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martes, 24 de febrero de 2009

Nos comemos la noche por Napartheid

Este es un breve relato de una noche cualquiera, en un lugar a elegir por el lector y con músicas y compañías a decidir por el que la disfrute. En este caso, la famélica historia tiene a la Vieja Iruña como telón de fondo. Con su gente, sus contradicciones y sus encantos. Todo ello batido y demasiado resumido. Vamos, para no aburrir. Que cada uno eche imaginación y traslade (si quiere y le interesa) el relato a sus propias experiencias.

La historia de aquella noche comenzó como cualquiera de las muchas que había vivido antes. Afeitado a última hora, carrusel deportivo en la radio, despedida de mis padres con la típica frase de “hasta mañana”, y a la calle con la sudadera por el hombro, que comenzaba a hacer calor. Lo primero es lo primero. El piso de mi colega Ramón es centro de reunión. Allí, más que todo, es el speed lo que nos une. Para qué engañarnos. Conversación tonta. Monótona. Como despistando. Él quiere venderme la pelota y yo quiero pillarla y largarme de allí cuanto antes, que la noche de Iruña me espera. Y así es, disimulando, que hay otros dos conocidos viendo la tele con él, me da los cinco gramos de costumbre. Pago, me dice que es cojonudo, que viene de la Ribera, y, hala, a la calle.

Lo importante es quedar con la cuadrilla. Nabarreria es nuestra primera parada y fonda. Aquella plaza, tontamente conocida porque las guiris, pecho al aire, se lanzan en Sanfermines; es mucho más que esa postal comercial y asquerosamente idiota. Croquetas, patatas bravas, bocatas en el Mesón… y llega la hora del postre. Iñaki, Ander, Carlos, Leire, Maite, Rubén y Aitor son compañeros de fatiga. “¿Quién quiere una?” “Yo, yo, yo, y yo”. Siempre ha sido así. La primera es la mejor. Cola para el baño y todos tan contentos. Cubata va, cubata que viene y ya estamos entonados. La calle es ahora nuestra aliada, nos hace guiños, como llamándonos a que nos la comamos a bocados. Y así es. Como diría Sabina en su canción “parecemos la cuadrilla de la muerte”. Antes de entrar a la calle Jarauta, la primera en la frente. Los munipas están dando una buena mano de hostias a dos txabales que ponen carteles animando a la gente a que participe en las fiestas del barrio. Barcina las ha prohibido. Vamos, como siempre. El fascismo actúa de noche, de día y con premeditación y alevosía. Cuatro gritos de rabia, y a correr, que los Nacionales saltan enseguida y ya están en la plaza.

Bueno, nosotros a lo nuestro. Suena el punk, primeros compases. Piperrak, Tijuana In Blue y algo de La Polla. Primeros empujones. Primeras miradas. Parece que los tres skins de al lado no les sienta bien que nosotros peguemos más hostias bailando que ellos. No pasa nada, son colegas, de vista, pero conocidos. Hemos viajado juntos con Osasuna a muchos campos. Todo acaba con la cuadrilla y estos nuevos compañeros de noche apoyada en uno de los muchos rincones que la Vieja Iruña guarda para nosotros. Allí, nueva ‘rascada’. Ritual. Tarjeta, alguien que haga un turuto. Comentarios chorras. Y venga. De nuevo enchufados a la luna. Abandonamos estos bares y nos vamos a otros. ‘Caldera’ nos acoge. Aquí, más cerveza, algunos siguen con sus cubatas.

Claro que sí!!! Aitor y Rubén siempre visitan el Iris. Pues allí que vamos. Ahora el guitarreo pesado y contundente del heavy metal es el ingrediente perfecto para abstraerse un poco. Iñaki saca otra bolsa. MDMA. Chupetón. Subidón inmediato. Quien me iba a decir a mí que un melenudo moviendo la cabeza con Black Sabath y Helloween me iba a hacer gracia. Joder, ¿quién dijo que el alcohol y la anfetamina eran mala mezcla? Ya vale de heavy. Llega la hora del ska!!! Sí señor. Qué pocos bares quedan que nos pongan Two Tone!! Bueno Skalariak y los Discípulos de Otilia también valen, claro que sí. Aún recuerdo un concierto de los Skatalites… joder!!! Otro subidón!!!

