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viernes, 20 de mayo de 2011

#15M

15 M, 21:52

Madrid lleva el #15M en los hombros. La suerte de lo que acabe resultando de la protesta dependerá en gran medida de lo que ocurra en esa mítica Plaza de la Puerta del Sol (la del cartel de Tio Pepe). De lo que resulte de esa pequeña comunidad que roba espacio mediático a la plana mayor de la política nacional.

Para esta casa, es una suerte que un habitual colaborador, Demian, se encuentre en la capital del reino y haya contado en La Ciudad a Poniente sus experiencias de estos días extraños. Les invito a que lean el post. La mejor crónica que he leído hasta la fecha.

Actualización 24/04/11

#estoesreflexion

Después de que la derecha haya barrido el panorama político municipal y autonómico os dejo con una nueva reflexión de Demian sobre lo que estos días acontece en Madrid y en su céntrica plaza de Sol. Además de él, la blogosfera amiga se llena de interesantes post que no deben dejar escapar: Mycroft invoca a Marvin Gaye y traza un mapa de otros interesantes post sobre este asunto y extracta párrafos de Los ejércitos de la noche de Norman Mailer (sobre la marcha hacia el Pentágono de 1967); Paolo2000 recopila en su blog un racimo de interesantes imágenes del movimiento acampadil y expone esta certera visión de los resultados del 22M; Absence explora las trampas de la Ley D'Hondt.

jueves, 12 de mayo de 2011

Dixieland por Demian

Adicto

Hace falta tomarse un minuto, darse un respiro, para poder hablar de Treme porque si no lo haces, te ahogas. Porque en determinadas ocasiones, cuando uno no puede crear, tiene que renunciar y hablar de los que si lo hacen. Distinguiereis o no, hoy día, a una persona culta, de otra que lo parece, dependiendo de su grupo preferido, su libro favorito y su devoción por el buen cine.

Yo sentí que algo moría dentro de mí el día que acabé The Wire, la pérdida es similar a la adicción a la heroína. Enseguida buscas algo más que meterte, pero en realidad eres consciente de que esa otra mierda no te coloca. Ansioso y desesperado me decidí a meterme las reservas que tenía, es decir, Treme.

Aterricé hará un mes en el aeropuerto de Nueva Orleans y allí estaba el viejo Bunk, soplando su trombón de varas, ahora como Antoine Batiste; un negrata adultero y bonachón, con el jazz en las venas, que con su banda te da la bienvenida de la forma más espectacular que ningún melómano pueda soñar jamás en un aeropuerto. Esta serie nos da una radiografía verdadera, impagable y sincera de como nunca volverá a ser Nueva Orleans, y de cómo nunca dejará de serlo tras una catástrofe. Lo mejor de todo es que ya los conoces. Un cocinero, guiris, un músico de estudio y un músico callejero, o un profesor de historia son por ejemplo el tipo de personajes universales de Treme.

Creo que lo que más me ha impresionado de la nueva creación de David Simon en su primera temporada ha sido su descarnada y alegre forma de narrar el coraje. Esta fabulosa parte de cómo un huracán llamado Katrina y la administración Bush intentaron, y en parte lo consiguieron, arrancarle un momento más a la vida. Y de como el ser humano tiene muchas maneras de levantarse tras una dolorosa pérdida, o no. La pérdida y la búsqueda, la huida y el reencuentro, la lucha y la derrota. Todo esto te golpea en cada escena, y ni sonríes y te entristeces, ni te alegras ni te ahogas, simplemente vives y sobrevives.

El otro gran plus de Treme es que la música es la protagonista. Ningún personaje, ninguna trama, no hay nada que no se supedite al música. En este caso, el alma de la ciudad, que como todo espíritu en una película de Miyazaki, es tratada de manera mundana y mística. Hay aprendizajes que duelen, hay grandes retos que no somos capaces de superar. Y aún así Treme nos enseña que la dignidad está por encima convenciones, y que además, no se negocia.

martes, 22 de marzo de 2011

Mad Men, una serie en clave de género por Demian

No cabe ninguna duda de que los tiempos modernos siguen siéndolos. La velocidad a la que nos movemos continúa en progresivo aumento con su vertiginoso latir agitando nuestras vidas. Quedarse atrás podría ser, de nuevo, un pesado lastre en nuestra sociedad, algo por lo que clamaban decenas de personas en la puerta del Teatro Real de Madrid en la pasada entrega de los Premios Goya; y a lo que se refirió nítidamente Álex de la Iglesia en su último discurso como presidente de la Academia. Por supuesto, esto no quita para que nos sigamos fiando del boca a boca como una auténtica y fidedigna fuente de información.

Hacía semanas que llevaba escuchando buenos comentarios acerca de una prestigiosa serie de televisión norteamericana llamada Mad Men. Enfrascado en este gigantesco universo cibérnetico; completamente adicto a este nuevo fenómeno de la cultura por Internet, me decidí a concederle su oportunidad y una noche inicié mi viaje al Nueva York de finales de los años 60. Por ser más específico, y para quienes no la conozcan, se trata de una serie que aborda el mundo de la publicidad y de este modo abarca el desarrollo de algunas conocidas campañas de la época a través de su protagonista, Don Drapper, un inventado para la ocasión gurú de la creatividad de aquel mundo, a través del cual vamos conociendo los más que probables procesos creativos del momento y el contexto histórico social que dieron cobertura a aquellas novedades en el mundo de la comunicación publicitaria.

Mad Men destaca por una innumerable cantidad de virtudes, y en este artículo quisiera destacar una, el tratamiento de los personajes femeninos. Las mujeres que aparecen son reales, con problemas y ambiciones reales que marcaron, sin ningún tipo de duda algunas de las tendencias más pronunciadas de la mujer del mundo occidentalizado de hoy en día. Vemos mujeres luchadoras que ascienden en su trabajo con mucho sacrificio, y que sin embargo, siguen teniendo que luchar por el respeto de sus compañeros hombres. En esta serie podemos ver las mujeres que comienzan a tomar los primeros anticonceptivos en forma de pastilla, y cómo esto afectó a la sexualidad del momento, liberándolas y al mismo tiempo atrapándolas en una espiral que las convertía, todavía más si cabe, en meros objetos sexuales. Mujeres que ven en el presidente Kennedy una oportunidad de cambio. En definitiva, un largo etcétera de situaciones que no tienen desperdicio alguno. Un documento muy bueno para el análisis del movimiento social en el que la mujer tomó las riendas de algunas facetas, como la profesional y la reproductiva, y la repercusión que esto tuvo en nuestra historia.

