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jueves, 31 de julio de 2008

Las vacaciones de Brian














Brian the Brain es una creación del primer autor de cómics español del siglo XXII: el imprescindible Miguel Ángel Martín. Las aventuras de este infante supracerebral se publicaron hace años en los míticos y bonitos Brut Comix de La Cúpula. Hace unos tres años, la mentada editorial recopiló todo el material de Brian incluído en los Brut, más unas cuarenta páginas inéditas, en un único tomo titulado igual que su protagonista. Su lectura, para ustedes, gente insensata, es tan imprescindible como echar un pis todas las mañanas según se levantan de la cama. Luego me vendrán a decir qué les sugiere la palabra inquietante y si han encontrado una nueva frontera para su significado.

jueves, 10 de julio de 2008

El hombre bombilla se apagó

Heredamos los libros de nuestros mayores. Es hermoso sentirse vivo y hermanado en la cama con otra persona cuando las tripas hacen ruido. Sentirse vivo. Parece que quiero vender algo. Se acercan las niñas con sus huchas y me preguntan, "y los vivos, ¿heredan los vestidos de fiesta de los muertos?", "y los vivos, ¿no se asustan cuando escuchan esas risas en la calle, esas risas que suenan sin haber personas cerca y que parecen carcajearlas las sombras?", "y los vivos, ¿tienen algo en común con alguien?".

Abrazo a mi amor porque hemos heredado el hambre y lloro en su pelo.


Sergio Algora, letrista y voz de el mítico grupo de pop maño de los 90 El Niño Gusano, abandonó el planeta Tierra ayer por la mañana. Me enteraba de la triste noticia leyendo Micronesia pocas horas después y, todavía, me cuesta hacerme a la idea. Leyendo su obituario en el periódico de hoy, he sabido que tenía frágil el corazón, del que ya había sido operado, y que sólo tenía 39 años. Aquí, en mi cuarto, los viejos CDs llenos de polvo han vuelto a sonar, claro, y mis años teens han estado dando vueltas por mi cabeza, ya se pueden imaginar. Pero, por una vez no quiero hablar de mí, ni de lo miserable que era la adolescencia, ni de las niñas que dijeron que no y se marcharon riendo, ni del poder balsámico que tiene la música para los que se saben (o se creen) bichos raros.

Sergio fue músico, escritor, poeta, blogger, dependiente de tienda de discos, camarero, niño gusano, angel guardia, hombre bombilla, fabricante de alas de mariposa y todas las cosas que yo siempre quise y nunca pude ser. Escucho su voz en viejos clásicos gusanos y se me ponen los pelos como escarpias. Leo sus post, sus poemas, los artículos que escribió y me doy cuenta que después del final del grupo casi me había olvidado de él y las tardes que, sin conocernos, pasamos juntos.

Ahora Sergio habita en un planeta en el que no hay inviernos ni veranos, ni rayos que caigan, ni hagan mal. En el planeta Algora, conejos rosas reparten leche, pan y pétalos de rosa todos los días a las siete de la tarde, los besos no saben a delantal y siempre es 1967. Vaya para él este abrazo sideral.

Les dejo con El hombre bombilla, sacada de el EP Veo Estrellitas 10''. No es mi canción preferida de El Niño Gusano, pero sí la primera en la que pensé leyendo a Mycroft. Que ustedes lo disfruten.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cosecha del 67 (III)

La cosecha de 1967 es tan espectacular que, como sabiamente recordaba Mycroft en los comentarios del primer post de la serie, cuenta con caldos sonoros del calibre de Forever Changes, de la banda angelina Love. Un disco que si bien suena contemporáneo a cada uno de los que hemos hablado, tiene una personalidad única y arrebatadora a medio camino entre las melodías perfectas, las raices acústicas, la lisergia folk, el pop orquestal, las atmósferas sonoras y la perturbación eléctrica.

Como su nombre deja entrever, Love era una banda de hippies cometripis de la costa Oeste que vivían en comunidad (en la que fuera la casa de Bela Lugosi). Love además era una banda multirracial que lideraba el no hace mucho fallecido (agosto de 2006) Arthur Lee, compositor y vocalista que ya había grabado con Jimi Hendrix antes de que éste debutara con la Experience y compartido música con Sly (el de la familia Stone) y The Doors, a los que por lo visto introdujo en la discográfica Elektra. El resto del quinteto que hizo posible este hito de la música popular americana de los 60 lo componían el guitarrista John Echols, el bajista Ken Forssi, Michael Stuart a la percusión y el también compositor, guitarrista y vocalista Bryan Maclean, que compuso el que probablemente sea el tema más radiado del album: el introductorio Alone Again Or.

Más adelante escuchamos las bellísimas Andmoreagain ("And you don't know hom much I love you") y Old Man, con la dulce voz de Lee planeando sobre sinuosos pianos, violines y trompetas. Cierra la cara A la inquietante The Red Telephone, con una letra maravillosa que bien merecería un post para ella sóla. Una guitarra acústica abre la cara B, pero sin mucho tardar, las ráfagas de trompetas se vuelven las protagonistas y marcan el tempo de la maravillosa Maybe the people would be the times or between Clark and Hilldale. Sin embargo, sólo unos minutos más tarde la guitarra eléctrica toma el protagonismo en la antimilitarista Live and Let Live. Cierra el repertorio la épica You Set the Scene, escuchen por favor la final traca de viento cuando tengan la oportunidad y gocen.

Adelantándose unos años al sino de su generación, Love se desintegró a golpe de heroína, que sacó de la banda a Maclean sólo un año después del Forever Change y seguramente contribuyó a la definitiva pérdida de papeles de Arthur Lee, que como pueden imaginar ya había abusado de otras sustancias más sesenteras como el LSD. Lee pasó seis años en la cárcel en los 90 (fue puesto en libertad en 2001) y la leucémia se cebó con él en sus últimos días.