Ya son las 5 de la mañana, vamos como motos y la política es ahora lo que mueve nuestras conversaciones. Ahora suenan los Koma y Barricada. Las viejas glorias nunca mueren. “Me han llamado, barrio conflictivo…”. Al Terminal. Berri Txarrak resuena en mi cabeza. Joder cómo atruenan. Ni que decir tiene que no vamos a arreglar el mundo hasta las orejas de speed y MDMA. Eso se hace al día siguiente, en la manifa que ha convocado la Gazte Asanblada para protestar porque han desalojado a la gente del gaztetxe. De eso va la charla. ¿Se puede mezclar compromiso activo y juerga? Yo creo que sí. Pero el debate sigue ahí.

Dos o tres bares más, un poco de Fermín Muguruza, de Marea y de Extremoduro. Los superventas siempre son los más coreados por el bar. Nos echan de los garitos. Queda poca bolsa. Un par de subnormales buscan jaleo a la entrada del Ertz, un bar que pone house. Que les den por el culo. A ellos y a los bares Bisbalianos en los que hay que hacer cola para entrar. Esta es la Iruña que quiere UPN. Preferimos terminar la noche tirados en unos jardines (hierbines en ‘navarro’). A quemar las últimas naves. Se va haciendo de día entre chistes, vaciladas y unas latas de cerveza compradas en un chino cercano. La birra ya me amarga la garganta. Los currelas de FCC nos invitan a largarnos de allí.

El piso de Maite es nuestro último refugio. La gente se va retirando. El sol molesta en nuestras retinas. Alguien coge un cartel y se lo pone en el cuello, estilo pañuelo palestino. “Cuánto daño han hecho los palestinos rosas de Berska hechos en China!”, reflexiona Iñaki. El sofá es nuestro amigo. La música de fondo, y el que pueda dormir, que duerma. El que no, ahí tiene la bolsa de farlopa pillada a última hora. Vamos cayendo. Otra noche más. Otra batalla más. Nos hemos comido la noche, pero la sensación es que todo sigue igual. Que la rutina comienza a agotar. Que las resacas, como cantaba uno que no quiero nombrar, me duran más tiempo. Que ya no hace tanta ilusión, pero uno sigue disfrutando igual. La noche es nuestra amiga.

jueves, 31 de julio de 2008

Las vacaciones de Brian














Brian the Brain es una creación del primer autor de cómics español del siglo XXII: el imprescindible Miguel Ángel Martín. Las aventuras de este infante supracerebral se publicaron hace años en los míticos y bonitos Brut Comix de La Cúpula. Hace unos tres años, la mentada editorial recopiló todo el material de Brian incluído en los Brut, más unas cuarenta páginas inéditas, en un único tomo titulado igual que su protagonista. Su lectura, para ustedes, gente insensata, es tan imprescindible como echar un pis todas las mañanas según se levantan de la cama. Luego me vendrán a decir qué les sugiere la palabra inquietante y si han encontrado una nueva frontera para su significado.

jueves, 8 de mayo de 2008

"Thet tried to make me go to rehab, but I said...

...Brown, Brown, Brown!"

Después de tres post dedicados tangencialmente a las sustancias dopantes, no puedo evitar comentar una noticia que leo en la edición de hoy de El País: "Brown impone mano dura contra el consumo de cannabis", firmado por el corresponsal del diario de PRISA en Londres, Walter Oppenheimer.

"El Gobierno británico dio ayer marcha atrás en su política de despenalización del cannabis y propondrá al Parlamento la reclasificación de esta droga, cuya peligrosidad fue rebajada hace dos años del nivel B al nivel C y que ahora volverá a la vieja categoría. El primer ministro, Gordon Brown, ha tomado esa decisión por motivos políticos y en contra del consejo emitido hace unos días por el Consejo Asesor sobre el Mal Uso de Drogas. (...)

Para ellos (los expertos), su peligrosidad (del cannabis) sigue siendo comparable a la que tienen los tranquilizantes, algunos analgésicos, el gamma-hidroxibutirato (GHB, conocido como éxtasis líquido) y la ketamina. Cuando entre en vigor la marcha atrás, el cannabis estará equiparado a las anfetaminas, el metilfenidato (Ritalin) y la folcodina. (...)

