí donde el “No Future” era más que un eslogan, una forma bastante fiel de interpretar la realidad, nació el grupo más punk (en opinión de quien esto narra) de la historia del género. También porque en esta zona de Bizkaia existieron (y existen) fricciones y motivaciones políticas muy arraigadas en la sociedad (antes, supongo, más que ahora) y la heroína como problema social y juvenil, tenía igualmente todas las papeletas para explotar cual coche bomba en la puerta de una discoteca.

Todos estos factores, entrecruzados en la historia de este sitio por motivos tan complejos como poco caprichosos, hicieron posible un grupo como Eskorbuto. Pero, si perdonáis la pasión de este aprendiz lenguaraz, volveré al Jandros, donde pinchan una canción de los Doors o los Who y se respira a haima mora. En una mesa están sentados Iosu Expósito, Juanma Suárez y Roberto Moso; a los que puso en contacto el mercado negro de hachís y ha acabado uniendo la música.

De izquierda a derecha, Paco, Juanma y Iosu.

Llegados a este punto, nos tenemos que referir al libro ‘Flores en la Basura’, escrito por éste último, para ilustrar la historia con un relato de primerísima mano. Primero habla de Iosu:

“Era rubio, melenudo y con barbas. Llevaba una chamarra roja ceñida con cuadros blancos, unos vaqueros resobados y unas camperas machacadas. Portaba también una guitarra llena pegatinas, la más grande de todas me puso en guardia enseguida: era la “diana” de los Who. Era la viva imagen de un rockero-macarrilla de barrio. Sus ojos azules tenían un brillo de malicia. En efecto, me había pillado.

Encontrar entonces adictos a la distorsión no era tan sencillo. Los enganchados al rock & roll nos olfateábamos y nos juntábamos como bestias en celo pero lo de Josu era único. Para contarte tal o cual episodio de la historia de los Who emulaba una por una la puesta en escena de todos los componentes. Recuerdo representaciones entusiastas en el portal de mi casa y vecinos aterrados que creían que le habría dado un ataque de epilepsia. Pete Townshend, Keith Moon, Roger Daltrey y hasta el soso de John Entwistel se reencarnaban en su nerviosa figura, y como buen mitómano, era el doble de espectacular que ellos.

Josu se había fumado todos los “Popular 1” y todos los “Disco Express” del mundo y recreaba también toda aquella literatura como Alonso Quijano hacía con los libros de caballerías. Aquella pobre guitarra recibía golpazos constantemente y nunca se rompía, si acaso le ponía otra pegatina sobre la grieta y en paz. Parece que lo estoy viendo, marcando acordes y activando la púa a velocidad de vértigo, siempre con un cigarro entre los nicotinosos dedos. Josu y yo pasábamos largas horas soñando otros mundos con más acción y más interés pero Zarama se le acabó quedando pequeño(…)”.

Y luego de Juanma:

“Juanma era alto, con cara redonda y melenas a lo Jim Morrison –de hecho le encantaba el “Roadhouse Blues”– pero lo que realmente le iba era la “química”. Para hacer un estudio sobre los efectos de cualquier sustancia, nada mejor que tomar apuntes después de estar con él una tarde. Juanma era de otro barrio heavy de Santurtzi: Kabiezes, por alguna extraña razón, los que bajaban de allí eran auténticos kamikazes del pastilleo, vivía cerca del cementerio y siempre se le notó. Le encantaban los temas escabrosos. En un momento de auténtica crisis en nuestra banda, Juanma y yo nos pusimos a fantasear con la posibilidad de montar otra. En aquellos días estábamos enganchados con los Ramones y pensábamos hacer algo así: fácil, rápido, directo”.

Roberto Moso haría carrera en su grupo de toda la vida, Zarama, pero además de cronista casi oficial, también puede presumir de haber bautizado a la banda:

“El nombre surgió sin más, porque sonaba “como si vomitas al decirlo”: “Eskor...¡BUTO!”, y después de hacer unas risas con la ocurrencia, Juanma apareció al día siguiente diciendo que había tenido sueños delirantes con el nombre y le parecía perfecto”.

Y continúa:

“La mecha eskorbutiana estaba ya encendida y la llama se dirigía imparable hacia el barril de pólvora. Juanma, Josu y Laiki ficharon a un batería de Kabiezes –apodado el “Gu”– y pusieron en marcha la leyenda. Josu aportaba sus visiones apocalípticas, sus sueños febriles de imposibles revueltas sociales, su orgullo de generación, de barrio y sobre todo, aunque resulte chocante hablando de un grupo punk, su instinto comercial, su extraordinaria capacidad para crear canciones himno de estribillos contagiosos. Juanma, por su parte, aportaba las pesadillas. La vieja que le atormentaba en su infancia, la tierra dominada por los dinosaurios, los muertos, obsesivamente presentes en toda su obra”.

Y si queréis saber más, acudid al link del libro referenciado (aquí está el del capítulo V: Eskorbuto), que para eso se ha colgado íntegra en la red.

De momento, nos quedamos aquí en la historia de Eskorbuto, que volverán a aparecer en esta lista. Lo escrito más arriba sólo pretendía evocar parte del espíritu de aquella época. Así, puede que los temas elegidos sepan todavía mejor. Eran jóvenes, relativamente sanos y todavía no se habían desengañado de absolutamente de todo. Las muestras sonoras no tienen demasiada calidad, pero suena bien, suena a rock'n roll, suena a mítico.

Ésta tiene título profético:


Tema de bizarro comenzar.


Una instrumental que parece surf y la hostia(!)




viernes, 7 de noviembre de 2008

¿De que me suena Chicago?

