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sábado, 23 de mayo de 2009

TOMMY GUN II por Demian


Sí, lo sabíamos, sabíamos que algún día lo pagaríamos. Y si alguien me dijera hoy que tengo la oportunidad de volver al pasado y cambiarlo no lo haría. Cada uno a su ritmo va poniendo lo que puede por sobrevivir en esta jaula en la que estamos metidos. Viajar en tren es siempre una aventura llena de emociones. Con el walkman alimentaba mi inquieto espíritu. Por aquel entonces escuchaba los discos enteros. Por desgracia, hoy día he caído en el vicio del single y he dejado de hacer cintas recopilatorias. Hay que asumir que la música, digitalizada, jamás podrá sustituir aquellos enriquecedores momentos.

Algún colega me había metido en la cabeza la absurda idea de que Euskadi estaba llena de plantaciones silvestres de Marihuana. Y claro yo que no sabía nada me lo creía todo. Así al que llegar a la cornisa cantábrica en aquel lento Tren Estrella, tras haberme puesto bien de canutos en el parón de enganche en la bucólica estación de tren de Miranda de Ebro, iba completamente enloquecido viendo pasar tanto verde. Mis ojos, acostumbrados a ver palmeras, desierto y bancales de hortalizas se aturdían con tanto verde. Claro que no había marihuana tan a la vista. Era la emoción o simplemente el aturdimiento que provocaban tantas horas de trayecto, no está claro.

Cuando el vagón de metro paró su marcha mientras los orcops golpeaban la puerta casi me meo en los pantalones. Un frío sudor me recorrió la nuca. El estómago se encogió al tamaño de una nuez y casi me pongo a gritar. Pero en aquel preciso instante, para sorpresa de propios y extraños, aquel convoy del Metro de Madrid se puso en marcha.

No acababa de creérmelo y los antidisturbios tampoco. Al principio alzaron las manos y berrearon, para acto seguido poner los brazos en jarra como esperando que el conductor parara máquinas para poder liquidarme. Todo el mundo estaba expectante. Sin embargo, el vehículo se puso en marcha y alcanzó su velocidad de crucero mientras, desesperados, los orcops se desesperaban tratando de hablar por el walky, exclamando, blandiendo sus porras contra la puerta. Cuando atravesamos el primer túnel a plena velocidad comencé a sentirme a salvo. Incrédulo, me levanté, me hice el nórdico. Los pasajeros fueron poco a poco dejando de prestarme atención, y tras el estímulo, la inopia volvía a apoderarse de la situación. Tuve la dudosa gallardía de sacudirme la ropa con dignidad, como quien se levanta con toda dignidad tras tropezar sin querer.

De todas formas, a estas alturas, uno ya sabe que mucha gente piensa que todo esto lo vivimos como si fuera un deporte de riesgo. Otros piensan que sencillamente estamos aburridos. Otros que somos malos y violentos, unos cuantos que somos sólo tontos, algunos todo esto a la vez. En realidad, alguien dijo alguna vez que todas las causas eran la misma y muchos lo creemos; unos cuantos a lo largo de la historia han actuado en consecuencia y, en memoria: por ellos, todos nosotros, seguimos luchando.

Madrid es una ciudad que resume, en cierta manera, la esencia de los pueblos que moran la Península Ibérica. Nadie es de madrileño como nadie es español, eso te sientes más que serlo de verdad. En la capital hay un pueblo tras otro, puestos uno junto al otro resultan una unidad indefinida más que por un marco administrativo. Madrid está cohesionada gracias a curiosas menudencias, como la forma de servir la caña con tanta espuma. Coincido con mi malacitano amigo Pablo, tiene gracia al principio, pero luego luego termina cansando. Como me fui a estudiar al norte, del asunto de las tapas no tenía mayor conocimiento. Me deleité tanto con los pinchos como ahora con la gratuidad de ciertas viandas.