La ministra del Interior, Jacqui Smith, justificó la medida por el incremento del consumo de un cannabis de cultivo casero llamado skunk, una sustancia que es tres veces más fuerte que el cannabis tradicional. Según Smith, el skunk supone ahora el 80% del cannabis incautado por la policía. Una cifra que hace cinco años sólo suponía el 15%. "Tenemos razones muy claras para actuar en lugar de poner en peligro la salud de nuestros jóvenes", dijo la ministra de Interior en la Cámara de los Comunes. (...)

Los asesores del Gobierno opinan que el skunk no es ahora más fuerte que en el pasado, y que el supuesto vínculo del consumo de cannabis y las enfermedades psicóticas es "probable pero débil". Además, aseguran que juega un papel "modesto" en el desarrollo de esas enfermedades en el conjunto de la población.

La despenalización del consumo de cannabis fue impulsada hace tres años por la propia policía, harta de perder el tiempo con fumadores de porros cuando tiene asuntos más urgentes que afrontar. La marcha atrás tiene sobre todo un trasfondo político: la obsesión de Gordon Brown por conseguir el apoyo de los influyentes tabloides, la prensa populista y chovinista, que apoyaban a Tony Blair pero no a él. Nada más ser nombrado primer ministro, Brown anunció una revisión de las dos leyes de Blair más criticadas por este tipo de prensa: la liberalización de los horarios de los pubs y la despenalización del cannabis. La primera fue descartada, quizás para no convertir al Reino Unido en el hazmerreír de Europa. Ahora se encamina a modificar la segunda.

El portavoz de Interior de los liberales-demócratas pidió ayer irónicamente al Gobierno que desmantele el organismo asesor sobre drogas y lo sustituya con un consejo asesor 'formado por los directores de los periódicos'".


Hay demasiadas cosas que querría comentar sobre esta noticia. Como el batacazo electoral que los laborista sufrieron en las recentísimas elecciones municipales (en las que acabaron pocentualmente por detrás de los Liberal Demócratas), la histórica derrota del alcalde de Londres Ken Livingstone (Ken 'the red') en favor de un impresentable tory ex miliciano de la prensa amarilla, la violencia salvaje en los innumerables guetos de la capital británica, la falta de carisma político de Gordon Brown (un primer ministro accidental, que no se atrevió a convocar elecciones generales aún cuando las encuestas le situaban como vencedor), el poder de la denostable prensa amarilla británica (The Sun, Daily Mail...), el uso propagandístico que se hace de las políticas prohibicionistas que se aplican sólo a cierto tipo de sustancias, el grave problema congénito que el Reino Unido arrastra con otras sustancias históricamente legales como el alcohol...

Me limitaré a matizar que la mayoría de informaciones publicadas sobre el cannabis (y no la que he citado al principio del post, precisamente) son siempre imprecisas, propagandísticas y llenas de sensacionalismos. Se especula sobre potencia, pero jamás se habla, por ejemplo, de la sustancia activa del cannabis, el THC, que todavía no ha matado a nadie en milenios y que no produce dependencia física (a diferencia del alcohol, una sustancia que causa millones de peleas ridícula, cientos de muertes en las carreteras todos los fines de semana y cuyo sindrome de abstinencia, el delirium tremens, es generalmente mortal de necesidad para el que lo padece).

En lo relacionado con la variedad skunk, supongo que la cantidad de THC (o el porcentaje de la sustancia activa por gramo de marihuana) podrá ser mayor en ciertas plantaciones de interior, por utilizar ciertos tipos de sistemas de riego, abonos químicos, genética de las semillas, etc. Sin embargo, es imposible generalizar este extremo, y creo que algún lector-jardinero-psicoactivo podrá confirmar esto. Pensar, de todas formas, que reclasificando la sustancia se evitará cualquiera de los males que aquello podría acarrear supone una muestra de ignorancia enciclopédica sobre la toxicidad, efectos subjetivos, hábitos y modos de consumo de los porros. Compararlos (a los porros de toda la vida) con anfetaminas y barbitúricos, es directamente un delirio. El que provoque trastornos mentales es otro extremo que jamás se ha llegado a probar por ningún estudio serio relacionado con la materia.