Sin movernos de Los Angeles, no podríamos continuar este repaso sesentaysietero sin detenernos en esta otra joya de la corona musical californiana, Younger than yesterday de los imprescindibles The Byrds. En este caso, The Byrds tocan tantos palos musicales que el poso que deja este "Más joven que ayer" es difícilmente resumible en unas cuantas líneas.

Abre el repertorio el single So you want to be a rock'n roll star, que a ritmo de trompetas voladoras y con gritos histéricos de fans sonando de fondo, ironiza sobre las nuevas generaciones de rock star wannabes (como los prefabricados Monkees): "vende tu alma a una compañía que espera vender plástico, y si en una semana o dos llegas a las listas de éxito, las chicas van a hacerte pedazos". La bonita melodía de Have you seen her face continúa el festival pop, pero la psicodelia y el country van a acaparar el protagonismo del resto del repertorio.

En la parte lisérgica destacan los paisajes guitarrísticos de Everybody's been burned y la introducción de atmósferas con reminiscencias indias en Mind Gardens, ambas compuesta por el guitarrista y vocalista David Crosby. El también guitarrista y vocalista Chris Hillman sería el responsable del giro country de parte del repertorio byrd, amén de convertirse más tarde en el padre del country rock junto a Gram Parson, que un año más tarde se uniría a la banda en calidad de teclista, para acabar con la guitarra colgada del hombro. En Younger than yesterday, los Byrds también versionarían a Dylan en la sugerente My Back Pages.

La delirante película Magical Mistery Tour supuso el primer gran fracaso de crítica de mis adorados Beatles, amén de ser el primer proyecto de la banda sin la sombra de su manager, Brian Epstein, que había sido encontrado muerto en su casa a finales de agosto de aquel año por sobredosis de 'Carbitral'. De cualquier forma, el film no deja de ser una anécdota comparado con su banda sonora, editada en EE UU en forma de LP y en el Reino Unido en forma de doble EP.

MMT trató de revivir sin tanto éxito el espíritu circense y conceptual del Sgt. Pepper. Sin embargo, el repertorio incluía temazos como I am the Walrus (puro Lennon del 67) y Fool on the Hill (una baladapreciosa netamente McCartneytarra). Además, cuando se decidió establecer el doble EP como LP de la discografía oficial de la banda, se incluyeron las canciones Strawberry Fields Forever y Penny Lane, protagonistas del single más importante de 1967 y, probablemente, de toda la carrera de los de Liverpool. Curiosamente, el single (con Penny Lane en la cara A) sería el primero en no alcanzar el número uno de las listas de éxitos inglesas desde el mítico Love me do, primer sencillo de la banda publicado en 1962.

La muerte del manager y el acercamiento de la banda a las terapias de "meditación trascendental" del Maharishi Mahesh Yogi (viaje a la India incluído) iniciarían un largo y doloroso proceso de descomposición del grupo y sumirían a la banda en la última de sus etapas musicales. Con The Beatles, el album doble con portada blanca de 1968, firmaron un manifiesto anti Sgt. Pepper's. Charles Manson y su familia escribirían con sangre, en las paredes de la mansión de Roman Polanski, estractos de las letras de varias canciones incluídas en este album (Helter Skelter y Piggies, principalmente). Eso ocurría 1969, el hippismo había muerto.

Mientras la costa Oeste de Estados Unidos vivía inmerso en el verano del amor, en New York City, la costa Este, ya se aventuraba el "invierno del descontento" de la heroína, Nixon, los 70 y la música disco. El debut discográfico de The Velvet Underground & Nico, banda apadrinada por Andy Warhol y liderada por un tal Lou Reed, tuvo nula repercusión en las listas de éxitos mundiales. A la larga, sin embargo, se convertiría en un referente indispensable para innumerables bandas de cualquier esquina del planeta. También fue un auténtico anti- Sgt. Pepper's que introducía una nueva forma de entender la música popular más cercana al futuro punk (suciedad y hazlo como te venga en gana) y otra de entender la producción musical más allá de los circuitos impuestos por la industria discográfica. Mientras el hito beatle ponía la guinda al sonido de una época (la de la lisergia pop), el disco del plátano abría una nueva era de música más sucia que las plantas de los pies de los asistentes a Woodstock y, claro está, mucho menos vitalista y esperanzadora.

Para empezar, Sunday Morning relataba la resaca del último viaje de LSD de los 60, la única concesión del disco. A partir de ahí, el repertorio se volvía oscuro e incómodo. El sexo libre de los hippies se transformaba en placer bizarro de látigos e inspecciones rectales; las comunales drogas psicodélicas daban paso a los downers como la heroína (paradigma de droga ultraadictiva y, precisamente, anticomunal) y el idealismo se reducía a pensar que esta vez tu camello no te iba a hacer esperar durante horas en alguna esquina mugrienta de Harlem con 26 dólares en la mano.

Éste disco que cierra nuestra lista de grandes reservas de 1967 bien merecería un post para él solito, como cualquiera de los comentados anteriormente. Por eso no vamos a desgranar ni uno más de los muchos clásicos que reúne (Heroin, All tomorrow's parties, I am waiting for my man, There she goes again...). Si bien Warhol no era un productor musical al uso y, por tanto, sus aportaciones en este campo son más anecdóticas que otra cosa; su visión de artísta capital del siglo XX queda patente en esta imprescindible obra maestra, desde la mítica portada hasta la temática netamente underground (y nunca mejor dicho). Frikis, yonkis, un galés tocando la viola, una modelo alemana al micrófono y Lou Reed con 25 años... Una maravilla.