La serie huye de maniqueísmos doctrinarios sobre el feminismo y lo sitúa sobre el terreno. Las chicas de Mad Men no tienen las respuestas, ellas son la pregunta, y se la lanzan al espectador con una gran veracidad. Sin duda, los años 60 supusieron en gran parte del mundo occidental, sobre todo en aquellos países que no vivían bajo una dictadura, un gran impacto de una nueva mujer sobre la estructura social. Mujeres empresarias, mujeres que viven solas y salen de marcha por la ciudad. Mujeres autosuficientes que no se dejan mangonear, mujeres que se divorcian, mujeres que abortan, mujeres que no abortan, mujeres que atrapan a hombres ricos, mujeres violadas por sus propios maridos, mujeres que buscan su espacio en algún lugar fuera de su hogar. En definitiva, gracias a esta serie podemos entender mejor que aquellas mujeres que obtuvieron algunas dosis de libertad y autonomía, trataron de manejar aquel punto de inflexión como mejor pudieron, y no siempre acertaron. Y que de sus virtudes y defectos todos hemos sacado valiosas lecciones de las que todavía hoy seguimos aprendiendo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Cuando el sol cae a Poniente y fumo en mi habitación por Demian



No sé por qué, pero a veces me da por pensar en blanco y negro. Se van los colores y me quedo en color sepia, me quedo en humo y sombra. Me acuerdo de personas que nunca conocí y toco notas que no estoy seguro de haber escuchado. Todo esto sucede o sucedió en algún momento de mi imaginación y algún punto de esta realidad. Son coordenadas que no acabo de ubicar, son locuras que no acabo de escribir con nitidez.

A menudo me siento en un bordillo de la calle, es casi como desaparecer. De repente uno recobra la visión de un niño, es una manera de hacerse invisible. Abrazo con fuerza mis rodillas y levanto la vista evitando ser pisoteado. Yo antes escribía a mano y veía mi futuro en las cenizas de mis cigarrillos, en mi vieja habitación, donde un calendario sigue congelado en septiembre de 1999. Sobre papeles viejos, amarillos y polvorientos hay anotados sueños que ya se cumplieron.

Ahora busco un horizonte, un nuevo horizonte, una nueva esperanza, un nuevo duelo de honor, un nuevo anhelo. Y lo busco en el viento porque en el viento viven los antihéroes, el contrapeso de los líderes y la razón de los pobres. Muchos surcos de buena música en mil tierras distintas resuenan en mi cabeza cada mañana, hasta que vuelvo a despertar en la calle. No sé si tengo la sensación de haber soñado que paseaba por estas calles pero estoy seguro de haberlas imaginado.

Me remito a lo que tantas veces he dicho para acabar tachando la historia, echándote de menos en cada lágrima, en cada golpe de corazón, en cada suspiro sobre los espejos. Mi estómago se ríe cuando vuelvo a verte, cuando te encuentro en cada tecla. Casi puedo decirte algo sin mirarte. Me resisto. Me resisto a pensar que algo que pueda decir sea una mentira.

Me pierdo, y no encuentro un punto de apoyo. Y en ese momento, cuando creo que no hay nada tras la cortina descubro que sí es verdad, que si estás ahí, y cuando me sonríes mi alma se ríe. Y esta es la lucha de cada día, vivir lo verdadero y rociar con gasolina las mentiras que alguien me dijo.

Me gusta el cine y el cine es conflicto, la vida es conflicto, las relaciones humanas son un conflicto, las miradas de algunos son un conflicto, las minifaldas y los burkas son un conflicto. Escribo en estas líneas lo que toneladas de odio no han podido sepultar. Con mi espada de damocles he cortado cabezas a derrotados mercenarios, muertos vivientes, y la cosa es complicada. Pero la vida como el Hip-Hop, está llena de villanos.

La batalla de cada amanecer me resulta tan divertida como conseguir que una llamada, un gesto o un beso que no has dado vuelva a tus manos. Tanto como todo lo que quiere decir la palabra esperar. Cada vez que me tomo una copa con mis recuerdos y en ese instante tú tocas en mi puerta, siento que valió la pena empezar a contar esta historia.

lunes, 5 de octubre de 2009

Ja qué noche por Demian

Un fantasma recorre Europa, ¿sólo uno?


Una pesada sombra cae sobre la vieja Europa, esa huraña dama que pega a sus hijos y no reconoce a sus vástagos más allá de su relación matrimonial con el capital. Aquella noche Gloria y un servidor habíamos quedado con Mar. La encontramos esperándonos, y juntos cruzamos desde Callao al otro lado de la Gran Vía, parloteando sobre donde echarnos unos potes. Entre la fauna que puebla esa arteria de más de cien años de edad, se encuentra lo más granado de la estampa madrileña: putas, los hermanos heavys, el señor que vende poemas, los chinos y los limpiabotas; el Dunkin’ Donuts, el Starbucks, el Paraíso del Jamón y todas las cadenas del mundo.

En medio de los que iban y venían observamos una chavala en cuclillas con una bandera de Australia, unas velas, un bafle enorme, y un tablero de ajedrez. Al quedarnos los tres viéndola, comenzó a hacernos gestos, proponiéndonos que jugáramos con ella. Mientras discurríamos la situación, un chaval joven se situó como otro “player”. Arrancó la partida con una furia inusitada. Resultó ser el combate de boxeo mental más espectacular que he visto en mi vida. Las piezas caían una tras otra. Cada vez más gente se arremolinaba para ver la contienda. En unos carteles escritos en inglés, aclaraba que tenía que recaudar pasta para ir a ver a su madre en Madagascar, que era la campeona del instituto, pero que no jugaba por pasta, que la pasta era voluntaria de quien quisiera ayudarla. La tía conectó un Ipod al bafle y comenzó a pinchar rock. En el último momento remontó la partida, y cuando estaba arrinconada supo reaccionar, concentrarse y vencer. Los aplausos se sucedieron con admiración.

