viernes, 6 de junio de 2008

Fakes, engaños, mentiras (y cintas de video)


Cuenta el cómico inglés Sacha Baron Cohen (en esta entrevista en el programa de David Letterman) que su trabajo es entrevistar a la gente más lista del mundo haciendo las preguntas más estúpidas. Habla de su experiencia como Ali G, un aspirante a gangsta-rapper que procede de Berkshire, corazón de la Inglaterra acomodada, se autodefine negro (de color de piel, se entiende), conjuga erróneamente el presente simple del verbo to be y ha tenido su propio show de entrevistas en el Reino Unido y EE UU. Sus entrevistados suelen ser personalidades mundiales de la cultura, la educación, la política, el deporte, altos estamentos religiosos... Entre otras muchas figuras, Ali G ha entrevistado a nuestro lingüista favorito Noam Chomsky, al ex secretario general de las Naciones Unidas Boutros-Ghali, al segundo hombre en pisar (presuntamente) la luna Edwin "Buzz" Aldrin (su primer pregunta fue qué se sentía pisando el sol y, después, si sentía envidia de Louis Armstrong por haber sido el primero en pisar el satélite), al político ultraconservador Pat Buchanan, al escritor Gore Vidal (al que Ali confundió con Vidal Sassoon)... Cómo consigue (o conseguía, mejor dicho) las entrevistas ha sido un secreto que Cohen nunca ha estado autorizado a revelar.

"La idea", cuenta Cohen sobre la entrevista con Buchanan, "es que en menos de un minuto (el entrevistado) se dé cuenta de que va a tratar con un capullo integral (...) Cuando ellos (los entrevistados) me ven entrar por la puerta, asumen directamente que estoy allí cargando con las cámaras o algo así. Me ven entrar al lado de un apuesto tipo inglés, que es el director, y asumen que va a ser quien les va a entrevistar. Cuando se dan cuenta que en realidad voy a ser yo, puedes ver como bajan las caras".

A Baron Cohen, sin embargo, no le bastaba con ponerse en ridículo y tal vez por eso inventó al ya conocidísimo periodista kazajo Borat, protagonista de una de las películas más salvajes de la última década, y al reportero gay austríaco Bruno; dos personajes con los que además ponía en serio peligro su integridad física. Como Borat, Baron Cohen ha cenado en asociaciones británicas de las buenas maneras levántandose a mitad de la comida para echar una cagada de cuarto de hora, ha departido con fervientes cazadores del zorro sobre la especial sensación que un hombre siente cuando mata a un animal indefenso, ha cenado en casa de cristianos ultras y ha invitado una puta a los postres, ha hablado sobre homosexualidad con rednecks que se felicitaban por las prácticas que en Kazajstán se llevan a cabo con los homosexuales (colgarlos del cuello), ha hecho guardar diez minutos de silencio en reuniones de votantes republicanos por una batalla entre su país y Uzbekistán que nunca tuvo lugar, ha intentado comprar un arma preguntando cuál sería la mejor opción para cazar judíos (la religión de Cohen la delata su apellido) y ha ganado un Globo de Oro a la mejor interpretación masculina de comedia o musical. Al final del discurso que el humorista (sin disfraz) hizo en la ceremonia de entrega de los premios dio las gracias a todos los americanos que todavía no le habían denunciado. Como Bruno ha asistido a festivales de música cristiana y a conciertos nazis. Y hasta ahí puedo leer.


Aprendan de los clásicos.

Aunque el propio Cohen lo niega, sus fakes (mentiras) son herramientas muy útiles para diseccionar la realidad mediática (especialmente la televisiva). El cómico británico nos recuerda que la televisión está llena de actores, ya se llamen Ali G, Risto Mejide, Matias Prats, José Luis Rodríguez Zapatero o Karlos Arguiñano. La diferencia es que unos se ponen disfraces más evidentes que otros. En ese sentido, Cohen, que se calza los disfraces más llamativos, es un genio. Conozco personas que habiendo visto sendas películas de Ali G y Borat no han llegado a relacionar al actor que interpreta ambos personajes.
Ellos tampoco eran hermanos.