Y se acabaron los colorines.

jueves, 29 de mayo de 2008

Cosecha del 67 (II): Grace Slick a través del espejo

Jefferson Airplane - Surrealistic Pillow (1967)

Mi abogado estaba en la bañera cuando volví. Sumergido en agua verde

(...)

"¡Música!" gruñó. "Enciéndelo. Pon la cinta."
"¿Qué cinta?"
"La nueva. Está justo ahí."
Cogí la radio y me dí cuenta de que también tenía una pletina -una de estas cosas con
un cassette dentro. Y la cinta, Surrealistic Pillow, sólo necesitaba que le dieran la vuelta. Él ya había escuchado la cara A -a un volumen que se ha debido escuchar en cada habitación dentro de un radio de cien yardas, con paredes y todo.
"White Rabbit," dijo. "Quiero un sonido creciente."
"Estás condenado," le dije. "Yo me largo en un par de horas -y entonces van a venir y te van a joder vivo. Justo ahí, en la bañera."
"Yo cavo mis propias tumbas," me dijo. "Agua verde y White Rabbit... pónla; no me hagas usar esto." Su brazo emerge atacante del agua, tiene un cuchillo de cazador agarrado con el puño cerrado.

(...)

El volumen estaba tan alto que era difícil saber qué estaba sonando a no ser que sepas Surrealistic Pillow nota por nota... yo me lo sabía, en aquella época, así que supe que White Rabbit había terminado; el punto álgido había llegado y se había ído.
Pero parecía mi abogado no lo sabía. Quería más. "¡Da la vuelta a la cinta!" chilló. "¡La necesito otra vez!" Sus ojos se llenaron de locura, incapaces de enfocar. Él parecía estar en al borde de un horrible orgasmo psíquico...
"¡Déjalo girar!" gritó. "¡Tan alto como pueda ese hijo de puta! Y cuando llegue a esa fantástica nota en la que el conejo se arranca la cabeza con los dientes, quiero que lances la puta radio en la bañera conmigo dentro."

Fear and Loathing in Las Vegas (1971), Hunter S. Thompson




Vean la traducción de White Rabbit aquí.

lunes, 26 de mayo de 2008

Cosecha del 67

La muerte del doctor Hoffman, químico suizo inventor del LSD, ha marcado este nada prolífico mes de mayo en guasíbilis. La disección en clave de cultura popular de esta sustancia nos lleva, obligatoriamente, a repasar los movimientos contraculturales de los años 60, que en Europa tuvieron su momento cumbre hace exactamente 40 mayos, al calor de las revueltas parisinas del 68. Por lo revolucionario y, sobre todo, por lo primaveral; mayo parece el mes más indicado para hacer una retrospectiva lisérgica. Lástima del perreo congénito del autor de este blog, que desde hace décadas no puede evitar deleitarse con cada uno de los movimientos de cada una de las moscas que, cada día, pasan frente a mis ojos.

El caso es que quería hablar de música (preferetemente lisérgica) y he decidido de hacerlo a través de los mejores caldos musicales de la cosecha de 1967. Probablemente, si se me ofreciera elegir un año musical en el que quedarme a vivir escogería ese. El del verano del amor en los parques de San Francisco, la guerra de los Seis Días, las seducciones de la señora Robinson en la gran pantalla y la muerte en la selva boliviana del médico argentino, reconvertido a guerrillero socialista, Ernesto "Ché" Guevara. En el 67, el hippismo tocó techo y aunque a los pies negros todavía les quedaban por vivir eventos generacionales como Woodstock; el desparrame de la familia Manson, la segunda juventud de la heroína, la derrota del idealismo y la música disco estaban apunto de sacar a la generación de la postguerra de su sueño multicolor.

En lo estríctamente musical, es necesario empezar el repaso por los caldos sonoros del 67 justo un año antes. En 1966, Los Beach Boys, de la mano de Brian Wilson, publicaban el imprescindible Pet Sounds y Los Beatles, bajo las mismas coordenadas musicales, Revolver. El estudio de grabación (con el wall of sounds de Phil Spector como reflejo) se convierte en otro instrumento a la altura de la guitarra, el bajo, el piano y la batería. Los LPs dejan de ser fosas comunes de canciones, sustituyen al single como principal formato comercial de la música y se convierten en complejas obras de arte. La generación de la post guerra había consolidado su sonido, mientras la industria musical se revolucionaba. Y quedaba por llegar 1967, la mejor cosecha musical de todo el siglo XX.

Visto con la perspectiva que dan cuarenta años, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band no fue el mejor album de 1967, pero sí el más revolucionario, entonces, y (seguramente) el que más páginas de revistas culturales ha acaparado hasta la fecha. Para algunos, entre los que me incluyo, su album antecesor, Revolver, fue todavía mejor. Pero apreciaciones partidistas aparte, el primer LP del combo liverpudiano tras anunciar el fin de sus actuaciones en directo, resumió, con acento inglés, el sentimiento de una generación de jóvenes artistas, y no sólo en el obvio apartado musical. En el repertorio destacan el himno lisérgico Lucy in the sky with diamonds (poco me importa si la idea vino de un pastillazo de ácido, de un dibujo del pequeño Julian Lennon o de una mezcla de las dos) y la casi insuperable A day in the life (recuerden línea "I'd love to turn you on" - me encantaría colocarte -). No conviene olvidar tampoco que el mítico single Penny Lane / Strawberry Fields Forever, se grabó en las sesiones del Pepper's, aunque respetuosamente con la tradición británica, tamañas canciones no acabaran incluídas en el repertorio final.