Tras presenciar aquel espectáculo único nos fuimos admirados de la propuesta. Pusimos rumbo al “Bar del Viejillo”, como le llamamos nosotros. Un lugar donde degustar una jarra de sangría, y algunos manjares como tortilla de patatas y callos por un precio más que razonable. El establecimiento está regentado por un amable señor, salido del Siglo XIV, que atiende su tasca con esmero y dedicación. La decoración se centra en mecheros polvorientos con más historia…Billetes de muchísimos países, de algunos que ya no existen y de otros que nunca existieron. Pedimos lo de siempre. La clientela, la habitual, adolescentes calimocheros y gente maja. Por azares del destino, yo me senté de cara a la puerta. Nada más trocear la primera tortilla y llegar los calamares a la mesa comenzaron a entrar nazis. Gloria y Mar estaban de espaldas y no podían verlos. Comencé a ponerme blanco y ellas se reían. Entonces caí en la cuenta que mi camiseta rezaba en euskera “Herriak Bizirik, solidar@s con Itoiz”. Mar y Gloria me miraban con extrañeza, tardé en reaccionar. Por lo bajini, conseguí que miraran, pagáramos la cuenta y saliéramos de allí.

De allí pasamos a una plaza de Malasaña, donde nos unimos a un botellón espontáneo. La policía llegó a los cinco minutos echando a la gente y tirando los botes de cerveza. Entre lo patético y lo indignante, nuestro pequeño receso de media noche era segado por el brazo absurdo de la autoridad. De camino a una parada de autobús fuimos quitando pegatinas de Falange auténtica, no auténtica y medio auténtica. Así le dimos mate a la noche, nos reímos un poco de la vida y nos fuimos a sobar.

El otro día me acordé de las veces que vimos en la videoteca de la facultad “El Secleto de la Tlompeta”, cuanta verdad necesaria encontramos y recabamos en los momentos surrealistas para poder enfrentar una realidad tan absurda.

(Nota: Demian ha abierto su propio blog, visiten sin falta La Ciudad a Poniente)

miércoles, 24 de junio de 2009

To Live it's to Resist (II) por Demian

En estos tiempos que corren y mientras el fascismo avanza, para no dejarse llevar por la locura, para no acabar votando a UPyD, que mejor que evadirse en un poco de buena música. Las condiciones sociopolíticas tras las últimas elecciones...No os voy a engañar, era algo que ya tenía ganas de enviar a Guasibilis y en un pequeño rato libre me he dao el homenaje. Esta es la segunda parte de un recopilatorio que me curre hace tiempo y que ha tenido un éxito rotundo, tanto que se han agotado las existencias. Esta segunda parte es un poco mix de caras B de la última época, pero en realidad son hits que sin ser muy conocidos ya tengo trilladísimos y sin embargo, creo que gustan a grandes y pequeños, a borrokas y peperos, a fumetas y alcoholicos, a pastilleros y a rastafaris... Así que, sin más dilación, con todos ustedes: To Live it's to Resist (II).

sábado, 23 de mayo de 2009

TOMMY GUN II por Demian


Sí, lo sabíamos, sabíamos que algún día lo pagaríamos. Y si alguien me dijera hoy que tengo la oportunidad de volver al pasado y cambiarlo no lo haría. Cada uno a su ritmo va poniendo lo que puede por sobrevivir en esta jaula en la que estamos metidos. Viajar en tren es siempre una aventura llena de emociones. Con el walkman alimentaba mi inquieto espíritu. Por aquel entonces escuchaba los discos enteros. Por desgracia, hoy día he caído en el vicio del single y he dejado de hacer cintas recopilatorias. Hay que asumir que la música, digitalizada, jamás podrá sustituir aquellos enriquecedores momentos.

Algún colega me había metido en la cabeza la absurda idea de que Euskadi estaba llena de plantaciones silvestres de Marihuana. Y claro yo que no sabía nada me lo creía todo. Así al que llegar a la cornisa cantábrica en aquel lento Tren Estrella, tras haberme puesto bien de canutos en el parón de enganche en la bucólica estación de tren de Miranda de Ebro, iba completamente enloquecido viendo pasar tanto verde. Mis ojos, acostumbrados a ver palmeras, desierto y bancales de hortalizas se aturdían con tanto verde. Claro que no había marihuana tan a la vista. Era la emoción o simplemente el aturdimiento que provocaban tantas horas de trayecto, no está claro.

Cuando el vagón de metro paró su marcha mientras los orcops golpeaban la puerta casi me meo en los pantalones. Un frío sudor me recorrió la nuca. El estómago se encogió al tamaño de una nuez y casi me pongo a gritar. Pero en aquel preciso instante, para sorpresa de propios y extraños, aquel convoy del Metro de Madrid se puso en marcha.

No acababa de creérmelo y los antidisturbios tampoco. Al principio alzaron las manos y berrearon, para acto seguido poner los brazos en jarra como esperando que el conductor parara máquinas para poder liquidarme. Todo el mundo estaba expectante. Sin embargo, el vehículo se puso en marcha y alcanzó su velocidad de crucero mientras, desesperados, los orcops se desesperaban tratando de hablar por el walky, exclamando, blandiendo sus porras contra la puerta. Cuando atravesamos el primer túnel a plena velocidad comencé a sentirme a salvo. Incrédulo, me levanté, me hice el nórdico. Los pasajeros fueron poco a poco dejando de prestarme atención, y tras el estímulo, la inopia volvía a apoderarse de la situación. Tuve la dudosa gallardía de sacudirme la ropa con dignidad, como quien se levanta con toda dignidad tras tropezar sin querer.

De todas formas, a estas alturas, uno ya sabe que mucha gente piensa que todo esto lo vivimos como si fuera un deporte de riesgo. Otros piensan que sencillamente estamos aburridos. Otros que somos malos y violentos, unos cuantos que somos sólo tontos, algunos todo esto a la vez. En realidad, alguien dijo alguna vez que todas las causas eran la misma y muchos lo creemos; unos cuantos a lo largo de la historia han actuado en consecuencia y, en memoria: por ellos, todos nosotros, seguimos luchando.

Madrid es una ciudad que resume, en cierta manera, la esencia de los pueblos que moran la Península Ibérica. Nadie es de madrileño como nadie es español, eso te sientes más que serlo de verdad. En la capital hay un pueblo tras otro, puestos uno junto al otro resultan una unidad indefinida más que por un marco administrativo. Madrid está cohesionada gracias a curiosas menudencias, como la forma de servir la caña con tanta espuma. Coincido con mi malacitano amigo Pablo, tiene gracia al principio, pero luego luego termina cansando. Como me fui a estudiar al norte, del asunto de las tapas no tenía mayor conocimiento. Me deleité tanto con los pinchos como ahora con la gratuidad de ciertas viandas.

