jueves, 21 de agosto de 2008

El arte del MC

Pínchalas aquí.

En guasíbilis habíamos hablado del vinilo y del vhs, pero no todavía del mc. El MC, coñes, las cintas de casete (para no quedar como un pardillo, léase "caset"). Yo nunca fui fan de las cintas, aunque tuve muchas y grabé muchas más. Por aquello de que todavía quedan muchos coches sin mp3 y estas cosas modernas, la cinta es un formato que permanece a duras penas. Y quizá también porque los fabricantes de minicadenas no sabían qué coño poner debajo del CD para que el aparato tenga algo de consistencia. Pero pocas cintas se graban ya. Sólo nuestro amigo Vitoko y otros cuatro frikis con pintas regalan casetes a sus amistades en el año 2008. Dios les bendiga.

En aquellos dorados y sobrevalorados 80, la cinta era el único refugio de los piratas musicales. La única forma de mantener la cultura musical para todos los que no disponíamos de paga suficiente como para satisfacer todas nuestras curiosidades musicales. Había una cinta que grababa en bruto nuestros programas favoritos de radio y otra en la que volcábamos las canciones que habíamos cazado sin interferencias del locutor o de las señales horarias. Ay, la radio y las cintas, benditos inventos del pasado.

Sin los casetes, el que esto escribe hoy sería un ignorante musical. Porque mi familia me hacía los regalos de navidades por oleadas. Y primero vinieron todos los números de Astérix, y luego todos los de Tintin y, más tarde, los cedés de Los Beatles. No sé qué habría sido de mí si aquel año del señor de 1995 no hubiera recibido Incesticide y Nevermind de Nirvana en sendas cintas TDK. Había música más allá de Los Beatles y estaba en las cintas (piratas) de casete.

Como ya no se venden en casete ni las maquetas de los grupos más guarros, la mayoría no se acordará del particular arte de las cintas, que tenía que encajar la portada del vinilo (cuadrada de unos 30 X 30 centímetros) en la de la cinta (rectangular, 11 X 7). He estado haciendo algo de limpieza en casa y he rescatado un puñado de cintas originales para que ustedes, conmigo, suspiren de nostalgia.


Hombre, de Los Beatles tenía toda la colección de cedés, pero también había alguna cinta. Estas dos son heredadas. La primera porque es una patata; recopila grabaciones de los liverpudianos en su época de Hamburgo (en el Star Club, concretamente) y suena como una braga. Así que un familiar me las regaló (eran dos volúmenes que llevaban años pudriéndose en sus estanterías) y todos contentos.

La segunda era del viejo (mi padre), y de él heredé todas sus cintas. Let it be era (es, creo) su disco favorito de Los Beatles. El casete tiene más años que cualquiera de ustedes y, como al resto, lo he escaneado con su envoltorio original para que puedan saborear su buqué..



Los Beatles los tenía en cedé, pero las obras de sus miembros en solitario eran carne de cañón del MC. Las cintas de Paul McCartney (la que ven arriba y McCartney II, subproductos ochenteros) costaban 400 pesetas en los baratillos de mi pueblo.

La segunda también la heredé del viejo. Comprada en aquellos tristes días de 1980 en los que Lennon era asesinado y publicaba nuevo LP, todo al mismo tiempo.

De mi vieja no heredé ninguna cinta, pero ella pidió esta maravilla después de recortar muchos códigos de barra de cualquiera de los muchos productos de la multinacional Nestlé (a la que, por si no lo saben, conviene tener en la lista de enemigos) a principios de los 90. Esta maravillosa mixtape compilaba canciones clásicas de épocas doradas de la música popular (especialmente los 60). Rock Around the Clock de Bill Haley abría sabiamente un repertorio que concluía con What a Wonderful World de Louis Armstrong, clásico cierre de mixtape hasta que la publicidad y el cine nos metieran la muy jodida canción hasta por el orificio anal.

Además, grandes temas como Boom, Boom, Boom, Boom del maestro John Lee Hooker; Schools Days de Chuck Berry, que abría la cara B; Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd; California Dreamin' de Mamas & The Papas; y la fantástica You Were on my Mind versioneada por Barry McGuire. Una bonita lección de música para un chavalín al que acababan de regalar una minicadena por su cumpleaños. Incluso en cortes horteras como Love is in the Air, tema que hay que cantar por obligación social en cualquier reunión alcóholica.

La cinta era muy buena, también, para escuchar en el coche con los progenitores. Y no me negarán que el título tiene su aquel: Breakfast & Music; tiene fuerza, la hostia. No se pierdan, por favor, la horrible portada de gusto grafitero.