Al llegar a Bilbao por segunda vez con la habitación en un piso compartido por primera vez, con la experiencia a cero. Esta vez con tanto temor a cagarla que nada más bajar del tren me pillé un taxi, todavía existían las pesetas. Aterricé con mi maleta de discos compactos, casetes y posters de Iron Maiden y Deep Purple. No era capaz de visualizar a donde iba a ir a parar, y en realidad no tuvo demasiada trascendencia, aunque esta vez también sería en lo alto de una colina.



martes, 9 de diciembre de 2008

Feria del disco vasco #05

Eskorbuto, 'Primeros ensayos 1982' (1982)

La de Eskorbuto es una larga historia que, por fortuna, podemos comenzar a contar justo por el principio (el disco, por cierto, ocupa la posición 82 de nuestra lista de discos vascos):

Santurtzi (Euzkadi), 1980

La leyenda de Eskorbuto se comenzó a gestar en el bar Jandros, garito porrero y rockero del Santurce de muy principios de los 80. Y creo que es muy importante detenernos, por unos instantes, en este pueblo portuario de la margen izquierda de la Ría del Nervión. A todos nos suena, claro, de aquella vendedora de sardinas de la canción que iba todos los días hasta Bilbao “por toda la orilla” (catorce kilómetros, creo). Pero el verdadero espíritu de esta villa portuaria es más sucio y oscuro que la vitalista melodía de la canción de marras.

Pasa en esta ría que divide en dos márgenes completamente opuestas el Gran Bilbao, que los burgueses viven a un lado (el derecho) y los obreros al otro (el izquierdo). Y aún hoy, lejos de las épocas más clasistas de décadas remotas del siglo XX, hasta un niño de cuatro años podría ver las diferencias entre el aspecto de los edificios de ambos lados de la ría. Y, porqué no, también entre los estilos de sus gentes. Y no diría esto tan a la ligera si no supiera que, por lo general, los habitantes de una parte u otra llevan con bastante orgullo (no sé si de clase o qué) ser de una franja u otra.

La imagen más clara que me viene al pensar en la Márgen Izquierda, donde ahora nos encontramos, la resumen un puñado de memorias de los viajes en tren desde Santurce, precisamente, hasta Bilbao en mi primer año de carrera. Las viejas fábricas abandonadas, los Altos Hornos de Vizcaya en ruinas, que antaño significaron la prosperidad de la zona, donde tantos extremeños, castellanos, andaluces y gallegos emigraron y donde tanto se sufrió la desindustrialización de los 80. No sé hasta qué punto el metro, todavía en construcción, habrá cambiado la ubicación del trayecto con respecto a las viejas vías. Pero aquel es uno de los recorridos más guapos que uno puede hacer por la zona.

En lugares como esta zona gris, extrarradio bizarro de una ciudad pequeña, el punk más fiel a los viejos principios campaba a sus anchas. Aquí donde el “No Future” era más que un eslogan, una forma bastante fiel de interpretar la realidad, nació el grupo más punk (en opinión de quien esto narra) de la historia del género. También porque en esta zona de Bizkaia existieron (y existen) fricciones y motivaciones políticas muy arraigadas en la sociedad (antes, supongo, más que ahora) y la heroína como problema social y juvenil, tenía igualmente todas las papeletas para explotar cual coche bomba en la puerta de una discoteca.

Todos estos factores, entrecruzados en la historia de este sitio por motivos tan complejos como poco caprichosos, hicieron posible un grupo como Eskorbuto. Pero, si perdonáis la pasión de este aprendiz lenguaraz, volveré al Jandros, donde pinchan una canción de los Doors o los Who y se respira a haima mora. En una mesa están sentados Iosu Expósito, Juanma Suárez y Roberto Moso; a los que puso en contacto el mercado negro de hachís y ha acabado uniendo la música.

De izquierda a derecha, Paco, Juanma y Iosu.