Al llegar a Bilbao por segunda vez con la habitación en un piso compartido por primera vez, con la experiencia a cero. Esta vez con tanto temor a cagarla que nada más bajar del tren me pillé un taxi, todavía existían las pesetas. Aterricé con mi maleta de discos compactos, casetes y posters de Iron Maiden y Deep Purple. No era capaz de visualizar a donde iba a ir a parar, y en realidad no tuvo demasiada trascendencia, aunque esta vez también sería en lo alto de una colina.



lunes, 18 de mayo de 2009

Gente Guasíbilis

lutxo:

Cuando llegué a Bilbao, en busca de la utopía socialista de la que tanto hablaban los noticiarios esos días, no encontré a Patxi ni a Arantza esperándome en lo alto de la estatua del Sagrado Corazón. Intentando encontrar aparcamiento por San Mamés, caí en la cuenta de que el único rojo que me encontraría iba a estar acompañado del blanco; en las banderas que colgaban de los balcones, en las bufandas que vestían los matrimonios paseando a los niños por lo viejo, en los pintxos de algún bar, en los vestidos de novia de los escaparates.

Cuando intenté hacerme el listo tomando aquel cruce hacia la derecha en Basurto, acabé en Zorrotza, y al enfilar mi rumbo otra vez hacia la ciudad, apunto estuve de ser devorado por un par de autobuses urbanos. Nota mental: por muy bien que te conozcas una ciudad andando, no eres nadie a los mandos de un vehículo si llevas años sin circular por ella.

Cuando, por fin, encontré un hueco para mi carro en el barrio de Irala, no entendí la línea verde pintada en la calzada, así que pregunté a una chica que paseaba en la mañana luminosa y frenética del sábado. Tras la breve conversación, una señora alzó su voz aguda y ronca desde su ventana, en un tercer piso: "¿qué le has preguntau a esa?". Y la señora me tranquilizó, pues mi coche estaba aparcado junto al de su hija y, si pasaba allí el resto del fin de semana, no tenía porqué preocuparme, porque ella ya lo iba a vigilar por mí. Entonces supe que ya había encontrado justo lo que andaba buscando desde un principio. Y yo sin saberlo. Había vuelto a casa.

iratxo:

Aquel día, desperté un par de horas más tarde de lo que debía, habiendo decidido faltar a clase, en cuanto sonó el despertador. "Hoy, quiero soñar" que vuelvo a casa, que vuelo años atras. Solo tenía que disfrazarme y creermelo. Y cuando ella me preguntó que por qué iba tan guapo y elegante, no supe responder más que: "porque sí". Me esperaban once abrazos esperados, esperadísimos, de gente tan guapa y elegante, soñadora y voladora, sonora y faltona, como yo, o más.

"Jaunak, Someran gaude".

borja:

Dos buenas noticias me abordaron simultáneamente en el exilio y una era la fecha mi repatriación. Esa noche soñé con ello, fueron doce horas en las que todos esos recuerdos se fundieron en una gran figura hecha con retazos pequeños pero de brillo intenso. Un monstruo metálico con cientos de televisiones alojadas en su pecho, miles de imágenes sucediéndose en bucles cada vez más cortos. Y lo que para cualquiera hubiera sido una pesadilla me sumió en lo mas profundo de la comodidad de un sueño.

Desperté, estaba en otro lugar. Era una habitación pequeña con techos altos, como una madriguera acolchada de hobillos y hojas cálidas en la que estas en la más profunda de las comodidades. Estaba cansado, pero sabía que eso no iba a ser ningún impedimento para lo que me esperaba, lo que me proponía realizar y disfrutar aquel día. Un día plagado de gigantes, dragones, peleas de enanos, banquetes, buenas trompetas y los gusanitos de la tarde y.....amigos, todo ello acompañado de los más renombrados bandidos del reino. Sin duda... mejoró al sueño.


txarro:

Nunca una espera en Termibus fue tan dulce. Especialmente si esperas a Loko Tatxeli, imaginando la nueva forma que habrá tomado su bizarro vello facial, sabiendo que la hospitalidad nos esperaba en Soloko aliñado con llegada a última hora del cuarto elemento que predecía alargar la noche. Dicho y hecho, aquella noche fue como un deja vu real evocador de otras noches que entre gotas de thc se dejan recordar.

El día siguiente lo esperaba con cierto nerviosismo, como cuando los niños se levantan en reyes para saber que caprichos se han satisfecho. Esta vez se portaron muy bien, 11 caprichos se juntaban otra vez. Han pasado muchas cosas en las vidas todos que merecerían ser contadas, pero todo eso pasó rápidamente a un segundo plano para dar paso a la creación de más historias y más experiencias, era tiempo de aprovechar el momento.

Ya lo comenté
en este mismo blog cuando Demian se casó, allí he conocido a las personas más maravillosas del mundo y me encanta que pase el tiempo y a la vuelta, es como siempre.

demian (autor de las fotos... menos las que sale él, claro):

Fue Nietzsche el que dijo no sé que del eterno retorno. Llegué a la Estación de Autobuses de Avenida de América la media hora antes de rigor para hacerme un maiquel, curiosamente por los alrededores del que fue mi barrio en Madrid, La Guindalera. Ese día por la mañana había rendido menos que tras una resaca de patxarán. Los nervios se transformaron en emoción al contacto del humo con mis pulmones. El autobus cayo sobre el Botxo sobre la medianoche.

Por supuesto que caminé desde Termibús hasta Soloko, con el sirimiri empapando mis ropas, pasando por Pozas, por la Gran Vía, los que iban, los que venían, algunos trapos rojiblancos ensuciando las fachadas. Las mismas caras, os conozco a todos, cada baldosa, y en la luz de las farolas miles de ilusiones convertidas sueños que parecen ficción. Tan conocidos y ahora, como si la C.I.A y los jodidos extraterrestes me hubieran abducido, tal ajenos.

Subí las escaleras que conectan Iturribide con Soloko de la misma forma que el fulano que coronó por primera vez el K-2. Y al abrirse ese portal, por el que entré y salí, solo y acompañado, contigo y sin tí, pero siempre con el espíritu que hoy me lleva a escribir estas palabras. Allí...Hermanos, Camaradas, y luego...Todo fue lo que tuvo que ser, la mala virgen de la camarera, la txozna, meando en la ría frente a un antiguo puesto de trabajo. Tocamos una orquesta y al final todo se disolvió como todos los buenos orgasmos. Di algunas puntadas sin hilo al días siguiente que me debía. Un abrazo, una despedida...Y es que señores ya habíamos hecho historia.


illán:

Tras poco menos de tres horas de viaje, me planté en Bilbao. Dejé el coche en Miribilla y paso a paso me fui dirigiendo hasta la calle Somera. Miraba a cada lado y me di cuenta de que la vida a ambos márgenes del Nervión tampoco había cambiado tanto.