Supertramp es un grupo que siempre ha gustado mucho en mi familia y que ahora están muy de moda por ser el grupo favorito de nuestro presidente. Cosa que no sé si es cierta, o una coña a cuenta de la fantástica portada de su álbum Crisis, What Crisis?. Lo cierto es que las portadas de estos ingleses eran una cosa de otro mundo. Aunque aquí no esté mi favorita, la de Breakfast in America.

Por algún motivo, Supertramp son un grupo del que no está muy bien visto ser seguidor. Sobre todo si uno trata de pasar por punk. Al que esto escribe, no sé si por inercia familiar o por decisión propia, le sientan bien. A penas los escucho ahora, la verdad, pero estas cintas dieron muchas vueltas en mi walkman. Sobre todo la primera y la última.


Nunca tuve especial cariño por esta cinta, la verdad. Pero no me digan que no tiene una portada bellísima.


A Bob Dylan y Pink Floyd nunca les tuve gran aprecio en mi infancia por culpa de estas cintas. Ni son sus mejores albumes (ni con mucho), ni me resultaban demasiado digeribles. La portada de la primera me gusta especialmente, pues podría valer para ilustrar una cinta de Paco Ibañez, por ejemplo. La de la segunda también mola bastante. Me alegro de tenerlas todavía conmigo, hasta el día que mi acuciante necesidad de fumar heroína me lleve a venderlas en el Cash Converters a 10 céntimos la pieza.


A todos los que se les llena la boca contando lo bonitos que eran los 80 y todos esos rollos sus padres no le obligaban, seguramente, a escuchar esta basura de Ana Belén. Pensar en que gente a la que quiero le ha ayudado a pagar a esta señora alguna de sus muchas piscinas me revuelve los intestinos.


Me pregunto cuál de mis familiares se dejó embaucar para comprar la típica cinta de sonidos andinos (y callejeros, por supuesto) que no debería faltar en ninguna colección. Su caja es la mejor conservada de todas las que enseña este post y sospechosamente es la única cuya cinta magnética que está perfectamente rebobinada en la cara A. Lo que me hace pensar que jamás ha sido escuchada. Imagino que el precinto se quitaría más por vergüenza que por curiosidad.

En el interior trae una breve historia de la tradición musical en los Andes y un fragmento del poema "Los Andes aún existen". Aunque no se lo crean, no incluye ninguna versión de El Cóndor Pasa.

Esta cinta también me costó 400 pesetas, como la de McCartney. Y no la encontré en los baratillos del pueblo, pero sí en la calle. Un amable señor (de unos cincuenta, con cazadora de piel marrón) me dejó escuchar un poco de la misma en su walkman, para que comprobara su calidad. A mis doce años, Voodoo Lounge era lo último de los Rolling Stones, que iban a venir de gira por España; a Gijón concretamente. Como habrán adivinado, esta copia de lo último de los Rolling en el 94 es pirata.

Aquella fue la primera vez que ví a alguien vender cintas piratas a alguien por la calle. Desde entonces he pirateado lo que se imaginan, pero jamás he vuelto a adquirir música de contrabando en la calle. En aquella época, sin embargo, durante muchos días me sentí un chico afortunado. Fue una pena no volver a ver a ese viejo...

Tampoco podía faltar el ejemplar cursus de inglesus nun finalizadum. Éste, por lo que puedo ver, incluido en Vacaciones Santillana. Grande.

Mientras termino de escribir el post, casi a la vez que termina de sonar la mixtape Breakfast & Music (muy bien, por cierto), encuentro esta pequeña obra de arte. Un regalo que me hizo el gran Javi Palao unas horas antes de marcharme un verano como este a Inglaterra, hace un lustro ya (!). Si se fijan bien y giran la cabeza (pinchen en la imagen para aumentar el tamaño) pueden ver al colaborador guasíbilis Demian, azulado y tocando la guitarra.

Y si han llegado hasta aquí hablen, por favor, de sus colección de casetes. Soy todo oídos.

3 comentarios:

iratxo dijo...

http://www.afeitealperro.blogspot.com/

Mycroft dijo...

Tal vez vuelvan como el vinilo. Yo era mas de hacer cintas, que de comprarlas...Esa fue la aportacion de ese formato para mi...

Anónimo dijo...

joder, el otro día me encontré la cinta de breakfast and music, no la oía desde hace 15 años por lo menos y la verdad es que no recordaba que tuviera esas canciones pero moló!
y, a todo esto, llego a este blog porque estoy haciendo un trabajo sobre la elaboración industrial del chocolate y estoy buscando imágenes.
salud!