Llegados a este punto, nos tenemos que referir al libro ‘Flores en la Basura’, escrito por éste último, para ilustrar la historia con un relato de primerísima mano. Primero habla de Iosu:

“Era rubio, melenudo y con barbas. Llevaba una chamarra roja ceñida con cuadros blancos, unos vaqueros resobados y unas camperas machacadas. Portaba también una guitarra llena pegatinas, la más grande de todas me puso en guardia enseguida: era la “diana” de los Who. Era la viva imagen de un rockero-macarrilla de barrio. Sus ojos azules tenían un brillo de malicia. En efecto, me había pillado.

Encontrar entonces adictos a la distorsión no era tan sencillo. Los enganchados al rock & roll nos olfateábamos y nos juntábamos como bestias en celo pero lo de Josu era único. Para contarte tal o cual episodio de la historia de los Who emulaba una por una la puesta en escena de todos los componentes. Recuerdo representaciones entusiastas en el portal de mi casa y vecinos aterrados que creían que le habría dado un ataque de epilepsia. Pete Townshend, Keith Moon, Roger Daltrey y hasta el soso de John Entwistel se reencarnaban en su nerviosa figura, y como buen mitómano, era el doble de espectacular que ellos.

Josu se había fumado todos los “Popular 1” y todos los “Disco Express” del mundo y recreaba también toda aquella literatura como Alonso Quijano hacía con los libros de caballerías. Aquella pobre guitarra recibía golpazos constantemente y nunca se rompía, si acaso le ponía otra pegatina sobre la grieta y en paz. Parece que lo estoy viendo, marcando acordes y activando la púa a velocidad de vértigo, siempre con un cigarro entre los nicotinosos dedos. Josu y yo pasábamos largas horas soñando otros mundos con más acción y más interés pero Zarama se le acabó quedando pequeño(…)”.

Y luego de Juanma:

“Juanma era alto, con cara redonda y melenas a lo Jim Morrison –de hecho le encantaba el “Roadhouse Blues”– pero lo que realmente le iba era la “química”. Para hacer un estudio sobre los efectos de cualquier sustancia, nada mejor que tomar apuntes después de estar con él una tarde. Juanma era de otro barrio heavy de Santurtzi: Kabiezes, por alguna extraña razón, los que bajaban de allí eran auténticos kamikazes del pastilleo, vivía cerca del cementerio y siempre se le notó. Le encantaban los temas escabrosos. En un momento de auténtica crisis en nuestra banda, Juanma y yo nos pusimos a fantasear con la posibilidad de montar otra. En aquellos días estábamos enganchados con los Ramones y pensábamos hacer algo así: fácil, rápido, directo”.

Roberto Moso haría carrera en su grupo de toda la vida, Zarama, pero además de cronista casi oficial, también puede presumir de haber bautizado a la banda:

“El nombre surgió sin más, porque sonaba “como si vomitas al decirlo”: “Eskor...¡BUTO!”, y después de hacer unas risas con la ocurrencia, Juanma apareció al día siguiente diciendo que había tenido sueños delirantes con el nombre y le parecía perfecto”.

Y continúa:

“La mecha eskorbutiana estaba ya encendida y la llama se dirigía imparable hacia el barril de pólvora. Juanma, Josu y Laiki ficharon a un batería de Kabiezes –apodado el “Gu”– y pusieron en marcha la leyenda. Josu aportaba sus visiones apocalípticas, sus sueños febriles de imposibles revueltas sociales, su orgullo de generación, de barrio y sobre todo, aunque resulte chocante hablando de un grupo punk, su instinto comercial, su extraordinaria capacidad para crear canciones himno de estribillos contagiosos. Juanma, por su parte, aportaba las pesadillas. La vieja que le atormentaba en su infancia, la tierra dominada por los dinosaurios, los muertos, obsesivamente presentes en toda su obra”.

Y si queréis saber más, acudid al link del libro referenciado (aquí está el del capítulo V: Eskorbuto), que para eso se ha colgado íntegra en la red.

De momento, nos quedamos aquí en la historia de Eskorbuto, que volverán a aparecer en esta lista. Lo escrito más arriba sólo pretendía evocar parte del espíritu de aquella época. Así, puede que los temas elegidos sepan todavía mejor. Eran jóvenes, relativamente sanos y todavía no se habían desengañado de absolutamente de todo. Las muestras sonoras no tienen demasiada calidad, pero suena bien, suena a rock'n roll, suena a mítico.