Encaré Somierda -ese nido de pijipis- y esperaba encontrarme con algún que otro compañero del metal. ¿Qué tal? Pues muy bien, como no podía ser de otra manera un grito se oyó a pocos metros de mi: ILLÁNNNNNNNNNNNNN. Era el tío Lutxon que había llegado minutos antes a Bilbao y se adentraba en el día más emotivo y más largo del año con un zurito y un vistazo a la prensa. Como no, le acompañé.

Solokonletxe nos esperaba. Subimos en el ascensor locuelo y llegamos a "nuestra casa".

A partir de ese instante, todo fue emotivo. Recuerdos, paseos, chicas guapas y saber estar. Risas, bizarradas y sudor, mucho sudor.

Cada golpe de vista era histórico. Cada movimiento, una fiesta. Cada cachi, un cachi. Y cada bar, calle, restaurante y bilbaíno, se dejaba llevar por los colores rojiblancos de una religión que apesta.

Entre saludos a gente que habias perdido la pista en una noche de luna llena, pasaban las horas. Señores con txapela, gorras de chulapos gitanos,sombreros elegantes, pajaritas, camisas marca bi bi bizar y demás seres pululaban por la vieja villa con una idea clara: reencontrarse y mirar al futuro. Una fiesta que será recordada en los anales de la historia bilboetarra. Entre Hermanos, Camaradas y Amor se cerraba una fiesta que será la primera de muchas más -por lo menos eso creo y quiero-.

Nota: Todavía no probé el Mortadelo.

iratxo:

En la mesa, en la foto, empezando por la izquierda y hacia el fondo pallá y vuelta pacá por la derecha, los siguientes:

... uy, que no me acuerdo...

Me alegré de que, por fin, al ver la carta mal escrita en castellano, y no, como casi siempre, hasta el punto de ni siquiera sorprenderte, mal en euskera. Y así, no fueron almejas, si no codornices, lo que sirvió aquella bella dama (con mala uva bien justificada -hago la pelota, por si lee, y un beso, de paso-), junto a las fabes. Invitación a volar, sin duda, autopropulsionadamente.

Entre los bares posteriores al postre, hubo unos no lugares, unos no haber pisado jamás antes, esos espacios que tan cerca estuvieron durante años (yo viví ahí, y nunca lo viví), ese roce al pasar tan cercano pero tan efímero que tantas posibilidades se llevó consigo al no pausar el paso y levantar la mirada del suelo. Lo hicimos: abrimos aquellas puertas, y pa'dentro.

Hasta que llegó la noche...

(voto porque sea el Iosuah quien describa el concierto)



martiperry:

Y después de los cubeles.... el kontzertu, una sagrada tradición, una liturgia que junto a los Katxis y txoznas forman la santa trinidad de la eusko-party. No podía haber un grupo más apropiado ni simbólico para esta ocasión: los recién formados Bilbomatiks, hijos de "Bilbo goes ska!", el Programa, con mayúsculas, el espacio que nos transmitió la gripe jamaicana. Una infección que corrió como Usaín por nuestros organismos ávido de tropicalismos.

El caso es que ocupamos las primeras filas y nos dedicamos a amargar la noche a un pobre hombre que se creía que estaba viendo la ópera. Nos convertimos en el azote de la chavalería: enpujones, bailes, enpujones, subidón y calor, calor...empujones, pogo... mucho calor... Y de repente, después de unos gloriosos temazos... se acabó el concierto. ¿El resto? un par de grupos de mierda. la noche tiró pa lante cual speis dokey y nos sumergimos en Bilbi, y la anfeta ribera... creo que Epi todavía no ha dormido...
Ai ama!

iratxo:

Cuando abro los ojos, me cuesta ubicarme. Tengo una manta encima, estoy tumbado en un sofa. He dormido solo, hoy también. En fin. Peor podía haber sido, quién sabe con quien tendría que haber compartido manta...

Pero, ¿cuándo narices me dormí? Recuerdo que había mas gente en este salón, en alegre conversación, cuando todavía quedaba algo de noche en las copas. Tampoco me duele tanto la cabeza. Bien.

No las despiertes, Illán, vamonos a desayunar con quien esté ya despierto. Solo, con leche, y cargadito, por favor.

Algunos ya han emprendido el viaje de vuelta. Otros conversamos la mañana, deshidratadamente, de cuánto nos alegramos de que vayan bien las cosas, que vayan, y que sigan yendo, noranahi, dondequiera.

Besos, abrazos. Nos volveremos a ver. Porque, repetiremos, seguro, aunque volvamos a quedarnos dormidos,
sin saber como,
sin saber por qué,
sin ti,
singorina.

Larga vida a la gente guasíbilis

miércoles, 18 de marzo de 2009

TOMMY GUN por Demian

(Nacido en Democracia #03, 2ª Temporada)

Las sirenas se acercaban. Su canto angustioso nos sorprendió cuando nos batíamos en pacífica retirada bajo tierra. Acabábamos de arrojar peces muertos a los pies de la bestia y su cólera nos sobrevino con un letal retraso. Casi todos habían entrado en la gruta, apenas nadie percibió que las huestes de ese terrible dios llamado Mercado venían a castigar nuestra ofensa. La ulterior vez que me giré para ver como caía sobre nosotros la tormenta los teníamos encima. Enfurecidos, rabiosos y amados hasta los dientes; un ejercito de orcops cayó sobre nosotros en mitad del transitado pasadizo. Todos corrían y se atropellaban intentando escapar del peligro. Los transeúntes que por allí transitaban por mero azar del caprichoso destino caían como moscas a golpes de aquel mazo ligero. Los cañonazos de sus armas rebotaban en las paredes, en los tímpanos y en nuestros cuerpos.

Cinco orcops se abalanzaron sobre tres que estábamos de pie en las escaleras, paralizados por la tensión. El chaval que estaba a mi izquierda saltó acrobáticamente la barandilla y comenzó a bajar por el otro lado. El que estaba a mi derecha se cubrió la cara con los brazos. Y yo comencé a bajar a toda mecha los escalones, de espaldas al grupo perseguidor. Sin mirar atrás corría, sentía el pesado aliento de mis perseguidores. Por los asépticos túneles llegué a un andén donde permanecía un vehículo con las puertas abiertas a punto de zarpar. En un desesperado y agobiante momento salté a su interior con los ojos cerrados. De repente el convoy se puso en marcha, yo estaba dentro, en el suelo, las puertas cerradas y los orcops en la puerta, golpeándola con furia para mayor expectación de los que permanecían dentro. En aquel instante nos detuvimos y supe que había llegado mi final.