El fake (o hoax) es un género de moda. En el cine, el género fake incluye las películas que toman la apariencia formal de un documental (voz en off, declaraciones de testigos de primera mano, recolección de evidencias en forma de artículos de prensa...) para hilvanar, en realidad, un relato ficticio. Se suele considerar que el fake hace hincapié en la impostura del propio género documental. Es decir, denuncia la falsa veracidad de los documentales (los lectores más fieles recordarán que ya hemos esbozado estas teorías). Basta con recordar la impagable Zelig, dirigida por el maestro Woody Allen: la historia de un camaleón (Leonard Zelig, que se vuelve su piel negra cuando se rodea de personas de descendencia africana, habla con acento pijo en reuniones de la alta sociedad, o aumenta de pesos en presencia de gente obesa) en una película camaleónica (una ficción revestida de documental sobre la vida de Leonard).

El fake es un género netamente metatextual, que nos enseña a leer los mensajes de los medios de comunicación, el cine... Zelig nos habla de la impostura del cine documental y Ali G de la impostura de la televisión. Y también pone en evidencia nuestra credulidad, en general, y nuestra educación mediática, en particular. Esto es, trata de señalar la verdad (no la verdad absoluta, sino otra realidad alternativa a la que se nos ha vendido) mediante la mentira. Y además, cuando está bien hecho, hace mucha gracia.

Seguramente les sonarán fakes míticos como el aviso de Orson Welles de que los extraterrestres estaban invadiendo la Tierra un 30 de octubre de 1938 desde los micrófonos de la CBS Radio, la película acerca de la falsa banda británica de rock'n roll Spinal Tap, las noticias falsas de Joey Skaggs... El fake, además, ha abierto nuevas puertas a la ficción televisiva con The Office, sitcom británica firmada por el fantástico tandem que forman Ricky Gervais y Steven Merchant.

He's the boss.

Además del eurovisivo Rodolfo Chikilikuatre, personaje sabiamente jubilado esta misma semana, últimamente hemos sido testigos de varios fakes españoles que merece la pena reseñar. El primero, La hoja de Albacete, blog escrito por un tal Manchego que hasta hace pocos días formaba parte de la línea más dura del portal bitacorero Red Liberal (relacionen liberal con la línea más dura de la derecha española y con el nuevo partido de Rosa Díez, UPyD). En este post, el autor (o autora, mejor dicho) revelaba que los dos años de existencia del blog habían sido una pura farsa. Ninguno de los responsables de Red Liberal había caído en que, como algún comentarista ya advertían, el tal Manchego y sus ripias fascistas no eran más que un engaño, un tongo, una joda. La idea me encanta y creo que ha salido razonablemente bien.

También sigo muy de cerca este blog: Somos arios de pura cepa, que no han de perder de vista. Un fake en toda regla de un blog de supremacistas arios o nazis (o nancis, como ellos mismos insisten) que no esconde su condición de broma. Si disfrutan viendo como una panda de chalaos hacen bromas a partir de fotos de jóvenes fascistas españoles, no se lo pierdan. Pero recuerden, es todo mentira.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cosecha del 67 (III)

La cosecha de 1967 es tan espectacular que, como sabiamente recordaba Mycroft en los comentarios del primer post de la serie, cuenta con caldos sonoros del calibre de Forever Changes, de la banda angelina Love. Un disco que si bien suena contemporáneo a cada uno de los que hemos hablado, tiene una personalidad única y arrebatadora a medio camino entre las melodías perfectas, las raices acústicas, la lisergia folk, el pop orquestal, las atmósferas sonoras y la perturbación eléctrica.

Como su nombre deja entrever, Love era una banda de hippies cometripis de la costa Oeste que vivían en comunidad (en la que fuera la casa de Bela Lugosi). Love además era una banda multirracial que lideraba el no hace mucho fallecido (agosto de 2006) Arthur Lee, compositor y vocalista que ya había grabado con Jimi Hendrix antes de que éste debutara con la Experience y compartido música con Sly (el de la familia Stone) y The Doors, a los que por lo visto introdujo en la discográfica Elektra. El resto del quinteto que hizo posible este hito de la música popular americana de los 60 lo componían el guitarrista John Echols, el bajista Ken Forssi, Michael Stuart a la percusión y el también compositor, guitarrista y vocalista Bryan Maclean, que compuso el que probablemente sea el tema más radiado del album: el introductorio Alone Again Or.