Ésta tiene título profético:


Tema de bizarro comenzar.


Una instrumental que parece surf y la hostia(!)




sábado, 22 de noviembre de 2008

De todo y de nada por Demian

(Nacido en democracia #01, 2ª temporada)


Homenaje al post 101 de Guasíbilis

Las mañanas de estudio en casa de Rafa eran de lo más instructivas. Jamás podré olvidar el día que encontramos una cinta del Love At First Sting. Con el tiempo, sensaciones como aquella se desvancen; otras permanecen, pero esa se marcha y ya no volverá jamás. La busco machacando compulsivamente el fastforward, pero no lo consigo. Está claro que hay sustitutivos, pero sale mejor a cuenta ir generando una evolución en la conciencia de cómo disfrutar de las cosas. No conviene abusar del revival.

Al llegar a la Glorieta de Embajadores, el agua de la fuente era dispersada al aire mientras el sol caía desfallecido en el poniente madrileño, y a través de aquella imagen me pareció sentir algo, me recordó otros lugares en los que había sentido la misma sensación, duró poco mi ensoñación. Al caminar unos metros una pila de "lecheras" de la Policía Nacional ensuciaban el paisaje. Pensé que probablemente se trataría de una esas cacerías de personas que con tanto decoro nos regala a menudo la democracia. Y con esa idea llegué a una biblioteca privada donde cursaba un taller. El control de metales de la entrada me recordó que llevaba encima una navaja, de menos de cuatro dedos, pero navaja al fin y a la postre. Preferí declarar aquella pertenencia, la revisaron y no le dieron demasiada importancia aquellos agentes de la TIA. Aquello me mosqueo, no eran unos paletos. Es decir, venía alguien de rancio abolengo. Francotiradores en las azoteas oteaban atentos e intimidaban a las palomas. La princesa, la que vive en un castillo de tubos catódicos, con esa destacada elegancia que te permite vivir, y por ende vestirte, a costa del erario público; bajaba a mezclarse con el vulgo. En un acto tan comprometido como es firmar algo, firmó algo, en favor de seres desfavorecidos. Eso sí, vaya usted a saber a cuáles. Sentí la necesidad de hacer algo, estoy seguro de que ustedes me sabrán entender, pero por alguna razón que todavía no acabo de asimilar no hice nada.

"Cuando fuimos a Bermeo"

Escuchando Dancing with myself puse distancia entre aquel lugar y mi persona. Por el camino me acordé de todos mis amigos. Siempre me reconforta acordarme de momentos míticos. Como el día que David me llevó por primera vez a Fiestas de Bermeo. La sensación del salobre impregnándose en la nariz siempre le da uno las ganas de ponerse un parche pirata y hacerse a la mar, de llegar más lejos. Licor de hierbas y hierbas de Bermeo, una combinación para amenizar la noche con el label: Reserva de la Biosfera Urdaibai.

En esas estaba yo cuando tropecé con unos palos de escoba. Resolví agarrar uno para suplir el que estaba roto en casa. Al llegar a un paso de cebra me paré, y pensativo golpeaba el palo contra el suelo esperando una tregua del tráfico. En ese instante una mujer se acercó a mí, ofreciéndome su brazo para cruzar la calle, me quedé atónito, realmente me llegó al corazón.

Así que me puse la Malaguenya de Barxeta en los oídos y continúe mi camino. Me acordé de mi pueblo. De lo poco que nos llevábamos últimamente. Cuantos altos y bajos he vivido en esa relación con los orígenes desde el exilio. Habían transcurrido ya muchos años desde que dejara atrás la comarca de Cañas y Barro, en pos de ese país que tiene como deportes nacionales: levantar piedras que pesan mucho, golpear piedras con la mano contra un muro y demás cosas que se puedan hacer con piedras. Ahora subía a la plaza que antaño tuvo en una de sus entradas un No Pasarán. Recordaba a los amigos en cada paso del camino a casa extrañado por la realidad, pensando en alguna ficción. Escuchando a Iosu en Guasibilis volví a sentir aquella sensación, sonreí, y me sentí feliz de saber de que estábamos todos ahí.