El fabuloso diario británico The Guardian publica hoy la noticia de que los propios científicos, expertos en drogas, que trabajan para el gobierno han advertido a la ministra de interior Jacqui Smith, que la reclasificación de la sustancia no cambiará los hábitos de los consumidores de cannabis, pero sí provocará que muchos de ellos inauguren su registro criminal. Los que sean detenidos en posesión de esta sustancia podrían enfrentarse a una sentencia de cinco años de cárcel. Para terminar les dejo con la tira de hoy del fantástico dibujante del Guardian, mr. Steve Bell, alusiva al tema de marras. La retratada, evidentemente, es la ministra y Brown, por lo visto, la sustancia nociva (o nocilla).

Según urbandicitionary.com, un dog end es la parte final del cigarrillo, la que no se fuma o la que no fuman los que se compran tabaco; pero sí los vagabundos de Nottingham, porque según este diccionario sólo compran papel que rellenan con las colillas que encuentran por el camino, como ya lo hacía el bueno de Carpanta.

lunes, 5 de mayo de 2008

Las cenizas del verano del 68

"Era el verano de 1968. En lugar de bermudas, pantalones vaqueros; los pelos al cepillo se habían convertido en cabelleras; Perry Como y Dean Martin eran venerables reliquias desbancadas por los Rolling Stones, Hendrix y Joplin; los jóvenes iban al festival pop de Monterrey en lugar del estadio de los Giants; y la policía había decretado toque de queda en las calles de Berkeley. El 'American Way of Life' estaba en entre dicho y los ruidosos acontecimientos de la convención demócrata de Chicago tenían en vilo al país. Bob Dylan cantaba: 'Algo está pasando y usted no sabe qué es, ¿verdad que no Mr. Jones?'

Entre 1958 y 1968 habían pasado muchas cosas: en 1960 los estudiantes negros de Greensboro, Carolina del Norte, ocuparon las aulas para protestas contra la segregación; siguieron manifestaciones en otros lugares del Sur, y los estudiantes blancos de izquierdas organizaron el movimiento SDS, Students for a Democratic Society. La SDS, a partir de 1962 y con la declaración de Port Hurn tomó el relevo de la New Left, aglutinando a su alrededor un conjunto cada vez mayor de grupos radicales tan distintos entre sí que sólo se parecían en su rechazo del ‘American Way of Life’.

En 1963 son expulsados de Harvard los profesores Timothy Leary y Richard Alpert por realizar experiencias con LSD, alucinógeno contenido en un cactus de Méjico, donde los indios lo usan desde tiempo inmemorial: comienza el movimiento psicodélico, elemento decisivo en la formación de la contracultura. Es el año del asesinato de Kennedy, primera gran fisura en la fachada norteamericana ante la opinión mundial. El informe Warren no hace sino reforzar las sospechas de que algún grupo de extrema derecha está detrás del crimen; sospechas fuera de los Estados Unidos claro está, porque allí, los medios de comunicación se ocuparon de enseñar la lección a la ‘mayoría silenciosa’.


En 1964 hay el primer enfrentamiento grave en la universidad: en Berkeley estalla una revuelta para conseguir libertad de expresión para debatir cuestiones políticas en la universidad; es el Free Speech Movement que encabeza Mario Savio: paralizan la universidad y obtienen sus demandas. En 1965 asesinan al dirigente radical negro Malcolm X, estalla la rebelión de los negros en el barrio Watts de Los Angeles, se producen marchas de protesta en el Sur (Selma y Montgomery), y sobre Washington D.C., los Estados Unidos invaden la República Dominicana y bombardean sistemáticamente Vietnam del Norte.

En 1967 el movimiento hippy aflora en todo su esplendor multiforme: primer be-in o festival en el parque Golden Gate de San Francisco con asistencia de George Harrison, Leary, Ginsberg y Kerouac. Comienza la resistencia contra el reclutamiento militar y se celebra la marcha contra el Pentágono, descrita por Norman Mailer en Los ejércitos de la noche. En 1968 se multiplican los incidentes: Martin Luther King cae asesinado, la policía de Chicago apalea a los hippies que organizaban una convención bufa para designar como candidato a la presidencia a un cerdo que, por cierto, acabó en la cárcel con los demás; en el desmadre policial que se desencadena son agredidos periodistas, reporteros de TV, los clientes del hotel donde estaban las oficinas del candidato Mac Carthy, y hasta el inefable Hugh Heffner, director de Play Boy, que pasaba por allí. Disturbios en las universidades de Columbia, Stanford, Berkeley, Orangeburg y San Francisco State.