Más adelante escuchamos las bellísimas Andmoreagain ("And you don't know hom much I love you") y Old Man, con la dulce voz de Lee planeando sobre sinuosos pianos, violines y trompetas. Cierra la cara A la inquietante The Red Telephone, con una letra maravillosa que bien merecería un post para ella sóla. Una guitarra acústica abre la cara B, pero sin mucho tardar, las ráfagas de trompetas se vuelven las protagonistas y marcan el tempo de la maravillosa Maybe the people would be the times or between Clark and Hilldale. Sin embargo, sólo unos minutos más tarde la guitarra eléctrica toma el protagonismo en la antimilitarista Live and Let Live. Cierra el repertorio la épica You Set the Scene, escuchen por favor la final traca de viento cuando tengan la oportunidad y gocen.

Adelantándose unos años al sino de su generación, Love se desintegró a golpe de heroína, que sacó de la banda a Maclean sólo un año después del Forever Change y seguramente contribuyó a la definitiva pérdida de papeles de Arthur Lee, que como pueden imaginar ya había abusado de otras sustancias más sesenteras como el LSD. Lee pasó seis años en la cárcel en los 90 (fue puesto en libertad en 2001) y la leucémia se cebó con él en sus últimos días.

Sin movernos de Los Angeles, no podríamos continuar este repaso sesentaysietero sin detenernos en esta otra joya de la corona musical californiana, Younger than yesterday de los imprescindibles The Byrds. En este caso, The Byrds tocan tantos palos musicales que el poso que deja este "Más joven que ayer" es difícilmente resumible en unas cuantas líneas.

Abre el repertorio el single So you want to be a rock'n roll star, que a ritmo de trompetas voladoras y con gritos histéricos de fans sonando de fondo, ironiza sobre las nuevas generaciones de rock star wannabes (como los prefabricados Monkees): "vende tu alma a una compañía que espera vender plástico, y si en una semana o dos llegas a las listas de éxito, las chicas van a hacerte pedazos". La bonita melodía de Have you seen her face continúa el festival pop, pero la psicodelia y el country van a acaparar el protagonismo del resto del repertorio.

En la parte lisérgica destacan los paisajes guitarrísticos de Everybody's been burned y la introducción de atmósferas con reminiscencias indias en Mind Gardens, ambas compuesta por el guitarrista y vocalista David Crosby. El también guitarrista y vocalista Chris Hillman sería el responsable del giro country de parte del repertorio byrd, amén de convertirse más tarde en el padre del country rock junto a Gram Parson, que un año más tarde se uniría a la banda en calidad de teclista, para acabar con la guitarra colgada del hombro. En Younger than yesterday, los Byrds también versionarían a Dylan en la sugerente My Back Pages.

La delirante película Magical Mistery Tour supuso el primer gran fracaso de crítica de mis adorados Beatles, amén de ser el primer proyecto de la banda sin la sombra de su manager, Brian Epstein, que había sido encontrado muerto en su casa a finales de agosto de aquel año por sobredosis de 'Carbitral'. De cualquier forma, el film no deja de ser una anécdota comparado con su banda sonora, editada en EE UU en forma de LP y en el Reino Unido en forma de doble EP.

MMT trató de revivir sin tanto éxito el espíritu circense y conceptual del Sgt. Pepper. Sin embargo, el repertorio incluía temazos como I am the Walrus (puro Lennon del 67) y Fool on the Hill (una baladapreciosa netamente McCartneytarra). Además, cuando se decidió establecer el doble EP como LP de la discografía oficial de la banda, se incluyeron las canciones Strawberry Fields Forever y Penny Lane, protagonistas del single más importante de 1967 y, probablemente, de toda la carrera de los de Liverpool. Curiosamente, el single (con Penny Lane en la cara A) sería el primero en no alcanzar el número uno de las listas de éxitos inglesas desde el mítico Love me do, primer sencillo de la banda publicado en 1962.

La muerte del manager y el acercamiento de la banda a las terapias de "meditación trascendental" del Maharishi Mahesh Yogi (viaje a la India incluído) iniciarían un largo y doloroso proceso de descomposición del grupo y sumirían a la banda en la última de sus etapas musicales. Con The Beatles, el album doble con portada blanca de 1968, firmaron un manifiesto anti Sgt. Pepper's. Charles Manson y su familia escribirían con sangre, en las paredes de la mansión de Roman Polanski, estractos de las letras de varias canciones incluídas en este album (Helter Skelter y Piggies, principalmente). Eso ocurría 1969, el hippismo había muerto.