"Quéverderamivalle!"

domingo, 2 de noviembre de 2008

Feria del disco vasco #03

Este disco ocupa la posición 88 y ha recibido una votación con valor de dos puntos. Todo lo relacionado con la lista, ya saben, puede ser visto en esta etiqueta.

La Buena Vida, 'Soidemersol' (1997, Siesta)

En la imprescindible radiografía escrita de la escena musical vasca de los primeros años de la transición, ‘Flores en la basura’, narrada en primera persona por Roberto Moso (voz de los casi denostados por esta lista Zarama), ya se hablaba del “Sonido Donosti” (Donosti Sound para los de argot sofisticado) a principios de los años 80.

Grupos de la capital guipuzcoana más cercanos a las intenciones artísticas de la movida madrileña (o músicos que emigraban directamente a la capital del reino), que representaban otro anverso de lo que musicalmente ocurría en Euskadi por aquellos años: aspiraciones musicales definitivamente poco o nada políticas, sonidos más pop que la media de grupos de la zona (mayoritariamente punks), desarraigo de la escena local en cuanto a discográficas, medios afines, público objetivo...

La historia se repitió una década más tarde, cuando surgió la muy ignorada (en un principio)escena alternativa (“indie” para los amigos de las etiquetas) española de los 90. Si bien Surfin' Bichos, grupo albaceteño de rock, fueron pioneros oficiosos de esta “generación” de músicos; los donostiarras Family, gracias a su LP ‘Un Soplo en el Corazón’ (con presencia en esta lista), mucho contribuyeron e influyeron en los grupos comúnmente asociados a este movimiento.

Family, precisamente, tuvieron mucho de impulsores del nuevo sonido Donosti con aquel álbum. También algunos integrantes de Las Aventuras de Kirlian, que luego se convirtieron en Le Mans (y en Daily Planet, un proyecto instrumental de corta duración), tendrían mucho de pioneros. Y, claro está, La Buena Vida, con su pop intimista de influencias anglosajonas cantado en castellano.

'Soidemersol' (referencia al garito icono de la banda "Los Remedios", pero leído al revés) convirtió a estos donostiarras en un grupo diferente. El mismo pop nostálgico que habían cultivado desde el principio, menos adolescente que en sus comienzos y con pretensiones orquestales.

Grabado con una orquesta para ellos solos en Londres, este icónico álbum recoge 11 bonitas canciones acústicas (más un bonus track) llenas de cuerdas y vientos, melancolía, serenidad… Un disco de amoríos, bailes en la playa, viajes exóticos, vestidos de flores y fiestas en pueblos marineros. Veranos, otoños, primaveras…

Su portada, por cierto, es obra del inconmensurable artista easotarra Javier Aramburu.

Una referencia capital entre obras del estilo y un empalagoso trozo de pastel en esta lista de sonidos eléctricos, mecagoendioses y ruido (sólo por el momento). Yo lo voté y, al final, casi no he hablado nada de él. Pero siempre me traerá buenos recuerdos. Sobre todo, porque era una de las pocas cintas de mi propiedad que los viejos me dejaban pinchar en el coche.

Escuchen...



jueves, 2 de octubre de 2008

Más mierda contra Frito por Enladeélpaquemetese

Este refrito está avalado por el label guasíbilis kalitatea.

Post respuesta a 'Por sus obras los conocerán', escrito por Napartheid.

Como el compañero Napartheid, crecí con los Platero. En este lado de la ría, también sonaban mucho estos cuatro chicos macarras de Bilbao. De hecho, cuando fui a pasar cinco años de mi vida a la ciudad del Nervión, flipaba porque los Platero sonaban en todas partes. Grababa sus discos -también me compré alguno- y disfrutaba como un enano con sus canciones rockanrolaris con un toque rebelde y contestatario.