(...)


El sistema, conciente del peligro potencial que entraña el underground desplegó, a partir del advenimiento de Nixon, una eficacísima campaña de represión, atacando a cada oponente con una estrategia distinta. A los activistas más politizados como Weatherman, Black Panthers y Simbiotic Liberation, los eliminó por la fuerza de las armas; a los hippies más inofensivos los ha destruido con la diseminación de drogas adictivas (heroína y speed), los ha marginado en comunas rurales inocuas, o los ha asimilado en movimientos capciosos como el gurú Maha-ri-ji o los ‘Jesus Freaks’. En este ‘sálvese quien pueda’ general, algunos han tenido la habilidad y el cinismo de comercializar el movimiento de engendros banalizadores como Hair y Jesus Christ Superstar.

(...)

¿Pero es que no queda nada de todo aquello? ¿Adónde han ido todas las flores? ¿A soldados y ejecutivos como en la canción de Peter Seeger? En el nivel de cambio social no ha quedado nada; en el nivel de cambio personal han quedado algunas vidas cambiadas. Sólo el nivel ideológico la contracultura ha legado un testamento utilizable. Los ideales de renuncia a la sociedad de consumo, de protesta contra el autoritarismo y la burocratización, de la vida comunitaria descentralizada y corporativa, de liberación erótica, de economía igualitaria, siguen vigentes, necesarios e irrenunciables, esperando nuevas condiciones objetivas favorables para realizarse.

La filosofía oriental continúa siendo imprescindible para compensar los callejones sin salida del pensamiento europeo: los dualismos, el exacerbado individualismo, el activismo desmedido, el monopolio del racionalismo. Las drogas psicodélicas continúan siendo imprescindibles para refutar el dogma de la inmaculada percepción de los científicos positivistas y abrir las puertas de la percepción. La filosofía hermética occidental continúa siendo, como en la Edad Media, el manantial de posibles renacimientos surgidos de una confianza renovada en la dignidad del hombre y en su capacidad para moldearse a sí mismo, como en la transmutación mental del místico y el alquimista. La música rock continúa siendo, en potencia, un poderoso desinhibidor de energías eróticas. Incluso las comunas quedan ahí como fósiles vetustos y aislados, modelos disecados de un tipo de organización económica alternativa".

Introducción de Filosofías del underground, Luis Racionero, 1977
Viñetas fusiladas de Conoce a tu enemigo, Rober Crumb, Ed. La Cúpula

domingo, 4 de mayo de 2008

Dietilamina de Ácido Lisérgico, LSD 25

En el post que anteayer le dedicábamos a Doctor Albert Hoffman, progenitor del ácido lisérgico recientemente fallecido, citábamos una y otra vez al escritor español Antonio Escohotado. Si cualquiera de ustedes ha estado, alguna vez, interesado en las sustancias dopantes se habrá topado a la fuerza con alguno de sus muchos textos. De hecho, no sorprenderá a nadie si digo que, con total seguridad, Escohotado es la persona con mayor bibliografía sobre drogas en lengua española. Su extensa obra quedó recopilada en el magnánimo e imprescindible Historia General de las Drogas (Espasa, 1998). Reconociendo todas las deudas de el último post a este atlas químico y a la figura de su escritor, tomamos prestadas, hoy también, las palabras de Escohotado para diseccionar el LSD, la sustancia guasíbilis del mes de mayo.

Uno de los mejores regalos que un hombre (vicioso) puede recibir.

¿Qué es?

"El LSD es un compuesto semisintético, extraído de un parásito de los cereales cultivados en general, aunque también presentes en pasto silvestre, muy abundante en Europa y, sobre todo, en la cuenca mediterránea. Su base –el llamado cornezuelo- era un hongo casi ubicuo".
¿Cuál es su toxicidad?

"Ninguna otra sustancia, natural o sintética, operaba a esa escaña sobre el sistema nervioso central. (...) Ningún psicofármaco era tan remotamente poco tóxico como la dietilamina de ácido lisérgico. Entendiendo por toxicidad específica la proporción entre dosis activa y dosis de envenenamiento (el llamado "margen terapéutico"), (...) en los licores podían ser de uno a ocho, en la heroína de uno a cinco, en el barbitúrico de uno a cuatro, mientras que en la dietilamina de ácido lisérgico superaba con certeza la proporción de uno a seiscientos y bien podía seguir mucho más allá, pues no se conoce un caso de sobredosis letal para humanos". Además, "se trataba de un fármaco desprovisto de tolerancia, que al usarse con asiduidad diaria dejaba simplemente de hacer efecto, fuesen cuales fuesen las dosis administradas. No presentaba la mínima capacidad adictiva."