Pues, el último presidente estadounidense electo, Barack Obama, pronunció en el Grant Park de esa ciudad del estado de Illinois su primer discurso tras conocer el veredicto de las urnas. Este evento histórico congregó a más de cien mil personas. Muchas ya celebraban la victoria de su candidato horas antes de que el hecho fuera oficial.

Esa noche de noviembre fue sorprendentemente cálida para un lugar situado tan al Norte del planeta (7º más al Sur que París).



Sin embargo, gracias al lenguaje internacional del deporte, la mayoría pensará en el equipo de baloncesto local: Chicago Bulls, que vivió el mejor momento de su historia cuando muchos de nosotros éramos solo un puñado de preadolescentes felices e incautos. Scottie Pippen, Michael Jordan y, más tarde, Dennis Rotman y el croata Toni Kukoč fueron algunos de los muchos dioses de la canasta que sumaron seis anillos de campeones en ocho temporadas.

Y los amantes del Trivial sabrán que la Downtown area (como los americanos llaman al centro) de esta urbe, cuya área metropolitana es de nueve millones de habitantes (la tercera del país), es la más alta de Estados Unidos. De hecho, Chicago es considerada la cuna del rascacielos.

Por mucho que la cultura popular nos haga pensar en Nueva York en este sentido, aquí se encuentra el edificio más alto de USA: Sears Tower con 442 metros (527 contando la antena), que fue también la cumbre edificada del mundo entre 1974 y 1998.

Santiago Calatrava, ese arquitecto que va haciendo amigos allá donde planta uno de sus puentes, ha modelado el Chicago Spire, que medirá 610 metros y estará listo en 2010.

Precisamente la imagen del skyline chicagotarra quedó grabada a fuego para los amantes de la sobremesa de Antena 3, gracias al primer plano de cada capítulo de Family Matters, teleserie conocida como Cosas de Casa en España. Esa que todos recordaréis si mentamos el nombre del nerd afroamericano por excelencia, Steve Urkel, o del entrañable Waldo Faldo, personaje negro de televisión favorito de mi abuelo (en serio).


Pero las peripecias (muy disparatadas según fueron avanzando las temporadas) de la familia Winslow no fueron las únicas narradas en formato sitcom y con la ciudad de Chicago como telón de fondo.


También Punky Brewster, aquella de la niña abandonada en un centro comercial y adoptada por un viejo fotógrafo viudo y solitario, Henry Warnimont (interpretado por George Gaynes, el Comandante Eric Lassard en la infumable e interminable saga de Loca Academia de Policía).

Soleil Moon Frye, la bella damisela de ahí arriba a la derecha, era la niña de las coletas. A veces, como veis, el tiempo no pasa en balde.

También vive en esta ciudad nuestro amado Al Bundy, padre de aquella familia disfuncional cuyas aventuras narraba la sublime Married… With Children. El maestro Frank Sinatra ponía la Voz a la canción de apertura. Cantad conmigo: "Love and marriage... Love and marriage...".


Poco aportan las teleseries, sin embargo, a definir el carácter y peculiaridades de la ciudad. Para eso, mejor buscar en el cine:

La industria del pinball tiene su capital en Chicago. Este modelo está dedicado a la película de abajo.

In Old Chicago, Oscar a la mejor película en 1937, recreaba los días del incendio de 1871 (el Great Chicago Fire), que duró tres días, y arrasó cuatro millas cuadradas de terreno urbano.

Tal para cual...

Más sonará otra historia un poco más cercana en el tiempo. La de la ley seca, Al Capone, la matanza del día de San Valentín, Eliot Ness, sus intocables...

Hubo serie de televisión y película de Brian De Palma (que también homenajeó indirectamente a Capone en Scarface y que ahora ultima una precuela de Los Intocables que se centrará en el mafioso), protagonizada por Kevin Costner, en el papel del policía, y Robert de Niro como el mafioso.

Entre los altos edificios del centro de esta metrópoli mítica de los yu-es-ei, sus restaurantes más pijos, museos y fiestas populares, Ferris Bueller pasaba las piras de su último año del instituo.

Ferris Bueller's Day Off fue la película teen de 1986, en España titulada Todo en un día. Matthew Broderick interpretaba al tipo con la cara más dura del instituto, amado por todos salvo por su hermana (la actriz de Dirty Dancing) y por el director del centro. A su lado, su novia Sloane y el apocadísimo de su mejor amigo, Cameron.

Todos quisimos ser Ferris la primera vez que vimos esta comedia, tener su encanto, su cuarto, sus gadgets, su potra…

John Hughes director de aquella película, ultrarrepetida en las tardes de los sábados de TVE 1 de los 80 y 90, considera el suburbio de Northbrook en Chicago como su casa. En su honor, inventó la ficticia ciudad de Shermer, localización de muchas de sus cintas: Breakfast Club (El Club de los Cinco), Weird Science (La mujer atómica)...

Su gran cinta infantil, Solo en casa, también estaba ambientada en otro suburbio de la ciudad: North Shore.

Por Chicago pasaba Cary Grant, un hombre acusado de un crimen que no había cometido, en North by Nortwest (Con la muerte en los talones), firmada por Alfred Hitchcock.

En esta ciudad de arraigada tradición musical también se ambientó la versión cinematográfica de High Fidelity (Stephen Frears).

Y ya que hablamos de música, por supuesto, los (ficticios) hermanos Jake y Elwood Blues eran (ficticiamente) de Chicago. Los excepcionales Blues Brothers, que tuvieron versión cinematográfica, publicaron discos y toda la pesca. En un fugaz plano de la peli, se puede ver a John Lee Hooker tocando su clásico 'Boom, Boom, Boom' en la mítica calle del blues en Chicago, Maxwell Street. Porque hay mucho historia musical relacionada con esta ciudad. Pero eso, lo contaremos más adelante.

De estos, afortunadamente, no hablaremos.