
Cuenta el cómico inglés Sacha Baron Cohen (en esta entrevista en el programa de David Letterman) que su trabajo es entrevistar a la gente más lista del mundo haciendo las preguntas más estúpidas. Habla de su experiencia como Ali G, un aspirante a gangsta-rapper que procede de Berkshire, corazón de la Inglaterra acomodada, se autodefine negro (de color de piel, se entiende), conjuga erróneamente el presente simple del verbo to be y ha tenido su propio show de entrevistas en el Reino Unido y EE UU. Sus entrevistados suelen ser personalidades mundiales de la cultura, la educación, la política, el deporte, altos estamentos religiosos... Entre otras muchas figuras, Ali G ha entrevistado a nuestro lingüista favorito Noam Chomsky, al ex secretario general de las Naciones Unidas Boutros-Ghali, al segundo hombre en pisar (presuntamente) la luna Edwin "Buzz" Aldrin (su primer pregunta fue qué se sentía pisando el sol y, después, si sentía envidia de Louis Armstrong por haber sido el primero en pisar el satélite), al político ultraconservador Pat Buchanan, al escritor Gore Vidal (al que Ali confundió con Vidal Sassoon)... Cómo consigue (o conseguía, mejor dicho) las entrevistas ha sido un secreto que Cohen nunca ha estado autorizado a revelar.
"La idea", cuenta Cohen sobre la entrevista con Buchanan, "es que en menos de un minuto (el entrevistado) se dé cuenta de que va a tratar con un capullo integral (...) Cuando ellos (los entrevistados) me ven entrar por la puerta, asumen directamente que estoy allí cargando con las cámaras o algo así. Me ven entrar al lado de un apuesto tipo inglés, que es el director, y asumen que va a ser quien les va a entrevistar. Cuando se dan cuenta que en realidad voy a ser yo, puedes ver como bajan las caras".
A Baron Cohen, sin embargo, no le bastaba con ponerse en ridículo y tal vez por eso inventó al ya conocidísimo periodista kazajo Borat, protagonista de una de las películas más salvajes de la última década, y al reportero gay austríaco Bruno; dos personajes con los que además ponía en serio peligro su integridad física. Como Borat, Baron Cohen ha cenado en asociaciones británicas de las buenas maneras levántandose a mitad de la comida para echar una cagada de cuarto de hora, ha departido con fervientes cazadores del zorro sobre la especial sensación que un hombre siente cuando mata a un animal indefenso, ha cenado en casa de cristianos ultras y ha invitado una puta a los postres, ha hablado sobre homosexualidad con rednecks que se felicitaban por las prácticas que en Kazajstán se llevan a cabo con los homosexuales (colgarlos del cuello), ha hecho guardar diez minutos de silencio en reuniones de votantes republicanos por una batalla entre su país y Uzbekistán que nunca tuvo lugar, ha intentado comprar un arma preguntando cuál sería la mejor opción para cazar judíos (la religión de Cohen la delata su apellido) y ha ganado un Globo de Oro a la mejor interpretación masculina de comedia o musical. Al final del discurso que el humorista (sin disfraz) hizo en la ceremonia de entrega de los premios dio las gracias a todos los americanos que todavía no le habían denunciado. Como Bruno ha asistido a festivales de música cristiana y a conciertos nazis. Y hasta ahí puedo leer.Aunque el propio Cohen lo niega, sus fakes (mentiras) son herramientas muy útiles para diseccionar la realidad mediática (especialmente la televisiva). El cómico británico nos recuerda que la televisión está llena de actores, ya se llamen Ali G, Risto Mejide, Matias Prats, José Luis Rodríguez Zapatero o Karlos Arguiñano. La diferencia es que unos se ponen disfraces más evidentes que otros. En ese sentido, Cohen, que se calza los disfraces más llamativos, es un genio. Conozco personas que habiendo visto sendas películas de Ali G y Borat no han llegado a relacionar al actor que interpreta ambos personajes.
El fake (o hoax) es un género de moda. En el cine, el género fake incluye las películas que toman la apariencia formal de un documental (voz en off, declaraciones de testigos de primera mano, recolección de evidencias en forma de artículos de prensa...) para hilvanar, en realidad, un relato ficticio. Se suele considerar que el fake hace hincapié en la impostura del propio género documental. Es decir, denuncia la falsa veracidad de los documentales (los lectores más fieles recordarán que ya hemos esbozado estas teorías). Basta con recordar la impagable Zelig, dirigida por el maestro Woody Allen: la historia de un camaleón (Leonard Zelig, que se vuelve su piel negra cuando se rodea de personas de descendencia africana, habla con acento pijo en reuniones de la alta sociedad, o aumenta de pesos en presencia de gente obesa) en una película camaleónica (una ficción revestida de documental sobre la vida de Leonard).
El fake es un género netamente metatextual, que nos enseña a leer los mensajes de los medios de comunicación, el cine... Zelig nos habla de la impostura del cine documental y Ali G de la impostura de la televisión. Y también pone en evidencia nuestra credulidad, en general, y nuestra educación mediática, en particular. Esto es, trata de señalar la verdad (no la verdad absoluta, sino otra realidad alternativa a la que se nos ha vendido) mediante la mentira. Y además, cuando está bien hecho, hace mucha gracia.
Seguramente les sonarán fakes míticos como el aviso de Orson Welles de que los extraterrestres estaban invadiendo la Tierra un 30 de octubre de 1938 desde los micrófonos de la CBS Radio, la película acerca de la falsa banda británica de rock'n roll Spinal Tap, las noticias falsas de Joey Skaggs... El fake, además, ha abierto nuevas puertas a la ficción televisiva con The Office, sitcom británica firmada por el fantástico tandem que forman Ricky Gervais y Steven Merchant.
Además del eurovisivo Rodolfo Chikilikuatre, personaje sabiamente jubilado esta misma semana, últimamente hemos sido testigos de varios fakes españoles que merece la pena reseñar. El primero, La hoja de Albacete, blog escrito por un tal Manchego que hasta hace pocos días formaba parte de la línea más dura del portal bitacorero Red Liberal (relacionen liberal con la línea más dura de la derecha española y con el nuevo partido de Rosa Díez, UPyD). En este post, el autor (o autora, mejor dicho) revelaba que los dos años de existencia del blog habían sido una pura farsa. Ninguno de los responsables de Red Liberal había caído en que, como algún comentarista ya advertían, el tal Manchego y sus ripias fascistas no eran más que un engaño, un tongo, una joda. La idea me encanta y creo que ha salido razonablemente bien.
También sigo muy de cerca este blog: Somos arios de pura cepa, que no han de perder de vista. Un fake en toda regla de un blog de supremacistas arios o nazis (o nancis, como ellos mismos insisten) que no esconde su condición de broma. Si disfrutan viendo como una panda de chalaos hacen bromas a partir de fotos de jóvenes fascistas españoles, no se lo pierdan. Pero recuerden, es todo mentira.

