Experiencias subjetivas:

"El pensamiento y los sentidos se potencian hasta lo inimaginable, pero no hay cosa semejante a picores, sequedad de boca, dificultades para coordinar movimientos, rigidez muscular, lasitud física, excitación, somnolencia, etc. Fronteras entre lo material y lo mental, el salto cuántico en cantidades activas representado por la LSD implica que comienza y termina con el espíritu; como surgió el poeta H. Michaux, el riesgo es desperdiciar el alma, y la esperanza ensanchar sus confines".

"Balsámica o inquietante, la luz está ahí para quedarse, iluminando lo que siempre quisimos ver –sin conseguirlo del todo- y también lo que siempre quisimos no ver, lo pasado por alto".

"A mi juicio, las experiencias más fructíferas son aquellas donde se recorre la secuencia extática entera, tal como aparece en descripciones antiguas y modernas. Por este trance entiendo una primera fase de 'vuelo' (subida es el término secularizado), que recorre paisajes asombrosos sin parar largamente en ninguno –viéndose el sujeto desde fuera y desde dentro a la vez-, seguida de una segunda fase que es en esencia lo descrito como pequeña muerte, donde el sujeto empieza temiendo volverse loco para acabar reconociendo después el temor a la propia finitud, que una vez asumido se convierte en sentimiento de profunda liberación. Es algo parecido a cambiar la piel entera, que algunos llaman hoy acceso a esferas transpersonales del ánimo".

"Si tuviera que matizar la diferencia entre LSD y otros visionarios de gran potencia, diría que ninguno es más radiante, más nítido y directo en el acceso a profundidades del sentido. Eso mismo le presta una cualidad implacable o despiadada, que no se aviene al fraude y ni tan siquiera a formas suaves de hipocresía, apto tan sólo para quienes buscan lo verdadero a cualquier precio. Y diría también que para ellos guarda satisfacciones inefables. La amistad, el amor carnal, la reflexión, el contacto con la naturaleza, la creatividad del espíritu, pueden abrirse en universos apenas presentidos, infinitos por sí mismos. Como dijo Plutarco, tras iniciarse en los Misterios de Eleusis: 'Uno es recibido en regiones y praderas puras, con las voces, las danzas, la majestad de las formas y los sonidos sagrados'".

Escohotado, derecha, pone la mano en el hombro del maestro Hoffman.
Los otros dos no sabemos quiénes son ni por qué se ríen.

viernes, 2 de mayo de 2008

El hombre que sabía demasiado

Albert Hoffman (1906 - 2008)

“El viernes pasado, 16 de abril de 1943, me vi obligado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a mitad de la tarde. Tuve que volver a casa agobiado por una extraña inquietud y un persistente mareo. Me acosté con la sensación nada desagradable de estar intoxicado y con la imaginación extremadamente estimulada. Con los ojos cerrados (ya que la luz del día me parecía demasiado brillante), y en un estado de ensoñación, pude observar un torrente de figuras calidoscópicas de todos los colores tomando formas fantásticas. Después de dos horas, ese estado se desvaneció”.

El eminentísimo químico suizo Albert Hoffman trabajaba en aquella primavera de 1943 en la posible utilidad de los alcaloides del cornezuelo para el tratamiento de la cefalea y la hemorragia post parto. Doctorado en la universidad de Hochschule en Zurich, con una tesis bajo el brazo que describía por primera vez la estructura química de la quitina, Hoffman fue enviado al laboratorio central de la compañía farmacéutica suiza Sandoz en Basilea, en la división de drogas naturales. Aquella tarde de viernes de 1943, en ese mismo laboratorio, Hoffman accidentalmente inhaló vapores o absorbió por vía cutánea lo que resultó ser dietilamina de ácido lisérgico o LSD 25.

