Mostrando entradas con la etiqueta cubo de la basura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cubo de la basura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de octubre de 2008

BCoNanism(o)

Viendo ese tostón bautizado ‘Vicky, Cristina, Barcelona’, mi mirada se dirigía sin querer hacia el extremo inferior de la pantalla. Estaba buscando números de teléfono de hoteles, horarios de restaurantes o cualquier tipo de información relacionada con la comida y vinos que los protagonistas consumían sin parar. Menos mal que por eso de las apariencias, uno todavía puede meter un narrador que te destripe los detalles de las localizaciones sin tener que caer en la publicidad más burda.

Al que esto escribe, el bodrio mediterráneo firmado por el genial realizador neoyorquino Woody Allen se le antojó como un interminable publirreportaje de una España exótica que ninguno de nosotros conoce (ni nadie conocerá), destinado a un público objetivo bastante pedante y un poco imbécil.

Me pregunto, dicho sea de paso, cuántas americanas picarán el cebo y vendrán para Barcelona buscando a tipos de pelo en pecho, como Bardem, que les pasen su lengua latina por la pocha.

"Ponle la mano un poquito más abajo, por favor" (Allen dixit)

La película Allen del año 2008 no es más que una mísera pajilluela, comparada con los polvos de hora y media estilo recién salido de la trena con los que el director nos abofeteaba hace años. Pero para verdaderas pajas, las que Woody se ha tenido que hacer en los tiempos muertos del rodaje.

El único incentivo real para ver la película (para hombres heterosexuales y lesbianas) es el trío de bellísimas actrices que van desfilando por la pantalla (bueno, al resto puede que les atraiga Bardem y su sempiterna barba estilo Miguel Bosé). A estas alturas, para el director de 'Delitos y Faltas', el cine parece ser lo de menos. Ahora, lo más importante es el largo número de actrices buenorras con las que todavía no ha trabajado y a las que puede pedir (¡ordenar!) que enseñen un par de centímetros más de pierna.

"¿Vamos a ver un partido del Barça?"

Es una desgracia que, sin embargo, mucha gente de aquí (hablo de crítica especializada, no sólo bloggers necios como yo) la haya puesto tan bien. En muchos casos, claramente, por tratarse de “la película española de Woody Allen”. Pues bien, todavía no puedo presumir de haberme tragado toda la filmografía del director de 'Zelig', pero de las muchas pelis suyas que he visto, esta es sin duda la peor. Y el hecho de que la acción transcurra en Barcelona, Oviedo y Avilés (tres ciudades que conozco -soy 10% asturiano-) no hace si no empeorar esta pobre historia, tan "sexy" como vacía. Todo me resulta una caricatura, empezando por la ciudad de Barcelona y el mismo concepto de "película de Woody Allen" (un género en toda regla). Y poco me importan las actuaciones de Bardem o Cruz (o de Scarlett, a quien amo en secreto), cuando el conjunto tiene tan pocos argumentos en los que sostenerse.

Si todavía pueden evitar verla, no se animen. En estos tiempos de crisis, hay millones de cosas mejores en las que invertir seis euros.

Woody Allen en Oviedo buscando un concierto de flamenco.

miércoles, 30 de enero de 2008

El universo que jamás debiste cruzar

Haber sido los Beatles tiene que lo mismo un día Otis Redding se levanta iluminado por las musas del soul y te pare una versión de Day Tripper que pone a la gris Liverpool a un paso del soleado estado de Georgia, como que al día siguiente a Miguel Rios le da por versionear Yesterday y el mismísimo infierno se estremece sediento de nuevas almas que echar a la caldereta eterna.

"¿Qué he hecho yo para merecer esto?"

Paralelo al genuino "universo beatle" habita otro, bastardo e inabarcable, que explica por sí solo la naturaleza y repercusión de la beatlemanía, fenómeno sociocultural y mediático que se extiende desde los 60 hasta nuestros días. Si hubiera marcas en la cultura popular, The Beatles estaría a la misma altura que Coca Cola en el mercado de las bebidas con burbujas. En las cuatro décadas siguientes a la desaparición del grupo más famoso de todos los tiempos, la cultura popular ha rendido incontables homenajes a su legado artístico y anecdótico. Aparte de que las melodías más inspirada de Lennon, McCartney y Harrison (y las no tan inspiradas) hayan sido versioneadas hasta la saciedad por bandas de todo el planeta y de cualquier condición musical; la mitología Beatle se ha utilizado, de forma más o menos velada, en la televisión, el cine, teatro, cómic, publicidad...

La actualidad, por desgracia, nos obliga a abrir este campo referencial tan guasíbilis con un comentario del espantoso musical Across the universe, dirigida por una tal Julie Taymor (directora entre otras de Titus, Frida). De la película preferiría no hablar demasiado, aunque de todas formas no haya mucho que comentar. Mucho color, muchas versiones de clásicos de los Beatles plagadas de gorgoritos, guiños subculturales, flores, sonrisas, caras bonitas, clichés de la década de los sesenta comprados en el todo a cien de la esquina y prácticamente nada de nada de todo lo demás (sentido del ridículo incluido).

Vergonzoso.

Al final, todo queda en un spot de dos horas sin guión, artificial hasta la náusea, que destila vergüenza ajena a raudales y reduce el legado de una generación a la foto de portada de un libro de historia de los 60. Todas las buenas intenciones que pudiera haber en la cinta acaban naufragando en una marejada de estupideces y azúcar. Y, de paso, la música de mis adorados Beatles queda bien masticada para ser digerida por los amantes de Take That, OT y los musicales gays más infames. Ser el grupo más popular de los 60 en el planeta Tierra es lo que tiene, un día los guionistas de los Simpsons se sacan de la manga a los Sol Fa Mi Das y al siguiente Taymor rueda una película sobre el día en que casi se comió un tripi.


Ni por ver a Evan Rachel dos horas en pantalla merece la pena.

Si tuviera que resumir lo visto en una frase, ésta sería: “Across the universe me hace perder la esperanza en la civilización accidental”. Y todavía me quedo corto.