Desde el diseño de la portada, la bolsa interior (recortables castrenses y bigote de guardia civil incluídos), hasta la costosísima producción musical, todo en el Sgt. Pepper es pura leyenda del rock and roll. Sólo tres días después de la publicación del album en Inglaterra, el 1 de Junio de aquel mágico año, el extraterrestre Jimi "hago lo que me sale de los cojones con mi guitarra" Hendrix comenzó su histórica actuación en el londinense teatro Saville con una versión del tema Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band. Hendrix improvisó con el resto de la Experience el tema en los camerinos, mientas unos atónitos George Harrison y Paul McCartney, que se encontraban entre los asistentes, inflaban un poco más su ego. La leyenda también cuenta que Brian Wilson decidió suspender el proyecto del LP SMiLe después de oir Sgt. Pepper's, cuando estaba conduciendo por Los Ángeles. Verdad o mentira, en guasíbilis siempre nos ha gustado quedarnos con la leyenda, por eso lo contamos, más que nada.

1967 fue un año especialmente reseñable en nacimientos discográficos. Los angelinos The Doors, llamados así a cuenta de las "puertas de la percepción" de Huxley, debutaron con su álbum homónimo en la discográfica Elektra. La propuesta de la banda liderada por Jim Morrison, puro rock'n roll personificado, no podía ser más explícita desde las primeras líneas de la magnífica Break on Through (the Other Side): "sabes que el día destroza la noche, la noche divide el día. Intenta huir. Intenta esconderte. Ábrete camino hacia el otro lado".

Evidentemente, el otro lado (the other side) tenía connotaciones más relacionadas con los estados de percepción que con la ubicación física. Como el fuego de Ligth my fire. Pero The Doors no acaban en la extravangancia y el arrollador carisma de su frontman y su bonita poesía. Los teclados de Manzarek, las guitarras de Krieger y los ritmos de Densmore crearon un sonido propio compuesto por la pasión, los paisajes sonoros, el rock'n roll como forma de vida y las reminiscencias blueseras como punto de partida. Coppola recuperó la crepuscular The End para la banda sonora de la inconmensurable Apocalipse Now (1979).

El Dr. Benway le dedicó hace tiempo este post a este mismo disco.

Los pelotazos de ácido que nuestros ídolos se metían en los sesenta no tienen nada que ver con el trozo de cartón que usted se pudo comer aquellas fiestas de aquel pueblo del norte de Navarra en las que acabó desnudo, con un hacha y una serpiente tatuados en la espalda y abandonado en un monte muy cercano a un cuartel de la guardia civil. No sé si por predisposición psíquica o por fidelidad lisérgica, el primer frontman de Pink Floyd, Syd Barret, acabó sucumbiendo mentalmente a aquellos potentes viajes de los viejos y buenos tripis y duró menos de un lustro en el negocio de la música.

Además de una bici con una cesta y un timbre que suena, Barret tenía una capa, un clan de hombres de gengibre y conocía un ratón bastante viejo al que llamaba Gerald. Su carisma, personalidad y actitud marcaron la primera etapa de Pink Floyd, que a mediados de los 60 era uno de los grupos de pop lisérgico británico más destacados. Como The Doors y Jimi Hendrix, los Floyd tuvieron su debut discográfico en 1967 con el inenarrable The Piper at the Gates of Dawn; la dietilamina de ácido lisérgico hecho música pop y poesía alucinada.

Después de Barret llegó el rock sinfónico, The Wall, Dark Side of the moon y el tributo al frontman perdido en Wish you were here y esa, definitivamente, es otra historia. Si quieren conocer más de cerca la de Syd, les recomiendo este post homenaje que le dedicó Mycroft con motivo de su muerte.

Aquel mandamás de Decca Records de Londres que soltó aquello de "los grupos de guitarras están pasados de moda" a Brian Epstein, después de la prueba que hicieron a The Beatles en la nochevieja de 1961, probablemente pueda pasar a la historia como el profesional con menos visión de futuro de toda la historia de la música contemporánea. Poco más de un lustro después de aquella audición en la que Decca dejó pasar el negocio musical más grande de todos los tiempos, la guitarra era un instrumento imprescindible para entender la nueva generación musical. En 1966, nacía (discográficamente hablando) la marca Jimi Hendrix, un músico de raíces africanas y nativo-americanas que se había curtido durante años tocando la guitarra para musicos de la talla de Sam Cooke y que estaba apunto de redefinir, revolucionar, reconstruir a ese instrumento.

Hendrix debutó con su banda Jimi Hendrix Experience en el Reino Unido con aquel histórico single que tenía Hey Joe como cara A. Después de otros dos singles, grabados y publicados en Inglaterra en los primeros meses de 1967, la banda del guitarrista, el bajista Noel Redding y el baterista Mitch Mitchell (los dos ingleses y blanquitos), publicaría su primer album de estudio, Are you experienced (en algunos países se añadió un signo de interrogación al final del título). El título del LP sugería, evidentemente, experimentación química, que sería además extensible a lo musical. Are you experience salió a la venta en mayo del 67 en el Reino Unido (en EEUU no llegaría a las tiendas hasta agosto), con Foxy Lady abriendo el repertorio. Las caras A de los singles publicados previamente no fueron incluídos en el LP, como hemos dicho era costumbre en el Reino Unido, aunque luego serían añadidas en reediciones posteriores del album.

Como en los años 60 se vivía muy deprisa, Jimi nos dejó muy pronto. Las notas de su guitarra, ardientes y distorsionadas, ruidosamente marcianas, siguen impresas en el plástico de los vinilos de nuestros viejos. También en 1967 se publicaba el segundo LP de la banda Axis: Bold as Love, un año después firmaban el fundamental album doble Electric Ladyland.