Un buen día, era el año 2001, y me pasé por una tienda de música junto a Galerías Deusto. Allí tenían el último disco de Platero y Tú: Correos. Un discazo.

Para los más entendidos, nunca lo fui, era el principio del fin. Ya se comentaba por los mentideros plateristas que iba a ser el último, pero aún así uno tenía sus dudas.

En este LP hay canciones para todos los gustos. Comienza con Cigarrito que si lo piensas puede presagiar lo que en pocos años sería el fin del grupo: "Es mejor que se pare el tren y mirar que todo va bien, que si no, no me entero". Seguimos, tema número 2, Un ticket para cualquier lugar. Sacado de contexto, pero Frito, letrista a la par que cantante, pensando en el abandono de la banda, suelta esta perla: "Un ticket para cualquier lugar / hay veces en la vida que te puede salvar... / Aboné los vientos, crecieron tempestades". Ahí lo dejo. La siguiente la saltamos y nos vamos a la canción número 4, que también tiene su miga. Sobre todo si se asocia con el cambio que dio ese hombre pequeño bajo una gorra de abuelo: "Dirás que todo es muy moderno y que lo tengo que entender, de todo lo que huele a viejo me tendré que desprender...".

"Y cuanto más aceleroo.."

Y así seguimos. Cada tema tiene su pequeña dosis de “amigos, me voy”. Eso se puede ver entre los componentes del grupo que decidieron desligarse del fritismo que quería probar con otro tipo de “cosas” (dinero, dinero y más dinero). Su experiencia con los Fitipaldi no le iba mal, era un proyecto paralelo que sonaba diferente pero que encajaba. Eso sí, Frito quiso ahondar en el fitipaldismo y ahora vemos lo que hay. No me quiero ir por las ramas y vuelvo al disco de Correos. En el seno del grupo no se veía muy bien que a Frito se le subiera el ego.

Ahora viene lo curioso. La portada del disco lo dice todo.

La carátula simula un paquete postal con una cuerda y cuatro sellos -uno por cada miembro del grupo (Jesús García “Maguila”- batería -, Iñaki “Uoho” -guitarra-, Juantxu -bajo- y Frito -voz y guitarra-). Hasta aquí nada. Los sellos están separados por una cuerda, tres a un lado y el de Frito al otro. Los matasellos dicen aún más. El que se sitúa encima del de Frito pone “aparta” y los otros dos uno pone “artados” y el otro “ados” (versión de hartados y adiós, imagino). El diseñador de la portada, Juantxu, como ya lo hiciera en otros discos de la banda, le enseñó a Frito su disco y éste le dio su aprobación. La historia de la portada me la contaron el pasado domingo 28 de septiembre de 2008 y según mi fuente, fue el propio Juantxu el que dio a conocer esta historia en uno de esos foros de Internet que pululan por ahí.


Bueno, nenos, a parte de suscribir letra a letra, frase a frase, lo que mi compañero Naparheid escribió en su post añado esto: Viva el rock, y muerte a Frito a sus letras hechas en cinco minutos. ¡Por favor, imagináis una canción de Platero que diga: tus ojos del color de la coca cola! Muerte y destrucción, el rock no te quiere Frito, por qué no haces discos con tu amigo Alejandro Sanz, maldito enano. Bilbaínos, daos cuenta. Por ser de Bilbao, uno no tiene que ser bueno. Frito no mola. Para el próximo concierto, que no vaya nadie (va a ser muy difícil, pero hay que intentarlo).





Lleguó a tener tupé.

jueves, 21 de agosto de 2008

El arte del MC

Pínchalas aquí.

En guasíbilis habíamos hablado del vinilo y del vhs, pero no todavía del mc. El MC, coñes, las cintas de casete (para no quedar como un pardillo, léase "caset"). Yo nunca fui fan de las cintas, aunque tuve muchas y grabé muchas más. Por aquello de que todavía quedan muchos coches sin mp3 y estas cosas modernas, la cinta es un formato que permanece a duras penas. Y quizá también porque los fabricantes de minicadenas no sabían qué coño poner debajo del CD para que el aparato tenga algo de consistencia. Pero pocas cintas se graban ya. Sólo nuestro amigo Vitoko y otros cuatro frikis con pintas regalan casetes a sus amistades en el año 2008. Dios les bendiga.

