jueves, 14 de febrero de 2008

Televisión británica (I)

En el arranque de esta aventura cibernética, la comedia televisiva británica va a tener un importante peso específico en cuestión de contenidos. Sirva este post como introducción a la Gran Bretaña catódica mediante un breve repaso a su historia.

Radio Times, el semanario escrito de la BBC.

“Una cadena británica capaz de educar, informar y entretener a toda la nación, libre de interferencias políticas y presión comercial”; con estas palabras se describía la misión de la British Broadcasting Company (la BBC) pocos años después de su fundación. Hablar de radio y televisión en Gran Bretaña, y en el mundo, equivale hablar de la todopoderosa BBC, cadena absolutamente pionera en los inicios de la radio y la televisión.

El ente británico fue fundado a principios de los años 20 por un conglomerado de empresas de telecomunicaciones entre las que destacaba la de Marconi, pionero como saben en el tema de la comunicación sin hilos. Las retransmisiones diarias de la BBC se comenzaron precisamente desde el estudio Marconi de Londres, el 14 de noviembre de 1922. Al día siguiente la señal llegaría a Birmingham y Manchester, para 1925 la BBC se podía sintonizar desde la mayor parte del Reino Unido.

Retrato de John Reith, de Oswald Birley


La imparcialidad de Reith

Como la mayoría de las grandes empresas británicas, la BBC surgió de un pacto entre caballeros; seguramente al calor de unos brandys y unos puros, en la sala de snooker de algún gentlemen’s club de la capital británica. Gran Bretaña había resultado vencedora de la Gran Guerra, y sus conexiones trasatlánticas con EE UU garantizaban la cooperación económica de la nueva gran potencia para proyectos tan ambiciosos como el de una cadena de emisión audiovisual, un terreno empresarial completamente virgen en aquellos felices años 20. Con la impronta del ingeniero escocés John Reith, convertido en director general del ente, la BBC se convirtió en British Broadcast Corporation, pasando a ser de dominio público. Reith definió además la misión de “educar, informar y entretener” con la que empezábamos el post, una meta más alta que la inicial de crear una cadena comercial. Según la página web de BBC, un año después de alcanzar la cobertura de toda la nación, “la BBC había retransmitido conciertos de música popular y clásica, programas de comentarios y variedades (…). Pero la poderosa industria periodística mantuvo la cadena fuera del negocio de las noticias. Los boletines eran preparados por agencias de noticias y sólo podían ser retransmitidos después de las 7 de la tarde, para no disminuir las ventas de periódicos”.

Esta situación cambió significativamente con la huelga general de 1926, que a la postre serviría para otorgar la identidad informativa de la cadena. El 1 de mayo de aquel año los mineros del carbón se declararon en huelga para forzar al gobierno del conservador Stanley Baldwin a apoyar las reivindicaciones de los trabajadores del carbón, un sector sumido en la crisis. En solidaridad con las propuestas de los mineros, los sindicatos británicos representados por la Trade Union Crongress (TCU) llamaron a la huelga general el 3 de mayo. Durante los nueve días de duración de paro sindical, la libertad de la prensa y la intervención del estado en el proceso informativo fueron motivo de arduos debates entre los medios (BBC incluida) y los agentes políticos y sindicales. El rotativo Daily Mail se negó a publicar el editorial titulado “Por el Rey y el País”, que definía la huelga como “un movimiento revolucionario que sólo puede tener éxito mediante la destrucción del gobierno y la subversión de los derechos y libertades de la gente”. La medida llevó a que el gobierno de Baldwin detuviera toda negociación entre los sindicatos y el gobierno, aduciendo que la huelga suponía una cortapisa en la libertad de prensa. El propio rey Jorge V salió excepcionalmente en defensa de los huelguistas declarando “trata de vivir con su salario antes de juzgarlos”.