Continuará... no se pierdan la segunda parte!

viernes, 16 de mayo de 2008

Cáscaras de plátano sonoras para que resbalen tus oídos


Las cosas para escribir se amontonan en la puerta, y como las enfermedades del señor Burns, las unas no dejan pasar a las otras. Guasíbilis, primeramente, tiene que solventar las deudas que su autor tiene con Bananas, programa radiofónico-lisérgico quincenal que se emite la noche de los lunes que toca, en Contrabanda FM (91.4 FM en Barcelona). Hace casi dos meses, el programa más bizarro y guasíbilis de la radio catalana inauguró su blog/página web y éste, su blog hermano, no había hecho todavía una mísera mención, ni había colgado el enlace.

Bananas es el último hijo ilegítimo del viejo Qué verde era mi valle, magacín radiofónico de la veintegenaria y bilbaína Irola Irratia, emitido entre los años 2001 y 2005. Tras la desintegración del trío queverderamivallecitano (del que un servidor tuvo la suerte de formar parte), iosú, el más loco de sus integrantes se ha sumado esta temporada a la programación de aquella radio libre catalana para remover las conciencias y los tímpanos del escuchante intrépido.

El programa en cuestión es lo más parecido a un tripi sonoro, en el que los garrafales fallos técnicos son parte fundamental de la hendrixiana experiencia radiofónica que iosú nos propone un lunes sí y un lunes no. Bananas es la síntesis química del sonido del directo, de Jamaica, de la calle entendida como espacio de encuentro y de los problemas mentales de su locutor; sólo comparables a los de otros genios del sonido como Lee Scratch Perry.

Esperando que a iosú no le dé por quemar Radio Contrabanda, invitamos al lector de oídos ávidos de experiencias nuevas a descargar a su disco duro cada una de las cáscaras de plátano sonoras que ya han sido colgadas en la web del programa. Aquellos que prefieran mojar los oídos y que entiendan euskera, pueden escuchar la flamante Busti Irratia. Y esa era otra deuda que en guasíbilis teníamos pendiente.

Ahora que en Radio 3 le ponen un programa al impresentable de Manel Fuentes, me temo que la radio libre es la única escapatoria para nuestros oídos. Para terminar un par de píldoras. Podéis descargar el primer programa de Bananas y disfrutar de este video made in bustirratia sólo un poquito más abajo.



Descarga BANANAS #01.mp3

lunes, 5 de mayo de 2008

Las cenizas del verano del 68

"Era el verano de 1968. En lugar de bermudas, pantalones vaqueros; los pelos al cepillo se habían convertido en cabelleras; Perry Como y Dean Martin eran venerables reliquias desbancadas por los Rolling Stones, Hendrix y Joplin; los jóvenes iban al festival pop de Monterrey en lugar del estadio de los Giants; y la policía había decretado toque de queda en las calles de Berkeley. El 'American Way of Life' estaba en entre dicho y los ruidosos acontecimientos de la convención demócrata de Chicago tenían en vilo al país. Bob Dylan cantaba: 'Algo está pasando y usted no sabe qué es, ¿verdad que no Mr. Jones?'

Entre 1958 y 1968 habían pasado muchas cosas: en 1960 los estudiantes negros de Greensboro, Carolina del Norte, ocuparon las aulas para protestas contra la segregación; siguieron manifestaciones en otros lugares del Sur, y los estudiantes blancos de izquierdas organizaron el movimiento SDS, Students for a Democratic Society. La SDS, a partir de 1962 y con la declaración de Port Hurn tomó el relevo de la New Left, aglutinando a su alrededor un conjunto cada vez mayor de grupos radicales tan distintos entre sí que sólo se parecían en su rechazo del ‘American Way of Life’.

En 1963 son expulsados de Harvard los profesores Timothy Leary y Richard Alpert por realizar experiencias con LSD, alucinógeno contenido en un cactus de Méjico, donde los indios lo usan desde tiempo inmemorial: comienza el movimiento psicodélico, elemento decisivo en la formación de la contracultura. Es el año del asesinato de Kennedy, primera gran fisura en la fachada norteamericana ante la opinión mundial. El informe Warren no hace sino reforzar las sospechas de que algún grupo de extrema derecha está detrás del crimen; sospechas fuera de los Estados Unidos claro está, porque allí, los medios de comunicación se ocuparon de enseñar la lección a la ‘mayoría silenciosa’.


En 1964 hay el primer enfrentamiento grave en la universidad: en Berkeley estalla una revuelta para conseguir libertad de expresión para debatir cuestiones políticas en la universidad; es el Free Speech Movement que encabeza Mario Savio: paralizan la universidad y obtienen sus demandas. En 1965 asesinan al dirigente radical negro Malcolm X, estalla la rebelión de los negros en el barrio Watts de Los Angeles, se producen marchas de protesta en el Sur (Selma y Montgomery), y sobre Washington D.C., los Estados Unidos invaden la República Dominicana y bombardean sistemáticamente Vietnam del Norte.

En 1967 el movimiento hippy aflora en todo su esplendor multiforme: primer be-in o festival en el parque Golden Gate de San Francisco con asistencia de George Harrison, Leary, Ginsberg y Kerouac. Comienza la resistencia contra el reclutamiento militar y se celebra la marcha contra el Pentágono, descrita por Norman Mailer en Los ejércitos de la noche. En 1968 se multiplican los incidentes: Martin Luther King cae asesinado, la policía de Chicago apalea a los hippies que organizaban una convención bufa para designar como candidato a la presidencia a un cerdo que, por cierto, acabó en la cárcel con los demás; en el desmadre policial que se desencadena son agredidos periodistas, reporteros de TV, los clientes del hotel donde estaban las oficinas del candidato Mac Carthy, y hasta el inefable Hugh Heffner, director de Play Boy, que pasaba por allí. Disturbios en las universidades de Columbia, Stanford, Berkeley, Orangeburg y San Francisco State.