Lo desconocido, eso que mata a muchos y droga a tantos, era un deseo y lo sigue siendo. Ya lo era cuando no sabíamos lo que iba a pasar en aquel concierto en el instituto. Una escena semejante a la del comienzo de la película “24 hour party people”. Pero con muchos toques de un concierto de Kortatu en la ETB 1. Era como el VHS de Extremoduro en ese pueblo de La Rioja con un tío con camisa hawaiana subido sentado en el escenario. Con alguna botella de aquellos primeros kalimotxos. En nuestras primeras incursiones etílicas serias. Punk rural nacido de los bancales de limoneros. Kaldo Kasero y a por todas. Sombreros de bobby y canciones que pedían la absolución de un colega pizzero que había atropellado al jefe de la policía municipal. Yo no sabía muy bien por qué sabía que teníamos razón. Ahora si que lo sé.

Llevaba con pena determinadas historias. Y sin influencias, se movía el espíritu por instinto.

Más de 10 años separan dos conciertos, los de Extremoduro en Albatera de 1997, y el de Getafe del 2008. En los dos algunas coincidencias como que el Robe parara todo para que los presentes nos drogáramos, y que después de terminar el concierto caminara como nunca jamás en mi vida. En la primera porque teníamos 16 años y había que volverse a pata, porque todos habíamos mentido y dicho que algún padre nos recogería. Unos 9 kilómetros por la orilla de la carretera, a las tantas, “pa habernos matao”. La segunda, porque desde el Estadio Juan de la Cierva a los bares de Getafe hay unos cuantos miles de metros. Se te hace eterno. Llegas reventado, te comes algo en un 24 horas o algo así, como unas hamburguesas prehechas y calentadas con premura en un viejo microondas y te sientas en la puerta de algún bar a esperar un tren para tu cama.



(Todas las viñetas han sido fusiladas de Deadenders)

miércoles, 4 de febrero de 2009

Gracias por tu paciencia
por Demian

(Nacido en democracia #02, 2ª temporada)

Hay palabras que resuenan como balas en nuestros cerebros, los cuales se arrugan como pasas ante determinadas afirmaciones. Algunas son como látigos que nos acompañan toda la vida. Como la discusión eterna que me persigue sobre el catalán y el valenciano. Honestamente no puedo más. Ya no quiero que se repita más. Es como una pesadilla, un dolor, un castigo. Lo último fue un tipo que me dijo que eso del catalanismo era una invención del imperialismo de Jordi Pujol. Que eso de que se viera TV3 en el país valenciano era una invasión cultural de Pujol. Me pareció sangrante que dijera aquello. Insólito. Acabé harto cuando aquel elemento se alzó de experto en nacionalismos en el Estado español por haber tenido una novia abertzale. Siendo él como es de Soria, me cabreé.

Tan harto acabé que ya no pienso discutir ya nunca más sobre el tema, paso.

En los tiempos que corren el arte de la dialéctica se ha deslizado como un río por las alcantarillas de una ciudad para verse convertido en un escaso líquido putrefacto. Aunque cabe destacar que el otro día tuve en el trabajo un interesante y acalorado debate con otro avezado freaky. Música yankee o británica. Blue Cheer o Black Sabbath, Blue Oyster Cult o Deep Purple, Death Kennedys o The Clash. Ambos coincidimos en que Queen era un grupo denostable, aunque yo maticé que algunas canciones merecen la pena. También llegamos a buen puerto sobre la buena aportación de The Cult, y ante todo admitimos a The Who, Grant Funk Railroad, Creedence Clearwater Revival, The Doors, Led Zeppelin como algunos puntos de encuentro.

El cine casi siempre resulta un rico campo donde uno puede presumir de cuan experto es, de lo definitivas resultan nuestras opiniones, y de lo mucho que uno sabe acerca del séptimo arte. Algunas típicas son: Hitchcock, el de Vértigo o el de Con la muerte en los talones, Dreamwoks o Pixar, Spielberg héroe o villano, Soderbergh no gracias, Tarkoski o Kurosawa, etc.

Da igual lo que se piense en realidad, y también lo que se diga o diga nuestro interlocutor, lo importante es mantenerse en un pedestal y agitar la mente genitalmente. En los centros de trabajo se aprecian cualidades no relacionadas precisamente con estos temas. Así que, tampoco son muy recomendables, la gente se defiende de la vida como máquinas de etiquetarlo todo. Y al final, nadie pretende saber demasiado.

Madrid es jodida pero tiene cierto encanto en su monstruosidad. Tiene un agua excelente, tanto, que Esperanza la va a privatizar. Todo es tan emocionante aquí, con tramas de espías y mafiosos de traje y etiqueta incluidos, llenándose los bolsillos de dinero y la boca de mierda. Lástima que aquí no tenemos ningún Guy Ritchie para poder divertirnos con ello. Está el cine de caro como para ir a ver películas españolas.

La intensidad no radica en la forma sino en el fondo, aunque no creo que ni siquiera valga la pena que alguien se lo diga a los interesados. Cuando uno vive subvencionado, todo eso y mucho más, importa bastante poco. Viva el Sahara, Palestina y No a la guerra si yo me manifiesto. Últimamente he reparado en el hecho de que los bancos son muy aficionados a llevar a cabo exposiciones fotográficas que versan sobre la pobreza y la miseria en el mundo. Y yo me pregunto, ¿Quién es el freaky aquí?

El frío parece durante unos días haber aplacado un poco los nervios de Madrid este invierno. A menudo el ambiente es tenso en el trabajo, creo que me hacen el vacío muchos compañeros. El día que nevó me sentí como Bart Simpson cuando que rezó para que se suspendiese un examen al día siguiente. Los currelas vamos mayoritariamente en metro así que no tenemos excusa para el absentismo. En cambio, fue curioso ver como los jefes uno tras otros no acudieron. Claro, no pudieron llegar a causa del temporal. Sus lujosos coches no están preparados para las inclemencias del tiempo. Por lo demás la dinámica de tener o no tener curro siempre es la misma, esta ciudad es implacable con los parados e insufrible para los que trabajan.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Manzanas traigo por Demian

En la mirada de un recién nacido se observa la curiosidad más perfecta. Cabe admitir que la vista, de una forma generalizada, es nuestro sentido más discriminador. Comemos con los ojos, se nos van los ojos o nos sacan los ojos. Éstos son sólo algunos de los ejemplos de “lo que hay que ver en esta vida”. Iratxo apuntaló el otro día un interesante debate acerca de la televisión, el cual produjo una edificante discusión a la que me gustaría aportar algunas reflexiones.

