
"En numerosas ocasiones creo estar en la piel del personaje de
Bill Murray en la superior
'Atrapado en el Tiempo'. La rutina diaria televisiva no distingue entre los meses y los años. Un martes,
Steve Urkel es pequeño y al día siguiente (¿o fue el año anterior?) ha crecido y oposita a la universidad. Una y otra vez llega
Will Smith al domicilio de sus tíos en
Bel - Air. No existe el final: las televisiones han descubierto la cinta sin fin, el eterno retorno... Que estas repeticiones (no sólo circunscritas a las telecomedias norteamericanas de sobremesa), lejos de hacer estallar en protesta a los espectadores, escalen posiciones en los ránkings de audiencia, tiene un sentido espiritual, un significado psiquiátrico: los hábitos rutinarios son una cura contra el miedo a lo desconocido, son la seguridad de lo ya visto y la comodidad sin complicaciones del mono encerrado en una jaula, habituados a cuatro puntos referenciales repetitivos. Es también la máquina del tiempo.
Kevin Costner decía en
'Un Mundo Perfecto' que el coche respondía a esta ilusión de viaje temporal. La TV -parece que como la política- no conoce de pasado o futuro. Los últimos cinco años (hasta seis si me apuran) han elevado a límites indescriptibles la idea de
multidifusión patentada por Canal +. El cine emitido no se ha librado de estos usos: por los canales españoles (excepto, obviamente, el de pago) circula un lote limitado de unas 150 películas, las cuales van apareciendo tozuda y cíclicamente. (...)
Incluso puede que, con el siglo XXI, los conceptos de público y privado desaparezcan; todo ser TV a la carta, un INTERNET (sic.) inmenso en el que los fanáticos de las manifestaciones populistas-autistas irán sobre seguro, sin que les miren mal familias y comentaristas televisivos de la prensa escrita.
En la frontera del carismático 2000, la
Mongovisión deberá emplear a fondo el reciclaje. El patrimonio de su (corta) historia de afrentas reivindicables tendrá que reconsiderarse sin vergüenzas, aprovechado a tope. Hoy es un pasatiempo, una dependencia nostálgico-depresiva de cuatro (más, más...) locos. El próximo siglo, la supervivencia de la humanidad dependerá de saber reciclar bien lo único que se salvará del holocausto:
la Basura."
Más populares que Cristo.
Hace ya una década de la publicación de este libro, dentro de la indispensable "
biblioteca del Dr. Vértigo" de
Ediciones Glénat. Sin embargo, estos párrafos finales tienen una vigencia sorprendente en el panorama televisivo actual, por no hablar del tino del autor en alguno de sus vaticinios. La semana pasada, sin llegar más lejos,
Antena 3 dio, una vez más, la vuelta a la cinta con el repertorio de
Los Simpsons, cuya primer temporada ha sido emitida, con ésta,
12 veces por la emisora privada. Sin embargo, las cifras de audiencia siempre están del lado de la familia Simpson, especialmente en época de vacaciones escolares y fines de semana. Uno de los dos capítulos emitidos en la sobremesa del pasado sábado es el
36º espacio más visto de la televisión española en el mes de abril (según
Formulatv.com), con más de dos millones y medio de espectadores, y una cuota de pantalla del 25%.
Antes de que
Médico de Familia llenara las series españolas de inaguantables mocosos y ancianos plastas, Los Simpsons ya habían inventado el
multitarget, que es algo así como hacer un programa de televisión para todas las edades, como los libros de
Tintin: desde los 7 hasta los 77 años. Todavía recuerdo (casi entre lágrimas) el primer capítulo de los Simpsons, "
La Babysitter ladrona", que emitió
La 2, un domingo de otoño de principios de los 90 a las nueve y media de la noche. Entendidos entonces como "dibujos animados para adultos", los programadores de La 2 trasladaron las aventuras de la familia amarilla a partir del segundo capítulo, a las once de la noche de los miércoles. La falta de sentido común de los programadores del segundo canal del ente público (factor que, casi dos décadas después, no ha cambiado demasiado, tengan
Lost como ejemplo) llevó a la familia amarilla por todas las franjas horarias imaginables hasta que Antena 3 se hizo en exclusiva con todo el menú Simpson.