(...)


El sistema, conciente del peligro potencial que entraña el underground desplegó, a partir del advenimiento de Nixon, una eficacísima campaña de represión, atacando a cada oponente con una estrategia distinta. A los activistas más politizados como Weatherman, Black Panthers y Simbiotic Liberation, los eliminó por la fuerza de las armas; a los hippies más inofensivos los ha destruido con la diseminación de drogas adictivas (heroína y speed), los ha marginado en comunas rurales inocuas, o los ha asimilado en movimientos capciosos como el gurú Maha-ri-ji o los ‘Jesus Freaks’. En este ‘sálvese quien pueda’ general, algunos han tenido la habilidad y el cinismo de comercializar el movimiento de engendros banalizadores como Hair y Jesus Christ Superstar.

(...)

¿Pero es que no queda nada de todo aquello? ¿Adónde han ido todas las flores? ¿A soldados y ejecutivos como en la canción de Peter Seeger? En el nivel de cambio social no ha quedado nada; en el nivel de cambio personal han quedado algunas vidas cambiadas. Sólo el nivel ideológico la contracultura ha legado un testamento utilizable. Los ideales de renuncia a la sociedad de consumo, de protesta contra el autoritarismo y la burocratización, de la vida comunitaria descentralizada y corporativa, de liberación erótica, de economía igualitaria, siguen vigentes, necesarios e irrenunciables, esperando nuevas condiciones objetivas favorables para realizarse.

La filosofía oriental continúa siendo imprescindible para compensar los callejones sin salida del pensamiento europeo: los dualismos, el exacerbado individualismo, el activismo desmedido, el monopolio del racionalismo. Las drogas psicodélicas continúan siendo imprescindibles para refutar el dogma de la inmaculada percepción de los científicos positivistas y abrir las puertas de la percepción. La filosofía hermética occidental continúa siendo, como en la Edad Media, el manantial de posibles renacimientos surgidos de una confianza renovada en la dignidad del hombre y en su capacidad para moldearse a sí mismo, como en la transmutación mental del místico y el alquimista. La música rock continúa siendo, en potencia, un poderoso desinhibidor de energías eróticas. Incluso las comunas quedan ahí como fósiles vetustos y aislados, modelos disecados de un tipo de organización económica alternativa".

Introducción de Filosofías del underground, Luis Racionero, 1977
Viñetas fusiladas de Conoce a tu enemigo, Rober Crumb, Ed. La Cúpula

domingo, 4 de mayo de 2008

Dietilamina de Ácido Lisérgico, LSD 25

En el post que anteayer le dedicábamos a Doctor Albert Hoffman, progenitor del ácido lisérgico recientemente fallecido, citábamos una y otra vez al escritor español Antonio Escohotado. Si cualquiera de ustedes ha estado, alguna vez, interesado en las sustancias dopantes se habrá topado a la fuerza con alguno de sus muchos textos. De hecho, no sorprenderá a nadie si digo que, con total seguridad, Escohotado es la persona con mayor bibliografía sobre drogas en lengua española. Su extensa obra quedó recopilada en el magnánimo e imprescindible Historia General de las Drogas (Espasa, 1998). Reconociendo todas las deudas de el último post a este atlas químico y a la figura de su escritor, tomamos prestadas, hoy también, las palabras de Escohotado para diseccionar el LSD, la sustancia guasíbilis del mes de mayo.

Uno de los mejores regalos que un hombre (vicioso) puede recibir.

¿Qué es?

"El LSD es un compuesto semisintético, extraído de un parásito de los cereales cultivados en general, aunque también presentes en pasto silvestre, muy abundante en Europa y, sobre todo, en la cuenca mediterránea. Su base –el llamado cornezuelo- era un hongo casi ubicuo".
¿Cuál es su toxicidad?

"Ninguna otra sustancia, natural o sintética, operaba a esa escaña sobre el sistema nervioso central. (...) Ningún psicofármaco era tan remotamente poco tóxico como la dietilamina de ácido lisérgico. Entendiendo por toxicidad específica la proporción entre dosis activa y dosis de envenenamiento (el llamado "margen terapéutico"), (...) en los licores podían ser de uno a ocho, en la heroína de uno a cinco, en el barbitúrico de uno a cuatro, mientras que en la dietilamina de ácido lisérgico superaba con certeza la proporción de uno a seiscientos y bien podía seguir mucho más allá, pues no se conoce un caso de sobredosis letal para humanos". Además, "se trataba de un fármaco desprovisto de tolerancia, que al usarse con asiduidad diaria dejaba simplemente de hacer efecto, fuesen cuales fuesen las dosis administradas. No presentaba la mínima capacidad adictiva."

Experiencias subjetivas:

"El pensamiento y los sentidos se potencian hasta lo inimaginable, pero no hay cosa semejante a picores, sequedad de boca, dificultades para coordinar movimientos, rigidez muscular, lasitud física, excitación, somnolencia, etc. Fronteras entre lo material y lo mental, el salto cuántico en cantidades activas representado por la LSD implica que comienza y termina con el espíritu; como surgió el poeta H. Michaux, el riesgo es desperdiciar el alma, y la esperanza ensanchar sus confines".

"Balsámica o inquietante, la luz está ahí para quedarse, iluminando lo que siempre quisimos ver –sin conseguirlo del todo- y también lo que siempre quisimos no ver, lo pasado por alto".