Mientras la costa Oeste de Estados Unidos vivía inmerso en el verano del amor, en New York City, la costa Este, ya se aventuraba el "invierno del descontento" de la heroína, Nixon, los 70 y la música disco. El debut discográfico de The Velvet Underground & Nico, banda apadrinada por Andy Warhol y liderada por un tal Lou Reed, tuvo nula repercusión en las listas de éxitos mundiales. A la larga, sin embargo, se convertiría en un referente indispensable para innumerables bandas de cualquier esquina del planeta. También fue un auténtico anti- Sgt. Pepper's que introducía una nueva forma de entender la música popular más cercana al futuro punk (suciedad y hazlo como te venga en gana) y otra de entender la producción musical más allá de los circuitos impuestos por la industria discográfica. Mientras el hito beatle ponía la guinda al sonido de una época (la de la lisergia pop), el disco del plátano abría una nueva era de música más sucia que las plantas de los pies de los asistentes a Woodstock y, claro está, mucho menos vitalista y esperanzadora.

Para empezar, Sunday Morning relataba la resaca del último viaje de LSD de los 60, la única concesión del disco. A partir de ahí, el repertorio se volvía oscuro e incómodo. El sexo libre de los hippies se transformaba en placer bizarro de látigos e inspecciones rectales; las comunales drogas psicodélicas daban paso a los downers como la heroína (paradigma de droga ultraadictiva y, precisamente, anticomunal) y el idealismo se reducía a pensar que esta vez tu camello no te iba a hacer esperar durante horas en alguna esquina mugrienta de Harlem con 26 dólares en la mano.

Éste disco que cierra nuestra lista de grandes reservas de 1967 bien merecería un post para él solito, como cualquiera de los comentados anteriormente. Por eso no vamos a desgranar ni uno más de los muchos clásicos que reúne (Heroin, All tomorrow's parties, I am waiting for my man, There she goes again...). Si bien Warhol no era un productor musical al uso y, por tanto, sus aportaciones en este campo son más anecdóticas que otra cosa; su visión de artísta capital del siglo XX queda patente en esta imprescindible obra maestra, desde la mítica portada hasta la temática netamente underground (y nunca mejor dicho). Frikis, yonkis, un galés tocando la viola, una modelo alemana al micrófono y Lou Reed con 25 años... Una maravilla.

Y se acabaron los colorines.

lunes, 2 de junio de 2008

La bici y los zapatos por Demian


Nada cambia. Y quizás la idea de que vemos toda vida desfilar ante nosotros cuando estamos a punto de diñarla no habría que interpretarla de una forma tan literal. La existencia; que se compone de miedos y determinaciones, de sensaciones y pensamientos, resulta un curioso pasaje novelesco. Somos un producto de sobrevalorada importancia. Comencé a divagar. Los días son curiosos y tercos, a la vuelta de la esquina está Murphy, preparando una de las suyas.

Me olvidé los zapatos en Madrid el día que me casaba, un 10 de mayo, en mi pueblo del sur de Alicante. Pero el cúmulo de sensaciones que provoca que la gente que te quiere te acepta tal y como eres es una maravilla. Es un alivio. Di destacada prueba de mi despiste el día que mi madre me mandó a hacer la compra y fui en bici. Aparqué fuera y volví a casa andando. Mi mente borró de la consciencia mi amado vehículo de dos ruedas. Al día siguiente no recordaba donde había dejado la bici y creo que me inventé que me la habían robado.

Pero yo ignoraba muchas cosas en el instituto, no parecía que fuera a ver mucha luz tras aquellos muros. Luego todo consistía en la adaptación. Una mezcla entre pasar desapercibido y no ser un fantasma. La opción de haber escogido el instituto macarra tenía sus pros y sus contras. La relación de pirados era bastante alta. Recuerdo cuando algunos se divertían lanzando las mochilas por la ventana cuando se salía al pasillo. Otros reventaban las clases a su manera. En el recuerdo quedan algunos hits. Como el tío de los nunchakus en el armario que a poco mata a la profesora de Valenciano de un susto, con aquella careta de Viernes 13.

"I am a passenger..."

Cada vez que veo La chaqueta metálica me acuerdo de que yo fui Bufón en el instituto. En aquel patio, de un centro de educación consecuencia de la peor política pepera en educación que se recordará. Quien no ha dado clase en un barracón prefabricado no sabe lo que se pierde. En aquellas dependencias vivimos, conocimos, nos enteramos que Ricky Martín en Sorpresa, Sorpresa había sorprendido a una adolescente que disfrutaba de la gastronomía, el amor a los animales y el sexo, todo a la vez; sin saber, inocente, que iba a protagonizar la página no escrita de televisión en el Estado español con más impacto de nuestra generación. En el instituto no murieron los sueños, y hoy día ignoro cómo los mantuve a salvo en un ventrículo de mi corazón.