El químico, asombrado por la alteración de su estado de ánimo, decidió sabiamente dar un paso adelante y realizar un nuevo experimento con la sustancia, con el fin de “evaluar en profundidad sus posibles efectos y aplicaciones”. Con varios compañeros de investigaciones de testigos, Hoffman ingirió 250 mcg de tarato de dietilamina de ácido lisérgico, lo que ingenuamente pensaba que resultaría una dosis diminuta. Hoffman estableció la dosis pensando en cantidades relativas a otros alcaloides similares. Sin embargo, como apunta el imprescindible escritor y drogólogo Antonio Escohotado en su imprescindible Historia General de las Drogas, el LSD “era el más potente psicofármaco descubierto con gran diferencia, cuya dosis debía morirse en millonésimas de gramo o gammas; una mota prácticamente invisible producía lo que el psiquiatra W. A. Stroll llamó ‘una experiencia de inimaginable intensidad”..

Después de administrarse semejante dosis, Hoffman se vio severamente impedido para hablar y comportarse con naturalidad. El mundo a su alrededor tomó una apariencia extraña, inquietante, diferente, bonita, colorida, brillante, divertida. Desde luego, el eminentísimo doctor no tenía ni puta idea del descollante viaje de ácido lisérgico que se acababa de meter pal cuerpo. Asustado por la experiencia, Hoffman pidió a su ayudante de laboratorio que le acompañara a casa. En el camino de vuelta casa, y subido en su bicicleta (el medio de transporte más utilizado en la época, no olvidemos que estamos en plena Segunda Guerra Mundial), el LSD empezó a mostrarse en toda su intensidad. Mientras Hoffman pedaleaba frenético, sentía que la bici había perdido la movilidad o, simplemente, que el mundo se había detenido. Como si The Piper at the gates of dawn sonara en la mítica escena bicivoladora de ET, Hoffman mitificó para siempre la bicicleta como vehículo lisérgico por excelencia y vivió en sus propias carnes el primer videoclip psicodélico de la historia.

Ya en su hogar, y aparentemente sólo, Hoffman llegó a temer por su salud mental. La cantidad de ácido que corría por las venas del bendito químico era suficiente como para volver locos a todos los caballos del derby de Kentucky, así que presumiremos que como experiencia piloto, el pelotazo resultó descomunal. Así que después de pensar, según Wikipedia, “que un demonio había invadido su cuerpo, que su vecina era una bruja y que sus muebles le estaban amenazando”, llamó a un médico, que al no saber qué podía estar sufriendo le recomendó acostarse. Tumbado en la cama, el señor Hoffman fue incapaz de dormir durante horas. Pero el temor a la locura se disipó y, en sus propias palabras, “imágenes fantásticas” empezaron a aparecer frente a sus ojos. Después de una maravillosa experiencia extrasensorial, Hoffman consiguió finalmente dormir y despertó, a la mañana siguiente, con una agradable sensación física y psíquica. Aunque se encontraba un poco cansado, el doctor no sintió los desagradables efectos secundarios propios de otro tipo de intoxicaciones (la etílica sin ir más lejos). El eminentísimo doctor salió al jardín de su casa y disfrutó del esplendor de la primavera, el dulce aroma de las flores y de los cegadores rayos de sol. Más tarde, su desayuno le supo “inusualmente delicioso”. Seguramente con restos de LSD todavía en el cuerpo, Hoffman volvió al trabajo con la sonrisa del gato de Alicia en el País de las Maravillas.

Oteando las "irremontables distancias..."

Todo esto ocurría en la Suiza neutral de la Segunda Guerra Mundial, que vivía restricciones propias del conflicto (como la de vehículos de gasolina, favoreciendo el uso de la bicicleta), pero ajena, en cierta medida, a la suerte sangrienta que habitaba el resto del continente. Hoffman continuó sus experimentos en un puesto fronterizo de alta montaña. Vistos los efectos que la sustancia provocaba en la mente, el químico pronto pensó en la posible aplicación del medicamento a fines psiquiátricos. Por lo visto, la psiquiatría volvía a tomar reputación en Suiza después del descrédito que le acarreó el auge del psicoanálisis. Con la ayuda de Sandoz, la sustancia pasó a ser bien conocida por el gremio de psiquiatras suizos, pasando a comercializarse, más tarde, como “remedio contra todo tipo de problemas mentales”. De hecho, muchos psiquiatras, como el doctor Humpfrey Osmond, investigaron la posible aplicación de la sustancia a la rehabilitación de alcohólicos con un éxito nunca igualado hasta la fecha: “después de un año, la mitad de los pacientes no habían vuelto a probar un trago”.

