
Al que esto escribe, el bodrio mediterráneo firmado por el genial realizador neoyorquino Woody Allen se le antojó como un interminable publirreportaje de una España exótica que ninguno de nosotros conoce (ni nadie conocerá), destinado a un público objetivo bastante pedante y un poco imbécil.
Me pregunto, dicho sea de paso, cuántas americanas picarán el cebo y vendrán para Barcelona buscando a tipos de pelo en pecho, como Bardem, que les pasen su lengua latina por la pocha.
La película Allen del año 2008 no es más que una mísera pajilluela, comparada con los polvos de hora y media estilo recién salido de la trena con los que el director nos abofeteaba hace años. Pero para verdaderas pajas, las que Woody se ha tenido que hacer en los tiempos muertos del rodaje.
El único incentivo real para ver la película (para hombres heterosexuales y lesbianas) es el trío de bellísimas actrices que van desfilando por la pantalla (bueno, al resto puede que les atraiga Bardem y su sempiterna barba estilo Miguel Bosé). A estas alturas, para el director de 'Delitos y Faltas', el cine parece ser lo de menos. Ahora, lo más importante es el largo número de actrices buenorras con las que todavía no ha trabajado y a las que puede pedir (¡ordenar!) que enseñen un par de centímetros más de pierna.
Es una desgracia que, sin embargo, mucha gente de aquí (hablo de crítica especializada, no sólo bloggers necios como yo) la haya puesto tan bien. En muchos casos, claramente, por tratarse de “la película española de Woody Allen”. Pues bien, todavía no puedo presumir de haberme tragado toda la filmografía del director de 'Zelig', pero de las muchas pelis suyas que he visto, esta es sin duda la peor. Y el hecho de que la acción transcurra en Barcelona, Oviedo y Avilés (tres ciudades que conozco -soy 10% asturiano-) no hace si no empeorar esta pobre historia, tan "sexy" como vacía. Todo me resulta una caricatura, empezando por la ciudad de Barcelona y el mismo concepto de "película de Woody Allen" (un género en toda regla). Y poco me importan las actuaciones de Bardem o Cruz (o de Scarlett, a quien amo en secreto), cuando el conjunto tiene tan pocos argumentos en los que sostenerse.
Si todavía pueden evitar verla, no se animen. En estos tiempos de crisis, hay millones de cosas mejores en las que invertir seis euros.