El cambió comenzó por necesidad, por no saber ser de otra forma. Y no es fácil, el camino queda plagado de cadáveres. Por desgracia, o no, así sigue siendo. Somos como dice Iggy unos passengers. Y quien necesita un billete para semejante paseo por la barbarie humana, por desgracia, los que más la sufren. Agarramos los libros por las páginas y un reducido grupo de alumnos comenzamos a leer. Era casi como un clan secreto. Sólo hasta pasado un par de años me atreví a opinar en clase, podías decir cualquier cosa que te hundiese para siempre. Cuesta creerlo pero en aquel centro de reeducación había un reducido grupo de profesores que lograron enseñar algo. Hasta nos pusieron La vida de Bryan.

"Volare..."

Entonces descubrí a Led Zeppelín, el hachís y a Nieztche, a volar. Evadido de la realidad, la de cosas a las que le he dedicado mi tiempo. El THC comenzó a recorrer mis pulmones hasta llegar a la corriente sanguínea e invadir mis neuronas. Hoy día fumar me produce ansiedad, así apenas puedo ya. Pero a finales de los noventa la placa nos consumía. Largas colas se formaban en torno a bancos del único espacio ajardinado de ese pueblo con título de ciudad. El rey Alfonso XIII quedó tan prendado del recibimiento popular de este peculiar lugar que le confirió a sus humildes moradores el título de ciudadanos.

Así que no podía asegurar muy bien dónde habían quedado mis zapatos el día de mi boda. Mi hermana procedió pacientemente a acompañarme a por unos nuevos una hora antes de la ceremonia. Nadie perdió los papeles, aquello estaba en el guión. Ya en la zapatería no hubo problemas, había tallas y modelos para escoger de sobra. Algo complicado cuando se lleva algo de prisa y uno es un big-foot. Fue la recompensa por mantener la calma. La novia tampoco se inquietó mucho por esto. Fruto de que estamos hablando de amor verdadero, aquel que vale para cuando te dejas los zapatos en casa el día de tu boda y te acuerdas un rato antes.

Hoy día soy un tipo casado con una inteligente y hermosa mujer, natural de un país que logró independizarse de España. Lo digo con orgullo y glamour. La verdad, contraer matrimonio es toda una experiencia. Me tiene muy sorprendido la reacción de mucha gente, algunos se decepcionan, otros se infartan, se malhumoran o se deprimen. A unos les resulta indiferente, y otros muchos se alegran muchísimo. En fin, que de todo tiene que haber en esta vida, y a todos nos gusta opinar de la vida de los demás ¿O no? Lo cierto es que somos el tipo de animal que parecemos ser y no el que decimos ser. Para querer a alguien tienes que conocer a esa persona, para casarte con ella tienes que conocerte a ti mismo.

jueves, 29 de mayo de 2008

Cosecha del 67 (II): Grace Slick a través del espejo

Jefferson Airplane - Surrealistic Pillow (1967)

Mi abogado estaba en la bañera cuando volví. Sumergido en agua verde

(...)

"¡Música!" gruñó. "Enciéndelo. Pon la cinta."
"¿Qué cinta?"
"La nueva. Está justo ahí."
Cogí la radio y me dí cuenta de que también tenía una pletina -una de estas cosas con
un cassette dentro. Y la cinta, Surrealistic Pillow, sólo necesitaba que le dieran la vuelta. Él ya había escuchado la cara A -a un volumen que se ha debido escuchar en cada habitación dentro de un radio de cien yardas, con paredes y todo.
"White Rabbit," dijo. "Quiero un sonido creciente."
"Estás condenado," le dije. "Yo me largo en un par de horas -y entonces van a venir y te van a joder vivo. Justo ahí, en la bañera."
"Yo cavo mis propias tumbas," me dijo. "Agua verde y White Rabbit... pónla; no me hagas usar esto." Su brazo emerge atacante del agua, tiene un cuchillo de cazador agarrado con el puño cerrado.

(...)