Con las rotativas de los principales diarios británicos detenidas a causa de la huelga, el público y, evidentemente, los agentes de la huelga tornaron la mirada, o el oído, hacia la BBC. Los mandamases encargados de la propaganda gubernamental, oposición y huelguistas no tardaron en darse cuenta del crucial papel que podía jugar el nuevo medio de comunicación, la radio, con su inmediatez y universalidad, en los pormenores de una huelga como aquella. La cadena propuso abrir sus micrófonos a todas las partes implicadas, sindicatos incluidos; cosa que no gustó al gobierno de Baldwin, que se apresuró a vetar las órdenes de Reith de conceder minutos en las ondas a la oposición laborista. El director de la cadena se vio también obligado a denegar al entonces arzobispo de Canterbury, Randall Davidson, la emisión de un “alegato de paz”. Reith, que pidió consejo al Primer Ministro, desechó la proposición del líder de la iglesia anglicana, por temor a que Winston Churchill, ministro de hacienda por aquel entonces, tomara el control de la BBC. De hecho, el muy habilidoso Churchill, que siempre estuvo al tanto de la capacidad propagandística de los medios de comunicación, se había encargado de convencer al jefe de gobierno para hacerse con el poder de la cadena; pero Reith convenció a Baldwin de que aquello minaría la credibilidad y parcialidad de la BBC. El primer ministro dio la razón a Reith y la BBC consiguió la primera victoria por su independencia, un evento que marcaría la historia de la cadena. Los sindicatos y el partido Laborista no perdonaron, sin embargo, que la BBC vetara sus apariciones.

La etapa con Reith al cargo de la compañía se acabó conociendo como “reithianismo”, que según Wikipedia supone la gestión de un medio de comunicación desde los principios de “servicio público, los más altos estandartes de calidad, honradez y universalidad (que todo el público es considerado igual)”. La figura del que fuera el auténtico fundador ideológico de la BBC ha sido puesta en entredicho estos últimos años, especialmente después de la publicación en 2006 del libro Mi Padre – El Reith de la BBC, en el que Marista Lieshman, hija de Reith, tachaba a su padre de simpatizante del nazismo. Esa, desde luego, es otra historia.

¿Estará escuchando la BBC?

Televisión y Guerra

Las primeras emisiones públicas de televisión fueron llevadas a cabo por la BBC en 1927, pero no sería hasta nueve años más tarde, en 1936, cuando se produjeron las primeras emisiones con programación. Las primeras, por cierto, a nivel mundial. El 12 de mayo de 1937, diez mil personas siguieron por televisión la coronación del rey Jorge VI; la prensa británica lo calificó como “un pequeño milagro”. Ese mismo año se retransmitiría por primera vez el torneo de tenis de Wimbledon y el 30 de abril del año siguiente los aficionados al fútbol pudieron seguir por primera vez la final de la FA Cup en televisión. Con la llegada de la guerra, la BBC se vio obligada a clausurar sus emisiones televisivas. Los esfuerzos se centrarían entonces en la radio, de extensión universal en 1939 por todo el Reino Unido y demás países aliados, con su enorme poder propagandístico y moralizador.

Según la propia BBC en su página web, “al mismo tiempo que mantenía su programación, la BBC ofrecía un servicio de información vital, monitorizando las emisiones de otros países, identificando las estaciones de propaganda extranjera y usando su tecnología de manera novedosas para asistir a la nación en su larga lucha por la victoria”. Los ingleses se jactan de que hasta el mismísimo Hitler sintonizaba la emisora británica por excelencia. Ya lo había escrito George Orwell: “las palabras lo ha dicho la BBC tienen un nuevo significado – sé que debe ser verdad”.

Y televisión, otra vez

La BBC retomaría sus emisiones televisivas una vez terminada la guerra, en 1946. El 1 de junio de aquel año se aprueba la ley de licencias televisivas, que obligaba a cada hogar poseedor de una televisión en blanco y negro a pagar 2 libras anuales. En 2007 la licencia anual para un televisor a color en un hogar británico cuesta 200 libras (unos 260 €), y el total de esta contribución supone el 75 por ciento de los ingresos de la BBC. Esta peculiar forma de subvención, no exclusiva de Gran Bretaña, ha ayudado notablemente a mantener las cotas de calidad de la BBC, idealizada por muchos como la “mejor televisión del mundo”.

Pero tenemos que volver hasta los años 50 para asistir a la verdadera eclosión de la tele en Gran Bretaña y el mundo. Unos 22 millones de televidentes asistieron a la coronación de Isabel II el 2 de junio de 1953. Aquel día, las salas de estar de los afortunados hogares que contaban con un set de televisión se atestaban de vecinos curiosos que exigían té y pastas, mientras el imperio recibía a una nueva monarca y la historia daba la bienvenida al electrodoméstico más revolucionario del siglo XX.