Yo estoy convencido de que la revolución sí será retransmitida. La calidad y seriedad de los portales contrainformativos audiovisuales, tanto a nivel estatal como de forma global, acredita a la elaboración de materiales de este tipo como una gran herramienta al servicio de la causa. ¿No es esto televisión?

Asimilar esta negación sería como decir que comer mata. Lo que de una forma masiva y fascista emiten los canales generalistas de televisión es comparable a lo que publican miles de personas en sus periódicos y revistas, basura. Sin nada que envidiar esa casta de tantos y tantos “globertroter” del panorama radiofónico. Por supuesto, se puede juzgar al continente por su contenido, pero no por ello varía el resultado de ninguno de ellos. La televisión, hija bastarda del cine, ha girado sobre si misma y la de mayor calidad está sólo de pasada en los botones de nuestros receptores tradicionales. Aunque esto ha sido casi siempre así.

"En esta puta isla nunca sabremos el final de Los Soprano."

Por ejemplo, el panorama de las series estadounidenses viene estos años a un nivel arrollador. Productos que vienen a demostrarnos que determinados formatos han crecido culturalmente; cierto que verlos en televisión a veces es frustrante y se da a horas intempestivas, pero también tiene mucho de ritual, tanto como leer antes de dormir. Contenidos que, claro está, se pueden descargar de Internet para gozo y disfrute más carnal, pero sigue siendo televisión tanto como una película o una revista lo sigue siendo bajada de la web.

Desconozco la naturaleza laboral de profesiones como la prostitución, la sexación de animales o la de camillero en Gaza. Pero os puedo asegurar que trabajar en televisión es lo más parecido a la sensación que podía tener un soldado durante la I Guerra Mundial.

No obstante, la televisión no es más que un invento más del ser humano que esclaviza a los que la hacemos y a quienes la consumen. Es bastante probable que si los jóvenes dejaran de ver la televisión se produjeran importantes avances en la lucha social, pero no menos que si dejaran de alienarse con el fútbol, los porros y las cervezas. Y quién está dispuesto a renunciar a sus vicios, si los vicios son parte de la historia de la humanidad, la pregunta es ¿Hay consumo responsable? Pero no valen fariseismos, como dijo Pablo Iglesias: “O todos o ninguno”.

sábado, 22 de noviembre de 2008

De todo y de nada por Demian

(Nacido en democracia #01, 2ª temporada)


Homenaje al post 101 de Guasíbilis

Las mañanas de estudio en casa de Rafa eran de lo más instructivas. Jamás podré olvidar el día que encontramos una cinta del Love At First Sting. Con el tiempo, sensaciones como aquella se desvancen; otras permanecen, pero esa se marcha y ya no volverá jamás. La busco machacando compulsivamente el fastforward, pero no lo consigo. Está claro que hay sustitutivos, pero sale mejor a cuenta ir generando una evolución en la conciencia de cómo disfrutar de las cosas. No conviene abusar del revival.

Al llegar a la Glorieta de Embajadores, el agua de la fuente era dispersada al aire mientras el sol caía desfallecido en el poniente madrileño, y a través de aquella imagen me pareció sentir algo, me recordó otros lugares en los que había sentido la misma sensación, duró poco mi ensoñación. Al caminar unos metros una pila de "lecheras" de la Policía Nacional ensuciaban el paisaje. Pensé que probablemente se trataría de una esas cacerías de personas que con tanto decoro nos regala a menudo la democracia. Y con esa idea llegué a una biblioteca privada donde cursaba un taller. El control de metales de la entrada me recordó que llevaba encima una navaja, de menos de cuatro dedos, pero navaja al fin y a la postre. Preferí declarar aquella pertenencia, la revisaron y no le dieron demasiada importancia aquellos agentes de la TIA. Aquello me mosqueo, no eran unos paletos. Es decir, venía alguien de rancio abolengo. Francotiradores en las azoteas oteaban atentos e intimidaban a las palomas. La princesa, la que vive en un castillo de tubos catódicos, con esa destacada elegancia que te permite vivir, y por ende vestirte, a costa del erario público; bajaba a mezclarse con el vulgo. En un acto tan comprometido como es firmar algo, firmó algo, en favor de seres desfavorecidos. Eso sí, vaya usted a saber a cuáles. Sentí la necesidad de hacer algo, estoy seguro de que ustedes me sabrán entender, pero por alguna razón que todavía no acabo de asimilar no hice nada.

"Cuando fuimos a Bermeo"

Escuchando Dancing with myself puse distancia entre aquel lugar y mi persona. Por el camino me acordé de todos mis amigos. Siempre me reconforta acordarme de momentos míticos. Como el día que David me llevó por primera vez a Fiestas de Bermeo. La sensación del salobre impregnándose en la nariz siempre le da uno las ganas de ponerse un parche pirata y hacerse a la mar, de llegar más lejos. Licor de hierbas y hierbas de Bermeo, una combinación para amenizar la noche con el label: Reserva de la Biosfera Urdaibai.

En esas estaba yo cuando tropecé con unos palos de escoba. Resolví agarrar uno para suplir el que estaba roto en casa. Al llegar a un paso de cebra me paré, y pensativo golpeaba el palo contra el suelo esperando una tregua del tráfico. En ese instante una mujer se acercó a mí, ofreciéndome su brazo para cruzar la calle, me quedé atónito, realmente me llegó al corazón.

Así que me puse la Malaguenya de Barxeta en los oídos y continúe mi camino. Me acordé de mi pueblo. De lo poco que nos llevábamos últimamente. Cuantos altos y bajos he vivido en esa relación con los orígenes desde el exilio. Habían transcurrido ya muchos años desde que dejara atrás la comarca de Cañas y Barro, en pos de ese país que tiene como deportes nacionales: levantar piedras que pesan mucho, golpear piedras con la mano contra un muro y demás cosas que se puedan hacer con piedras. Ahora subía a la plaza que antaño tuvo en una de sus entradas un No Pasarán. Recordaba a los amigos en cada paso del camino a casa extrañado por la realidad, pensando en alguna ficción. Escuchando a Iosu en Guasibilis volví a sentir aquella sensación, sonreí, y me sentí feliz de saber de que estábamos todos ahí.