El volumen estaba tan alto que era difícil saber qué estaba sonando a no ser que sepas Surrealistic Pillow nota por nota... yo me lo sabía, en aquella época, así que supe que White Rabbit había terminado; el punto álgido había llegado y se había ído.
Pero parecía mi abogado no lo sabía. Quería más. "¡Da la vuelta a la cinta!" chilló. "¡La necesito otra vez!" Sus ojos se llenaron de locura, incapaces de enfocar. Él parecía estar en al borde de un horrible orgasmo psíquico...
"¡Déjalo girar!" gritó. "¡Tan alto como pueda ese hijo de puta! Y cuando llegue a esa fantástica nota en la que el conejo se arranca la cabeza con los dientes, quiero que lances la puta radio en la bañera conmigo dentro."

Fear and Loathing in Las Vegas (1971), Hunter S. Thompson




Vean la traducción de White Rabbit aquí.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Un hombre blanco llamado Jeremiah Johnson





"Yo, Hatchet Jack, en plena posesión de mis facultades y con las piernas rotas, dejo mi rifle a cualquiera que lo encuentre. El Señor quiera que sea un hombre blanco. Es un buen rifle y mató al oso que me mató a mí. De todas formas, estoy muerto. Cordialmente. Hatchet Jack."

Jeremiah Johnson (1972) es mi película preferida de Sidney Pollack. Su protagonista, interpretado por Robert Reford (actor fetiche de Pollack), se lanzó a la vida en las Montañas Rocosas a mediados del siglo XIX, cansado de la civilización. La película habla de la vida salvaje, las leyendas, las aventuras, la supervivencia, el hambre, el frío, la soledad, la amistad, el amor, la muerte y de un rifle Hawkin del calibre 50 dejado en herencia por un montañero solitario al que mató un oso.

Su director ha muerto este lunes, 26 de mayo, a causa de un cáncer a los 73 años de edad. En la última película que dirigió, Sketches of Frank Gehry, analizaba la figura del arquitecto que diseñó el Guggenheim Bilbao. Un saludo guasíbilis allá donde esté.

lunes, 26 de mayo de 2008

Cosecha del 67

La muerte del doctor Hoffman, químico suizo inventor del LSD, ha marcado este nada prolífico mes de mayo en guasíbilis. La disección en clave de cultura popular de esta sustancia nos lleva, obligatoriamente, a repasar los movimientos contraculturales de los años 60, que en Europa tuvieron su momento cumbre hace exactamente 40 mayos, al calor de las revueltas parisinas del 68. Por lo revolucionario y, sobre todo, por lo primaveral; mayo parece el mes más indicado para hacer una retrospectiva lisérgica. Lástima del perreo congénito del autor de este blog, que desde hace décadas no puede evitar deleitarse con cada uno de los movimientos de cada una de las moscas que, cada día, pasan frente a mis ojos.

El caso es que quería hablar de música (preferetemente lisérgica) y he decidido de hacerlo a través de los mejores caldos musicales de la cosecha de 1967. Probablemente, si se me ofreciera elegir un año musical en el que quedarme a vivir escogería ese. El del verano del amor en los parques de San Francisco, la guerra de los Seis Días, las seducciones de la señora Robinson en la gran pantalla y la muerte en la selva boliviana del médico argentino, reconvertido a guerrillero socialista, Ernesto "Ché" Guevara. En el 67, el hippismo tocó techo y aunque a los pies negros todavía les quedaban por vivir eventos generacionales como Woodstock; el desparrame de la familia Manson, la segunda juventud de la heroína, la derrota del idealismo y la música disco estaban apunto de sacar a la generación de la postguerra de su sueño multicolor.

En lo estríctamente musical, es necesario empezar el repaso por los caldos sonoros del 67 justo un año antes. En 1966, Los Beach Boys, de la mano de Brian Wilson, publicaban el imprescindible Pet Sounds y Los Beatles, bajo las mismas coordenadas musicales, Revolver. El estudio de grabación (con el wall of sounds de Phil Spector como reflejo) se convierte en otro instrumento a la altura de la guitarra, el bajo, el piano y la batería. Los LPs dejan de ser fosas comunes de canciones, sustituyen al single como principal formato comercial de la música y se convierten en complejas obras de arte. La generación de la post guerra había consolidado su sonido, mientras la industria musical se revolucionaba. Y quedaba por llegar 1967, la mejor cosecha musical de todo el siglo XX.