En aquellos dorados y sobrevalorados 80, la cinta era el único refugio de los piratas musicales. La única forma de mantener la cultura musical para todos los que no disponíamos de paga suficiente como para satisfacer todas nuestras curiosidades musicales. Había una cinta que grababa en bruto nuestros programas favoritos de radio y otra en la que volcábamos las canciones que habíamos cazado sin interferencias del locutor o de las señales horarias. Ay, la radio y las cintas, benditos inventos del pasado.

Sin los casetes, el que esto escribe hoy sería un ignorante musical. Porque mi familia me hacía los regalos de navidades por oleadas. Y primero vinieron todos los números de Astérix, y luego todos los de Tintin y, más tarde, los cedés de Los Beatles. No sé qué habría sido de mí si aquel año del señor de 1995 no hubiera recibido Incesticide y Nevermind de Nirvana en sendas cintas TDK. Había música más allá de Los Beatles y estaba en las cintas (piratas) de casete.

Como ya no se venden en casete ni las maquetas de los grupos más guarros, la mayoría no se acordará del particular arte de las cintas, que tenía que encajar la portada del vinilo (cuadrada de unos 30 X 30 centímetros) en la de la cinta (rectangular, 11 X 7). He estado haciendo algo de limpieza en casa y he rescatado un puñado de cintas originales para que ustedes, conmigo, suspiren de nostalgia.


Hombre, de Los Beatles tenía toda la colección de cedés, pero también había alguna cinta. Estas dos son heredadas. La primera porque es una patata; recopila grabaciones de los liverpudianos en su época de Hamburgo (en el Star Club, concretamente) y suena como una braga. Así que un familiar me las regaló (eran dos volúmenes que llevaban años pudriéndose en sus estanterías) y todos contentos.

La segunda era del viejo (mi padre), y de él heredé todas sus cintas. Let it be era (es, creo) su disco favorito de Los Beatles. El casete tiene más años que cualquiera de ustedes y, como al resto, lo he escaneado con su envoltorio original para que puedan saborear su buqué..



Los Beatles los tenía en cedé, pero las obras de sus miembros en solitario eran carne de cañón del MC. Las cintas de Paul McCartney (la que ven arriba y McCartney II, subproductos ochenteros) costaban 400 pesetas en los baratillos de mi pueblo.

La segunda también la heredé del viejo. Comprada en aquellos tristes días de 1980 en los que Lennon era asesinado y publicaba nuevo LP, todo al mismo tiempo.

De mi vieja no heredé ninguna cinta, pero ella pidió esta maravilla después de recortar muchos códigos de barra de cualquiera de los muchos productos de la multinacional Nestlé (a la que, por si no lo saben, conviene tener en la lista de enemigos) a principios de los 90. Esta maravillosa mixtape compilaba canciones clásicas de épocas doradas de la música popular (especialmente los 60). Rock Around the Clock de Bill Haley abría sabiamente un repertorio que concluía con What a Wonderful World de Louis Armstrong, clásico cierre de mixtape hasta que la publicidad y el cine nos metieran la muy jodida canción hasta por el orificio anal.

Además, grandes temas como Boom, Boom, Boom, Boom del maestro John Lee Hooker; Schools Days de Chuck Berry, que abría la cara B; Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd; California Dreamin' de Mamas & The Papas; y la fantástica You Were on my Mind versioneada por Barry McGuire. Una bonita lección de música para un chavalín al que acababan de regalar una minicadena por su cumpleaños. Incluso en cortes horteras como Love is in the Air, tema que hay que cantar por obligación social en cualquier reunión alcóholica.

La cinta era muy buena, también, para escuchar en el coche con los progenitores. Y no me negarán que el título tiene su aquel: Breakfast & Music; tiene fuerza, la hostia. No se pierdan, por favor, la horrible portada de gusto grafitero.