"Quéverderamivalle!"

sábado, 20 de septiembre de 2008

Septiembre por Demian

Septiembre es como una caricia. Las hojas de los árboles comienzan a desprenderse y caen con suavidad. La luz del atardecer sobre los edificios de Madrid deja entrever el carácter de la ciudad después de un cegador verano. La vida parece transcurrir en blanco y negro. La Gran Vía se inunda de nuevo con la riada humana que traen las primeras lluvias. El trabajo se amontona en las carpetas de los escritorios de los oficinistas. El tráfico recupera su desacompasado ritmo. Todos volvemos, en septiembre siempre vuelves a algún lugar, con alguna persona, a algún momento o a algún trabajo. Adiós a las chanclas.

Tras semanas sin ver la televisión me puse a ver un telediario. El horror, la muerte, la destrucción. Me sentí como Nostradamus tras ingerir aquello que fuera que ingiriese. A pesar de haber visto todo eso antes algo dentro de mí se conmovió. Luego me puse a ver Family Guy y se me pasó. Falsa alarma, todavía puedo alienarme con facilidad. Ahora, que las playas, los guiris y la salmonelosis dejan de copar las primeras planas en los medios de comunicación, toca volver. Las conversaciones siguen siendo las mismas, los bocadillos de calamares también siguen siendo los mismos.

Madrid recupera sus camellos, sus monos y sus pájaros. Los ejecutivos de la Castellana todavía no saltan de sus rascacielos, pero con la crisis todos triunfamos seguro. "La crisis" son las palabras de moda. Se respira en el ambiente, como la peste negra en la edad media. Ha llegado como si fuera una verdadera plaga bíblica, con un inexorable golpe sobre nuestras vidas. Espero sinceramente que el Apocalipsis llegue con más estilo porque esto es un castigo divino muy poco vistoso, va por los jefes de todo esto. Que haya crisis es tan absurdo como que no la haya. Yo creo que en el fondo, todos reímos ante la crisis. Como cuando te das cuenta de que algo malo era solo una broma. Sin embargo, aquí terminas por no reírte, porque resulta que no es una broma.

Al llegar al puesto de trabajo, el que lo tiene, nota uno la correa un poco más corta. Siempre hay cinco minutos menos de descanso, cuatro perras menos y mucha más gilipollez. Es lo malo de volver, que siempre alguien aprovecha tu ausencia en su beneficio. Aunque a veces casi ni se nota.

No es fácil. Sueño, ducharse, café, sueño, metro, sueño, aburrimiento, café, cigarrillo, marrón, marrón, metro, cenar, algo más y ducharse. Claro que no es para todos así, pero así es. Las pupilas se dilatan al son que dicta el despertador. La luz, el solsticio, la luna y un nuevo destino se abren ante nosotros con cada septiembre.



miércoles, 30 de julio de 2008

A través del espejo por Demian

Mientras sus dedos teclean la nueva temporada de Nacido en Democracia, nuestro querido colaborador Demian inaugura La vieja tesela, algo más que un entretenimiento veraniego.

Buenos tiempos para el ladrillo...

El verano de 2008 nos está dejando helados. Los turistas franceses y alemanes llegan a las costas de la Península Ibérica con el chip muy cambiado. Puesto que las playas y el sol siguen siendo gratis, ahora les vemos comprando sus viandas en los supermercados y escrutando las etiquetas de los precios con ojo avizor. Esas rubias cabelleras con sus blancas pieles que en los años 60 llegaban para destapar la virginidad de nuestro Mediterráneo, ya no se toman la paella sin mirar la cuenta después. Algo ha cambiado en el ritmo de nuestros millones y millones de visitantes.

El paro ha subido este verano en España. Ha sido la misma sensación que echarle un hielo a un vaso lleno hasta el borde. Aquí yace un cadáver todavía caliente. Nadie se atreve ya a prometer que la economía se recuperará pronto. Parece que tendremos que esperar una resurrección que la mayoría de gurús del capitalismo europeo sitúan en 2010 como pronto.

A los españoles no les gusta el cambio. Se alteran mucho con la inestabilidad, prefieren la calma y la estabilidad como medio de vida. De esta forma, el gobierno de Zapatero ha ido día a día asimilando la situación. Sin ningún tipo de aspaviento el ejecutivo español ha diluido dos meses de nuestra vida en el debate de si empleaba la palabra crisis o no para referirse a nuestra actual situación económica.

Nos encanta que los planes salgan bien...

El Partido Socialista afirma que no desactivará las políticas sociales como, según ellos, pretende el Partido Popular. El debate es tan pobre que ni eso hemos escuchado del principal partido de la oposición. La derecha exige medidas, pero ni siquiera se molesta en explicar cuáles son las suyas porque ya da por hecho que todo el mundo las conoce. No se pueden desactivar políticas sociales en España porque son tan mínimas que el retroceso sería escandaloso, y su repercusión sobre la actual crisis inexistente.

La parte más silenciosa, la de los números que aumentan las listas de desempleo ya comienza a hacer ruido en las cabezas de muchas personas. Son muchas las incógnitas sobre las reacciones, pero no parece que vaya a haber ninguna. La patología de lo que acontece hace imposible cualquier tipo de reacción.

Foto sacada hoy mismo, lo juro.

El Estado español ha basado el crecimiento del último lustro en el sector de la construcción ¿Y ahora qué? El mañana ha llegado y la burbuja con la que tanto pan se comió ayer ha traído el hambre de hoy. La buena noticia es que todavía quedará alguna playa con un centímetro no asfaltado en nuestras costas. Además, parte del escandaloso sistema de corrupción financiera e inmobiliaria que ha arrasado los ayuntamientos de norte a sur podría remitir. El dinero fácil que todo lo ha comprado en esta época se va esfumando, y sólo quedan pozos de hipotecas y deudas con intereses que suben de forma constante.

Con los sindicatos subvencionados convertidos en una suerte de protectores últimos del liberalismo más exacerbado, resulta una incógnita saber a donde dirigirá su mirada la clase obrera. De momento, este mes se ha lanzado el Iphone de Mac, que desde luego se ha vendido como rosquillas. Esta crisis es un buen espejo en el que cada sociedad y cada individuo pueden mirarse para ver qué posición ocupan en el tablero.