Visto con la perspectiva que dan cuarenta años, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band no fue el mejor album de 1967, pero sí el más revolucionario, entonces, y (seguramente) el que más páginas de revistas culturales ha acaparado hasta la fecha. Para algunos, entre los que me incluyo, su album antecesor, Revolver, fue todavía mejor. Pero apreciaciones partidistas aparte, el primer LP del combo liverpudiano tras anunciar el fin de sus actuaciones en directo, resumió, con acento inglés, el sentimiento de una generación de jóvenes artistas, y no sólo en el obvio apartado musical. En el repertorio destacan el himno lisérgico Lucy in the sky with diamonds (poco me importa si la idea vino de un pastillazo de ácido, de un dibujo del pequeño Julian Lennon o de una mezcla de las dos) y la casi insuperable A day in the life (recuerden línea "I'd love to turn you on" - me encantaría colocarte -). No conviene olvidar tampoco que el mítico single Penny Lane / Strawberry Fields Forever, se grabó en las sesiones del Pepper's, aunque respetuosamente con la tradición británica, tamañas canciones no acabaran incluídas en el repertorio final.

Desde el diseño de la portada, la bolsa interior (recortables castrenses y bigote de guardia civil incluídos), hasta la costosísima producción musical, todo en el Sgt. Pepper es pura leyenda del rock and roll. Sólo tres días después de la publicación del album en Inglaterra, el 1 de Junio de aquel mágico año, el extraterrestre Jimi "hago lo que me sale de los cojones con mi guitarra" Hendrix comenzó su histórica actuación en el londinense teatro Saville con una versión del tema Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band. Hendrix improvisó con el resto de la Experience el tema en los camerinos, mientas unos atónitos George Harrison y Paul McCartney, que se encontraban entre los asistentes, inflaban un poco más su ego. La leyenda también cuenta que Brian Wilson decidió suspender el proyecto del LP SMiLe después de oir Sgt. Pepper's, cuando estaba conduciendo por Los Ángeles. Verdad o mentira, en guasíbilis siempre nos ha gustado quedarnos con la leyenda, por eso lo contamos, más que nada.

1967 fue un año especialmente reseñable en nacimientos discográficos. Los angelinos The Doors, llamados así a cuenta de las "puertas de la percepción" de Huxley, debutaron con su álbum homónimo en la discográfica Elektra. La propuesta de la banda liderada por Jim Morrison, puro rock'n roll personificado, no podía ser más explícita desde las primeras líneas de la magnífica Break on Through (the Other Side): "sabes que el día destroza la noche, la noche divide el día. Intenta huir. Intenta esconderte. Ábrete camino hacia el otro lado".

Evidentemente, el otro lado (the other side) tenía connotaciones más relacionadas con los estados de percepción que con la ubicación física. Como el fuego de Ligth my fire. Pero The Doors no acaban en la extravangancia y el arrollador carisma de su frontman y su bonita poesía. Los teclados de Manzarek, las guitarras de Krieger y los ritmos de Densmore crearon un sonido propio compuesto por la pasión, los paisajes sonoros, el rock'n roll como forma de vida y las reminiscencias blueseras como punto de partida. Coppola recuperó la crepuscular The End para la banda sonora de la inconmensurable Apocalipse Now (1979).

El Dr. Benway le dedicó hace tiempo este post a este mismo disco.

Los pelotazos de ácido que nuestros ídolos se metían en los sesenta no tienen nada que ver con el trozo de cartón que usted se pudo comer aquellas fiestas de aquel pueblo del norte de Navarra en las que acabó desnudo, con un hacha y una serpiente tatuados en la espalda y abandonado en un monte muy cercano a un cuartel de la guardia civil. No sé si por predisposición psíquica o por fidelidad lisérgica, el primer frontman de Pink Floyd, Syd Barret, acabó sucumbiendo mentalmente a aquellos potentes viajes de los viejos y buenos tripis y duró menos de un lustro en el negocio de la música.

Además de una bici con una cesta y un timbre que suena, Barret tenía una capa, un clan de hombres de gengibre y conocía un ratón bastante viejo al que llamaba Gerald. Su carisma, personalidad y actitud marcaron la primera etapa de Pink Floyd, que a mediados de los 60 era uno de los grupos de pop lisérgico británico más destacados. Como The Doors y Jimi Hendrix, los Floyd tuvieron su debut discográfico en 1967 con el inenarrable The Piper at the Gates of Dawn; la dietilamina de ácido lisérgico hecho música pop y poesía alucinada.

Después de Barret llegó el rock sinfónico, The Wall, Dark Side of the moon y el tributo al frontman perdido en Wish you were here y esa, definitivamente, es otra historia. Si quieren conocer más de cerca la de Syd, les recomiendo este post homenaje que le dedicó Mycroft con motivo de su muerte.