Los sesenta cambiarían para siempre la percepción social y política de la sustancia descubierta por Hoffman. Los movimientos juveniles de los años 60 popularizaron el consumo de la sustancia. Los gobiernos occidentales la prohibieron y demonizaron. Hoffman, que había definido esta droga como “medicina para el alma”, sintió amargamente las medidas políticas que se tomaron en contra del LSD, amén del descrédito mediático, impulsado igualmente por los políticos. Aunque admitió que podría ser peligroso en según qué manos. De nuevo Escohotado apunta que la CIA propuso a Hoffman realizar experimentos con la población de países enemigos, líderes como Fidel Castro incluidos. Y supongo que a eso es lo que se refería el bueno de Albert cuando hablaba de “malas manos”.

El humanista (y no estamos hablando de sectas)

El mismo Escohotado siempre ha considerado a Hoffman como un “humanista, además de químico”. Hoffman sentenció que “en la historia de la humanidad nunca ha sido tan necesaria una sustancia como el LSD. Simplemente se trata de una herramienta para transformarnos en lo que supuestamente debiéramos ser”. En 1977, diez años después del verano del amor, Hoffman, que ya contaba con 71 años, compadeció ante una multitud en el aula magna de la Universidad de California en Santa Cruz. Vestía traje gris y corbata. Después de una clamorosa ovación, Hoffman tomó la palabra y sentenció “temo decepcionarles. Quizá esperaban un gurú. En vez de ése se les presenta un químico”. Efectivamente, Hoffman explicó en clave química su trabajo con el LSD y la mente humana. Pero el transfondo de su exposición iba más allá de los límites de la química.

Varios años después, de nuevo en California, Hoffman inauguraba la fundación de libros relacionados con “estados de conciencia alterada” bautizada con su nombre. Con estas palabras comenzaba su speech: “Se preguntarán cómo un químico puede atreverse a tocar el problema filosófico fundamental de la realidad. (...) Pero la realidad se vincula en el habla al mundo material externo, al mundo de la materia, y la ciencia de la materia es la química. A nivel personal, añado que hace precisamente cincuenta años sinteticé una substancia que influye profundamente sobre la experiencia de la realidad”. Efectivamente, debajo de su piel de químico había un convencido humanista. Alguien que iba a promocionar la sustancia que había descubierto por las bondades de su química, no por mera propaganda contracultural.

"¡Mira lo que tengo!"

“Lo necesario es que cada cual busque dentro de sí una experiencia propiamente mística, la experiencia de la vida en su unidad. (...) Llamo místico al maravillarse, a la plenitud de sentido que nos embarga porque sí, quizá ante algo insignificante, a veces, hasta el punto de hacernos llorar de alegría. Mi primer recuerdo de una emoción así viene del final de la infancia, mientras cruzaba el bosque por un camino ya recorrido muchas veces. La percepción rutinaria cedió a una unidad donde la luz, los aromas, los ruidos y las cosas brillaban armoniosamente. Experiencia mística es sinónimo de belleza”.

Con estas palabras se expresaba Hoffman en la genial entrevista que concedió a Escohotado y que fue originalmente publicada en el número 13 de la revista El Paseante y rescatada, varios años más tarde, para el especial de 2002 “Psiconautas ilustres”, de la revista Cañamo. Estas visiones extáticas que Hoffman había experimentado de joven seguramente le determinaron para que aquel 19 de abril protagonizara el primer viaje de LSD oficial de la época moderna. Según él mismo comentó a Escohotado: “hace falta tiempo para prepararse adecuadamente, y más tiempo aún para asimilar la experiencia (de LSD, claro). Habré hecho unos treinta ensayos”. El suizo siempre creyó que la sabia utilización de las drogas que arrojaran “estados alterados de consciencia” podría ayudar a conocer mejor los entresijos de la indescifrable mente humana.

El pasado martes 29 de abril, Hoffman murió de un ataque al corazón a los 102 años. Guasíbilis le dedica cada uno de los post lisérgicos que se publicarán estos días y le desea, como no, un viaje feliz, ahora que para siempre podrá vivir en sus bien conocidas doce dimensiones perceptuales.

Homenaje de un tal Chamberlain.