miércoles, 4 de junio de 2008

Cosecha del 67 (III)

La cosecha de 1967 es tan espectacular que, como sabiamente recordaba Mycroft en los comentarios del primer post de la serie, cuenta con caldos sonoros del calibre de Forever Changes, de la banda angelina Love. Un disco que si bien suena contemporáneo a cada uno de los que hemos hablado, tiene una personalidad única y arrebatadora a medio camino entre las melodías perfectas, las raices acústicas, la lisergia folk, el pop orquestal, las atmósferas sonoras y la perturbación eléctrica.

Como su nombre deja entrever, Love era una banda de hippies cometripis de la costa Oeste que vivían en comunidad (en la que fuera la casa de Bela Lugosi). Love además era una banda multirracial que lideraba el no hace mucho fallecido (agosto de 2006) Arthur Lee, compositor y vocalista que ya había grabado con Jimi Hendrix antes de que éste debutara con la Experience y compartido música con Sly (el de la familia Stone) y The Doors, a los que por lo visto introdujo en la discográfica Elektra. El resto del quinteto que hizo posible este hito de la música popular americana de los 60 lo componían el guitarrista John Echols, el bajista Ken Forssi, Michael Stuart a la percusión y el también compositor, guitarrista y vocalista Bryan Maclean, que compuso el que probablemente sea el tema más radiado del album: el introductorio Alone Again Or.

Más adelante escuchamos las bellísimas Andmoreagain ("And you don't know hom much I love you") y Old Man, con la dulce voz de Lee planeando sobre sinuosos pianos, violines y trompetas. Cierra la cara A la inquietante The Red Telephone, con una letra maravillosa que bien merecería un post para ella sóla. Una guitarra acústica abre la cara B, pero sin mucho tardar, las ráfagas de trompetas se vuelven las protagonistas y marcan el tempo de la maravillosa Maybe the people would be the times or between Clark and Hilldale. Sin embargo, sólo unos minutos más tarde la guitarra eléctrica toma el protagonismo en la antimilitarista Live and Let Live. Cierra el repertorio la épica You Set the Scene, escuchen por favor la final traca de viento cuando tengan la oportunidad y gocen.

Adelantándose unos años al sino de su generación, Love se desintegró a golpe de heroína, que sacó de la banda a Maclean sólo un año después del Forever Change y seguramente contribuyó a la definitiva pérdida de papeles de Arthur Lee, que como pueden imaginar ya había abusado de otras sustancias más sesenteras como el LSD. Lee pasó seis años en la cárcel en los 90 (fue puesto en libertad en 2001) y la leucémia se cebó con él en sus últimos días.

Sin movernos de Los Angeles, no podríamos continuar este repaso sesentaysietero sin detenernos en esta otra joya de la corona musical californiana, Younger than yesterday de los imprescindibles The Byrds. En este caso, The Byrds tocan tantos palos musicales que el poso que deja este "Más joven que ayer" es difícilmente resumible en unas cuantas líneas.

Abre el repertorio el single So you want to be a rock'n roll star, que a ritmo de trompetas voladoras y con gritos histéricos de fans sonando de fondo, ironiza sobre las nuevas generaciones de rock star wannabes (como los prefabricados Monkees): "vende tu alma a una compañía que espera vender plástico, y si en una semana o dos llegas a las listas de éxito, las chicas van a hacerte pedazos". La bonita melodía de Have you seen her face continúa el festival pop, pero la psicodelia y el country van a acaparar el protagonismo del resto del repertorio.

En la parte lisérgica destacan los paisajes guitarrísticos de Everybody's been burned y la introducción de atmósferas con reminiscencias indias en Mind Gardens, ambas compuesta por el guitarrista y vocalista David Crosby. El también guitarrista y vocalista Chris Hillman sería el responsable del giro country de parte del repertorio byrd, amén de convertirse más tarde en el padre del country rock junto a Gram Parson, que un año más tarde se uniría a la banda en calidad de teclista, para acabar con la guitarra colgada del hombro. En Younger than yesterday, los Byrds también versionarían a Dylan en la sugerente My Back Pages.