Aquel mandamás de Decca Records de Londres que soltó aquello de "los grupos de guitarras están pasados de moda" a Brian Epstein, después de la prueba que hicieron a The Beatles en la nochevieja de 1961, probablemente pueda pasar a la historia como el profesional con menos visión de futuro de toda la historia de la música contemporánea. Poco más de un lustro después de aquella audición en la que Decca dejó pasar el negocio musical más grande de todos los tiempos, la guitarra era un instrumento imprescindible para entender la nueva generación musical. En 1966, nacía (discográficamente hablando) la marca Jimi Hendrix, un músico de raíces africanas y nativo-americanas que se había curtido durante años tocando la guitarra para musicos de la talla de Sam Cooke y que estaba apunto de redefinir, revolucionar, reconstruir a ese instrumento.

Hendrix debutó con su banda Jimi Hendrix Experience en el Reino Unido con aquel histórico single que tenía Hey Joe como cara A. Después de otros dos singles, grabados y publicados en Inglaterra en los primeros meses de 1967, la banda del guitarrista, el bajista Noel Redding y el baterista Mitch Mitchell (los dos ingleses y blanquitos), publicaría su primer album de estudio, Are you experienced (en algunos países se añadió un signo de interrogación al final del título). El título del LP sugería, evidentemente, experimentación química, que sería además extensible a lo musical. Are you experience salió a la venta en mayo del 67 en el Reino Unido (en EEUU no llegaría a las tiendas hasta agosto), con Foxy Lady abriendo el repertorio. Las caras A de los singles publicados previamente no fueron incluídos en el LP, como hemos dicho era costumbre en el Reino Unido, aunque luego serían añadidas en reediciones posteriores del album.

Como en los años 60 se vivía muy deprisa, Jimi nos dejó muy pronto. Las notas de su guitarra, ardientes y distorsionadas, ruidosamente marcianas, siguen impresas en el plástico de los vinilos de nuestros viejos. También en 1967 se publicaba el segundo LP de la banda Axis: Bold as Love, un año después firmaban el fundamental album doble Electric Ladyland.

Continuará... no se pierdan la segunda parte!

viernes, 16 de mayo de 2008

Cáscaras de plátano sonoras para que resbalen tus oídos


Las cosas para escribir se amontonan en la puerta, y como las enfermedades del señor Burns, las unas no dejan pasar a las otras. Guasíbilis, primeramente, tiene que solventar las deudas que su autor tiene con Bananas, programa radiofónico-lisérgico quincenal que se emite la noche de los lunes que toca, en Contrabanda FM (91.4 FM en Barcelona). Hace casi dos meses, el programa más bizarro y guasíbilis de la radio catalana inauguró su blog/página web y éste, su blog hermano, no había hecho todavía una mísera mención, ni había colgado el enlace.

Bananas es el último hijo ilegítimo del viejo Qué verde era mi valle, magacín radiofónico de la veintegenaria y bilbaína Irola Irratia, emitido entre los años 2001 y 2005. Tras la desintegración del trío queverderamivallecitano (del que un servidor tuvo la suerte de formar parte), iosú, el más loco de sus integrantes se ha sumado esta temporada a la programación de aquella radio libre catalana para remover las conciencias y los tímpanos del escuchante intrépido.

El programa en cuestión es lo más parecido a un tripi sonoro, en el que los garrafales fallos técnicos son parte fundamental de la hendrixiana experiencia radiofónica que iosú nos propone un lunes sí y un lunes no. Bananas es la síntesis química del sonido del directo, de Jamaica, de la calle entendida como espacio de encuentro y de los problemas mentales de su locutor; sólo comparables a los de otros genios del sonido como Lee Scratch Perry.

Esperando que a iosú no le dé por quemar Radio Contrabanda, invitamos al lector de oídos ávidos de experiencias nuevas a descargar a su disco duro cada una de las cáscaras de plátano sonoras que ya han sido colgadas en la web del programa. Aquellos que prefieran mojar los oídos y que entiendan euskera, pueden escuchar la flamante Busti Irratia. Y esa era otra deuda que en guasíbilis teníamos pendiente.

Ahora que en Radio 3 le ponen un programa al impresentable de Manel Fuentes, me temo que la radio libre es la única escapatoria para nuestros oídos. Para terminar un par de píldoras. Podéis descargar el primer programa de Bananas y disfrutar de este video made in bustirratia sólo un poquito más abajo.



Descarga BANANAS #01.mp3