"A mi juicio, las experiencias más fructíferas son aquellas donde se recorre la secuencia extática entera, tal como aparece en descripciones antiguas y modernas. Por este trance entiendo una primera fase de 'vuelo' (subida es el término secularizado), que recorre paisajes asombrosos sin parar largamente en ninguno –viéndose el sujeto desde fuera y desde dentro a la vez-, seguida de una segunda fase que es en esencia lo descrito como pequeña muerte, donde el sujeto empieza temiendo volverse loco para acabar reconociendo después el temor a la propia finitud, que una vez asumido se convierte en sentimiento de profunda liberación. Es algo parecido a cambiar la piel entera, que algunos llaman hoy acceso a esferas transpersonales del ánimo".

"Si tuviera que matizar la diferencia entre LSD y otros visionarios de gran potencia, diría que ninguno es más radiante, más nítido y directo en el acceso a profundidades del sentido. Eso mismo le presta una cualidad implacable o despiadada, que no se aviene al fraude y ni tan siquiera a formas suaves de hipocresía, apto tan sólo para quienes buscan lo verdadero a cualquier precio. Y diría también que para ellos guarda satisfacciones inefables. La amistad, el amor carnal, la reflexión, el contacto con la naturaleza, la creatividad del espíritu, pueden abrirse en universos apenas presentidos, infinitos por sí mismos. Como dijo Plutarco, tras iniciarse en los Misterios de Eleusis: 'Uno es recibido en regiones y praderas puras, con las voces, las danzas, la majestad de las formas y los sonidos sagrados'".

Escohotado, derecha, pone la mano en el hombro del maestro Hoffman.
Los otros dos no sabemos quiénes son ni por qué se ríen.

viernes, 2 de mayo de 2008

El hombre que sabía demasiado

Albert Hoffman (1906 - 2008)

“El viernes pasado, 16 de abril de 1943, me vi obligado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a mitad de la tarde. Tuve que volver a casa agobiado por una extraña inquietud y un persistente mareo. Me acosté con la sensación nada desagradable de estar intoxicado y con la imaginación extremadamente estimulada. Con los ojos cerrados (ya que la luz del día me parecía demasiado brillante), y en un estado de ensoñación, pude observar un torrente de figuras calidoscópicas de todos los colores tomando formas fantásticas. Después de dos horas, ese estado se desvaneció”.

El eminentísimo químico suizo Albert Hoffman trabajaba en aquella primavera de 1943 en la posible utilidad de los alcaloides del cornezuelo para el tratamiento de la cefalea y la hemorragia post parto. Doctorado en la universidad de Hochschule en Zurich, con una tesis bajo el brazo que describía por primera vez la estructura química de la quitina, Hoffman fue enviado al laboratorio central de la compañía farmacéutica suiza Sandoz en Basilea, en la división de drogas naturales. Aquella tarde de viernes de 1943, en ese mismo laboratorio, Hoffman accidentalmente inhaló vapores o absorbió por vía cutánea lo que resultó ser dietilamina de ácido lisérgico o LSD 25.

El químico, asombrado por la alteración de su estado de ánimo, decidió sabiamente dar un paso adelante y realizar un nuevo experimento con la sustancia, con el fin de “evaluar en profundidad sus posibles efectos y aplicaciones”. Con varios compañeros de investigaciones de testigos, Hoffman ingirió 250 mcg de tarato de dietilamina de ácido lisérgico, lo que ingenuamente pensaba que resultaría una dosis diminuta. Hoffman estableció la dosis pensando en cantidades relativas a otros alcaloides similares. Sin embargo, como apunta el imprescindible escritor y drogólogo Antonio Escohotado en su imprescindible Historia General de las Drogas, el LSD “era el más potente psicofármaco descubierto con gran diferencia, cuya dosis debía morirse en millonésimas de gramo o gammas; una mota prácticamente invisible producía lo que el psiquiatra W. A. Stroll llamó ‘una experiencia de inimaginable intensidad”..

Después de administrarse semejante dosis, Hoffman se vio severamente impedido para hablar y comportarse con naturalidad. El mundo a su alrededor tomó una apariencia extraña, inquietante, diferente, bonita, colorida, brillante, divertida. Desde luego, el eminentísimo doctor no tenía ni puta idea del descollante viaje de ácido lisérgico que se acababa de meter pal cuerpo. Asustado por la experiencia, Hoffman pidió a su ayudante de laboratorio que le acompañara a casa. En el camino de vuelta casa, y subido en su bicicleta (el medio de transporte más utilizado en la época, no olvidemos que estamos en plena Segunda Guerra Mundial), el LSD empezó a mostrarse en toda su intensidad. Mientras Hoffman pedaleaba frenético, sentía que la bici había perdido la movilidad o, simplemente, que el mundo se había detenido. Como si The Piper at the gates of dawn sonara en la mítica escena bicivoladora de ET, Hoffman mitificó para siempre la bicicleta como vehículo lisérgico por excelencia y vivió en sus propias carnes el primer videoclip psicodélico de la historia.

Ya en su hogar, y aparentemente sólo, Hoffman llegó a temer por su salud mental. La cantidad de ácido que corría por las venas del bendito químico era suficiente como para volver locos a todos los caballos del derby de Kentucky, así que presumiremos que como experiencia piloto, el pelotazo resultó descomunal. Así que después de pensar, según Wikipedia, “que un demonio había invadido su cuerpo, que su vecina era una bruja y que sus muebles le estaban amenazando”, llamó a un médico, que al no saber qué podía estar sufriendo le recomendó acostarse. Tumbado en la cama, el señor Hoffman fue incapaz de dormir durante horas. Pero el temor a la locura se disipó y, en sus propias palabras, “imágenes fantásticas” empezaron a aparecer frente a sus ojos. Después de una maravillosa experiencia extrasensorial, Hoffman consiguió finalmente dormir y despertó, a la mañana siguiente, con una agradable sensación física y psíquica. Aunque se encontraba un poco cansado, el doctor no sintió los desagradables efectos secundarios propios de otro tipo de intoxicaciones (la etílica sin ir más lejos). El eminentísimo doctor salió al jardín de su casa y disfrutó del esplendor de la primavera, el dulce aroma de las flores y de los cegadores rayos de sol. Más tarde, su desayuno le supo “inusualmente delicioso”. Seguramente con restos de LSD todavía en el cuerpo, Hoffman volvió al trabajo con la sonrisa del gato de Alicia en el País de las Maravillas.