Revolucionario Hancock.

Durante 1946 se emitió la primera sitcom británica, el género que va a ser fruto de estudio guasíbilis y único culpable de este repaso histórico. La telecomedia Pinwright’s Progress, de emisión en directo quincenal, representa el paleolítico de las sitcoms británicas. Como se emitía en directo no se grababa, así que a día de hoy no se conserva ni una sola cinta. Sin embargo, no sería hasta 1955 cuando podemos hablar de la verdadera primera sitcom. Hancock’s Half Hour, regentada por el cómico británico que le da nombre a la media hora, tuvo un triunfal paso de la radio a la televisión, en la que mantendría una exitosa andadura de siete temporadas (desde 1956 hasta 1961). El show de Hancock estableció ciertos parámetros que todavía se mantienen en la mayoría de producciones de este género: los 6 capítulos por temporada, a razón de media hora por episodio. Los documentales de naturaleza de David Attenborough en Zoo Quest o el serial de ciencia ficción The Quatermass Experiment de Nigel Kneale fueron otros de los grandes hitos televisivos británicos de aquella década. Todos ellos fruto del trabajo de los bien pagados profesionales de la BBC.

La Televisión Act de 1954 estableció las bases para la aparición de la televisión comercial. Ese mismo año aparece ITV (Independent Televisión), el tercer canal británico y el primero de este estado en ser de carácter comercial. El 22 de septiembre de 1955 fue el primer día que ITV pudo emitir durante toda una jornada. Aquel día, Barbara Mandell, la primera presentadora de noticias de la televisión británica, apareció por primera vez en pantalla.

(mañana segunda y última entrega de Televisión Británica)

4 comentarios:

El Txarro de las Calaveras dijo...

después de mi experiencia británica, y de no ser muy fan de la tele, pues nuestra tv nacional es vergonzosa, he de decir que aunque por supuesto bbc, podría mejorar, y mucho, la fórmula de pago por un servicio, aunque sea público, para nada me parece descabellado.De hecho, es algo que no te para de sorprender que los anuncios en la bbc, pasan muuuy rápido. Comparándolo con la nacional claro está. Y pocas cadenas de tv han hecho las inversiones en documentales, expediciones etc, que ha hecho la cadena británica. Sólo les ganamos en la actualidad en una cosa: Al filo de lo imposible, las misiones recogidas en soporte visual del programa no tienen comparación con ninguna otra...

ekaitz dijo...

aupa hi! oye, no he leido tol texto, pero tengo un comentario que hacer sobre la tele britanica. Estoy viendo estos dias 'The Young Ones' (en deuvedés), una serie ketekagas. Os acordais? yo tenia un recuerdo muy nublado de la serie, y despues de volver a ver algunos capitulos, he decidido que deberia ser el camino a seguir: cutre, popular, absurdo, y que se rie de tol mundo mediante la autocritica. Recomendable.

lutxo dijo...

txarro, estoy de acuerdo en todo lo que dices. Pagar por mejorar un servicio público como la televisión no me parece descabellado, pero a ver quien es el guapo (político, en este caso) que se atreve a proponerlo. Aunque me adelanto un poco a la conclusión de este tema, mi opinión, como la tuya, es que la televisión británica es mejor que la española porque tiene más dinero, y eso repercute en mucha menos publicidad (mucha, mucha menos) y en programas tan interesantes como los documentales de los que hablas o series como las que habla Ekaitz (que al fin y al cabo es cultura). Claro que a parte del dinero también hace falta una tradición histórica de hacer las cosas bien y con gusto y en la tele del Estado Español... ejem.

ekaitz, me encanta que saques el tema de The Young Ones (los Gazteak de toda la vida) porque es a lo que vamos: hay series inglesas cojonudas. Escribí un artículo sobre esa serie en mi antiguo blog, por si te interesa está aquí:http://lutxo2073.blogspot.com/2005/08/no-future-freaks-are-coming.html
Aunque no descarto volver a hablar de ella.

Caballeros, muchas gracias por sus comentarios... Permanezcan en sintonía!!

lutxo dijo...

ekaitz, te vuelvo a poner la dirección porque no sé porqué la otra no ha salido entera...

http://lutxo2073.blogspot.com/search?q=gazteak