Supertramp es un grupo que siempre ha gustado mucho en mi familia y que ahora están muy de moda por ser el grupo favorito de nuestro presidente. Cosa que no sé si es cierta, o una coña a cuenta de la fantástica portada de su álbum Crisis, What Crisis?. Lo cierto es que las portadas de estos ingleses eran una cosa de otro mundo. Aunque aquí no esté mi favorita, la de Breakfast in America.

Por algún motivo, Supertramp son un grupo del que no está muy bien visto ser seguidor. Sobre todo si uno trata de pasar por punk. Al que esto escribe, no sé si por inercia familiar o por decisión propia, le sientan bien. A penas los escucho ahora, la verdad, pero estas cintas dieron muchas vueltas en mi walkman. Sobre todo la primera y la última.


Nunca tuve especial cariño por esta cinta, la verdad. Pero no me digan que no tiene una portada bellísima.


A Bob Dylan y Pink Floyd nunca les tuve gran aprecio en mi infancia por culpa de estas cintas. Ni son sus mejores albumes (ni con mucho), ni me resultaban demasiado digeribles. La portada de la primera me gusta especialmente, pues podría valer para ilustrar una cinta de Paco Ibañez, por ejemplo. La de la segunda también mola bastante. Me alegro de tenerlas todavía conmigo, hasta el día que mi acuciante necesidad de fumar heroína me lleve a venderlas en el Cash Converters a 10 céntimos la pieza.


A todos los que se les llena la boca contando lo bonitos que eran los 80 y todos esos rollos sus padres no le obligaban, seguramente, a escuchar esta basura de Ana Belén. Pensar en que gente a la que quiero le ha ayudado a pagar a esta señora alguna de sus muchas piscinas me revuelve los intestinos.


Me pregunto cuál de mis familiares se dejó embaucar para comprar la típica cinta de sonidos andinos (y callejeros, por supuesto) que no debería faltar en ninguna colección. Su caja es la mejor conservada de todas las que enseña este post y sospechosamente es la única cuya cinta magnética que está perfectamente rebobinada en la cara A. Lo que me hace pensar que jamás ha sido escuchada. Imagino que el precinto se quitaría más por vergüenza que por curiosidad.

En el interior trae una breve historia de la tradición musical en los Andes y un fragmento del poema "Los Andes aún existen". Aunque no se lo crean, no incluye ninguna versión de El Cóndor Pasa.

Esta cinta también me costó 400 pesetas, como la de McCartney. Y no la encontré en los baratillos del pueblo, pero sí en la calle. Un amable señor (de unos cincuenta, con cazadora de piel marrón) me dejó escuchar un poco de la misma en su walkman, para que comprobara su calidad. A mis doce años, Voodoo Lounge era lo último de los Rolling Stones, que iban a venir de gira por España; a Gijón concretamente. Como habrán adivinado, esta copia de lo último de los Rolling en el 94 es pirata.

Aquella fue la primera vez que ví a alguien vender cintas piratas a alguien por la calle. Desde entonces he pirateado lo que se imaginan, pero jamás he vuelto a adquirir música de contrabando en la calle. En aquella época, sin embargo, durante muchos días me sentí un chico afortunado. Fue una pena no volver a ver a ese viejo...

Tampoco podía faltar el ejemplar cursus de inglesus nun finalizadum. Éste, por lo que puedo ver, incluido en Vacaciones Santillana. Grande.

Mientras termino de escribir el post, casi a la vez que termina de sonar la mixtape Breakfast & Music (muy bien, por cierto), encuentro esta pequeña obra de arte. Un regalo que me hizo el gran Javi Palao unas horas antes de marcharme un verano como este a Inglaterra, hace un lustro ya (!). Si se fijan bien y giran la cabeza (pinchen en la imagen para aumentar el tamaño) pueden ver al colaborador guasíbilis Demian, azulado y tocando la guitarra.

Y si han llegado hasta aquí hablen, por favor, de sus colección de casetes. Soy todo oídos.