Oteando las "irremontables distancias..."

Todo esto ocurría en la Suiza neutral de la Segunda Guerra Mundial, que vivía restricciones propias del conflicto (como la de vehículos de gasolina, favoreciendo el uso de la bicicleta), pero ajena, en cierta medida, a la suerte sangrienta que habitaba el resto del continente. Hoffman continuó sus experimentos en un puesto fronterizo de alta montaña. Vistos los efectos que la sustancia provocaba en la mente, el químico pronto pensó en la posible aplicación del medicamento a fines psiquiátricos. Por lo visto, la psiquiatría volvía a tomar reputación en Suiza después del descrédito que le acarreó el auge del psicoanálisis. Con la ayuda de Sandoz, la sustancia pasó a ser bien conocida por el gremio de psiquiatras suizos, pasando a comercializarse, más tarde, como “remedio contra todo tipo de problemas mentales”. De hecho, muchos psiquiatras, como el doctor Humpfrey Osmond, investigaron la posible aplicación de la sustancia a la rehabilitación de alcohólicos con un éxito nunca igualado hasta la fecha: “después de un año, la mitad de los pacientes no habían vuelto a probar un trago”.

Los sesenta cambiarían para siempre la percepción social y política de la sustancia descubierta por Hoffman. Los movimientos juveniles de los años 60 popularizaron el consumo de la sustancia. Los gobiernos occidentales la prohibieron y demonizaron. Hoffman, que había definido esta droga como “medicina para el alma”, sintió amargamente las medidas políticas que se tomaron en contra del LSD, amén del descrédito mediático, impulsado igualmente por los políticos. Aunque admitió que podría ser peligroso en según qué manos. De nuevo Escohotado apunta que la CIA propuso a Hoffman realizar experimentos con la población de países enemigos, líderes como Fidel Castro incluidos. Y supongo que a eso es lo que se refería el bueno de Albert cuando hablaba de “malas manos”.

El humanista (y no estamos hablando de sectas)

El mismo Escohotado siempre ha considerado a Hoffman como un “humanista, además de químico”. Hoffman sentenció que “en la historia de la humanidad nunca ha sido tan necesaria una sustancia como el LSD. Simplemente se trata de una herramienta para transformarnos en lo que supuestamente debiéramos ser”. En 1977, diez años después del verano del amor, Hoffman, que ya contaba con 71 años, compadeció ante una multitud en el aula magna de la Universidad de California en Santa Cruz. Vestía traje gris y corbata. Después de una clamorosa ovación, Hoffman tomó la palabra y sentenció “temo decepcionarles. Quizá esperaban un gurú. En vez de ése se les presenta un químico”. Efectivamente, Hoffman explicó en clave química su trabajo con el LSD y la mente humana. Pero el transfondo de su exposición iba más allá de los límites de la química.

Varios años después, de nuevo en California, Hoffman inauguraba la fundación de libros relacionados con “estados de conciencia alterada” bautizada con su nombre. Con estas palabras comenzaba su speech: “Se preguntarán cómo un químico puede atreverse a tocar el problema filosófico fundamental de la realidad. (...) Pero la realidad se vincula en el habla al mundo material externo, al mundo de la materia, y la ciencia de la materia es la química. A nivel personal, añado que hace precisamente cincuenta años sinteticé una substancia que influye profundamente sobre la experiencia de la realidad”. Efectivamente, debajo de su piel de químico había un convencido humanista. Alguien que iba a promocionar la sustancia que había descubierto por las bondades de su química, no por mera propaganda contracultural.

"¡Mira lo que tengo!"

“Lo necesario es que cada cual busque dentro de sí una experiencia propiamente mística, la experiencia de la vida en su unidad. (...) Llamo místico al maravillarse, a la plenitud de sentido que nos embarga porque sí, quizá ante algo insignificante, a veces, hasta el punto de hacernos llorar de alegría. Mi primer recuerdo de una emoción así viene del final de la infancia, mientras cruzaba el bosque por un camino ya recorrido muchas veces. La percepción rutinaria cedió a una unidad donde la luz, los aromas, los ruidos y las cosas brillaban armoniosamente. Experiencia mística es sinónimo de belleza”.

Con estas palabras se expresaba Hoffman en la genial entrevista que concedió a Escohotado y que fue originalmente publicada en el número 13 de la revista El Paseante y rescatada, varios años más tarde, para el especial de 2002 “Psiconautas ilustres”, de la revista Cañamo. Estas visiones extáticas que Hoffman había experimentado de joven seguramente le determinaron para que aquel 19 de abril protagonizara el primer viaje de LSD oficial de la época moderna. Según él mismo comentó a Escohotado: “hace falta tiempo para prepararse adecuadamente, y más tiempo aún para asimilar la experiencia (de LSD, claro). Habré hecho unos treinta ensayos”. El suizo siempre creyó que la sabia utilización de las drogas que arrojaran “estados alterados de consciencia” podría ayudar a conocer mejor los entresijos de la indescifrable mente humana.

El pasado martes 29 de abril, Hoffman murió de un ataque al corazón a los 102 años. Guasíbilis le dedica cada uno de los post lisérgicos que se publicarán estos días y le desea, como no, un viaje feliz, ahora que para siempre podrá vivir en sus bien conocidas doce dimensiones perceptuales.

Homenaje de un tal Chamberlain.