A finales del siglo XX, cuando
El Principe de Bel-Air y
Cosas de Casa atufaban la sobremesa de Antena 3 con un denso olor a naftalina, algún programador listillo colocó las aventuras de la familia Simpson detrás de las de
Sabrina, la bruja adolescente, a las dos y media de la tarde. Los fantásticos resultados cosechados por la multidifusión simpson motivaron que la serie de
Matt Groening acabara acaparando, con dos capítulos, la hora previa a los informativos de las tres de la tarde. Y, desde 2000 (si no me falla la memoria), poco ha cambiado en Antena 3 durante esa franja horaria.
Durante muchos años pensé (ingenuo de mí) que tenía sentido repetir ochenta veces el mismo capítulo de Los Simpsons. Al fin y al cabo, estamos hablando de una serie especial. Desde los nueve años en los que vi mi primer capítulo hasta mi "madurez", he podido degustar muchos episodios hasta diez veces. Y cada visionado ha aportado algo nuevo, otro punto de vista que siempre se me había escapado (por no hablar de las risas garantizadas...). Cuando era un niño me fijaba en Bart en vez de en Homer, y había visto muchas menos películas y escuchado muchos menos discos y visto mucha menos televisión. Y Los Simpsons es una serie tan profunda como el Océano Atlántica, tan densa en referencias e ideas que muchos capítulos necesitan de varios visionados para cazar todos los gags ocultos. Antes, en cada visionado podía extirpar una nueva capa y profundizar más en la mitología de una de las mejores sitcoms de todos los tiempos.
Sin embargo, nada tiene que ver la calidad del producto con su repetición. La cinta de los Simpsons da la vuelta, pero cada vez tarda más en darla, y al televidente medio le importa una mierda que el capítulo emitido sea de la tercera temporada o de la decimocuarta. Y yo, que pensaba en el público de Los Simpsons como el más inteligente de la televisión. Los capítulos de las
últimas siete u ocho temporadas son tan planos, tan decepcionantes, tan caricaturas de lo que Los Simpsons solían ser, que me han demostrado que la televisión diseñada por programadores difícilmente conseguirá ser, alguna vez, de calidad. Como cuenta Fausto Fernández: "los hábitos rutinarios son una cura contra el miedo a lo desconocido". Y la gente ve los Simpsons por rutina; no porque
hoy hayan visto por milésima vez el capítulo que Homer fracasa como mascota del equipo de baseball de ciudad capital y se hayan reído como con la primera vez. No porque piensen que hubo un momento en que Los Simpson eran algo tan fresco, tan novedoso y espontáneo que hablaban de la realidad mejor que cualquier otra serie, comedia o drama, con personajes de carne y hueso, y que precisamente por eso algunos capítulos merezcan un millón de visionados; sino por rutina.
Y Antena 3 emite esta serie de dibujos animados sin parar porque los resultados refrendan, siempre, su apuesta. La falta de programación infantil, el factor multitarget y la sabia elección de emitir los capítulos a las dos de la tarde (hora en que muchas familias españolas terminan de comer o lo empiezan a hacer mirando a la tele) aseguran un buen cacho de audiencia, y que Los Simpsons, en fin, se perpetúen para siempre como opción antenatresina previa al telediario. Y, de paso, que ejerzan como buque insignia del canal y atraigan a su audiencia a la franja de tarde. Seguro que se han dado cuenta que entre el final del segundo capítulo de la serie y los informativos apenas hay un anuncio.
La pregunta es: ¿seguirá repitiendo Antena 3 esta serie hasta que el público prefiera
vomitar sangre antes que ver otra broma de Homer? Seguramente sí. ¿Y yo seguiré viendo los Simpson, siempre que tenga la oportunidad y los capítulos repetidos sean de las
primeras ocho o nueve temporadas? Pues, seguramente también. Por lo tanto, ¿somos los espectadores
gilipollas? En un 99% de las ocasiones diría que sí. Esta noche, por cierto, a las diez de la noche podrán ver por la primera
Pretty Woman. Sí, otra vez; pero ya han oído los anuncios de TVE, "nunca te cansas de verla". Y si ese plan no les apetece, recuerden que los
muchachos nuis comienzan su segunda temporada en la dos a las 23:25. Algo fresco, nuevo, un territorio prácticamente virgen. ¿Se atreven?
¡Nuííí!