La delirante película Magical Mistery Tour supuso el primer gran fracaso de crítica de mis adorados Beatles, amén de ser el primer proyecto de la banda sin la sombra de su manager, Brian Epstein, que había sido encontrado muerto en su casa a finales de agosto de aquel año por sobredosis de 'Carbitral'. De cualquier forma, el film no deja de ser una anécdota comparado con su banda sonora, editada en EE UU en forma de LP y en el Reino Unido en forma de doble EP.

MMT trató de revivir sin tanto éxito el espíritu circense y conceptual del Sgt. Pepper. Sin embargo, el repertorio incluía temazos como I am the Walrus (puro Lennon del 67) y Fool on the Hill (una baladapreciosa netamente McCartneytarra). Además, cuando se decidió establecer el doble EP como LP de la discografía oficial de la banda, se incluyeron las canciones Strawberry Fields Forever y Penny Lane, protagonistas del single más importante de 1967 y, probablemente, de toda la carrera de los de Liverpool. Curiosamente, el single (con Penny Lane en la cara A) sería el primero en no alcanzar el número uno de las listas de éxitos inglesas desde el mítico Love me do, primer sencillo de la banda publicado en 1962.

La muerte del manager y el acercamiento de la banda a las terapias de "meditación trascendental" del Maharishi Mahesh Yogi (viaje a la India incluído) iniciarían un largo y doloroso proceso de descomposición del grupo y sumirían a la banda en la última de sus etapas musicales. Con The Beatles, el album doble con portada blanca de 1968, firmaron un manifiesto anti Sgt. Pepper's. Charles Manson y su familia escribirían con sangre, en las paredes de la mansión de Roman Polanski, estractos de las letras de varias canciones incluídas en este album (Helter Skelter y Piggies, principalmente). Eso ocurría 1969, el hippismo había muerto.

Mientras la costa Oeste de Estados Unidos vivía inmerso en el verano del amor, en New York City, la costa Este, ya se aventuraba el "invierno del descontento" de la heroína, Nixon, los 70 y la música disco. El debut discográfico de The Velvet Underground & Nico, banda apadrinada por Andy Warhol y liderada por un tal Lou Reed, tuvo nula repercusión en las listas de éxitos mundiales. A la larga, sin embargo, se convertiría en un referente indispensable para innumerables bandas de cualquier esquina del planeta. También fue un auténtico anti- Sgt. Pepper's que introducía una nueva forma de entender la música popular más cercana al futuro punk (suciedad y hazlo como te venga en gana) y otra de entender la producción musical más allá de los circuitos impuestos por la industria discográfica. Mientras el hito beatle ponía la guinda al sonido de una época (la de la lisergia pop), el disco del plátano abría una nueva era de música más sucia que las plantas de los pies de los asistentes a Woodstock y, claro está, mucho menos vitalista y esperanzadora.

Para empezar, Sunday Morning relataba la resaca del último viaje de LSD de los 60, la única concesión del disco. A partir de ahí, el repertorio se volvía oscuro e incómodo. El sexo libre de los hippies se transformaba en placer bizarro de látigos e inspecciones rectales; las comunales drogas psicodélicas daban paso a los downers como la heroína (paradigma de droga ultraadictiva y, precisamente, anticomunal) y el idealismo se reducía a pensar que esta vez tu camello no te iba a hacer esperar durante horas en alguna esquina mugrienta de Harlem con 26 dólares en la mano.

Éste disco que cierra nuestra lista de grandes reservas de 1967 bien merecería un post para él solito, como cualquiera de los comentados anteriormente. Por eso no vamos a desgranar ni uno más de los muchos clásicos que reúne (Heroin, All tomorrow's parties, I am waiting for my man, There she goes again...). Si bien Warhol no era un productor musical al uso y, por tanto, sus aportaciones en este campo son más anecdóticas que otra cosa; su visión de artísta capital del siglo XX queda patente en esta imprescindible obra maestra, desde la mítica portada hasta la temática netamente underground (y nunca mejor dicho). Frikis, yonkis, un galés tocando la viola, una modelo alemana al micrófono y Lou Reed con 25 años... Una maravilla.

Y se acabaron los colorines.

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